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Gustavo Tovar

La Venezuela crucificada y su resurrección

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Viernes nada santo

Las estrepitosas -por represivas y salvajes- imágenes del vía crucis que vivió nuestra juventud el día de ayer mostraron cuan desbaratada está nuestra sociedad.

El chavismo ni siquiera respeta los ritos más sagrados de nuestra cultura. Todo lo pisotea, todo lo demuele. Están empeñados en que no quede piedra sobre piedra, están empeñados en flagelar nuestra dignidad.

Siguiendo el despiadado mandato de los Castro desean desolarnos, para sus fines de control y subsistencia tienen que arrasarnos, tienen que hacernos sus mendigos. No hay clemencia. Nos escupen, nos insultan, nos clavan un puñal en las costillas, añoran nuestro desangre.

En manos del fariseísmo chavista y de los cubanos, Venezuela es una nación crucificada.

¿Resucitará?

 

La insoportable levedad de ser MUDo

Henrique Capriles, el otro, el desconocido, el inverosímil “twitternator”, en días recientes recordó su victoria electoral del pasado abril, acusando, otra vez, a la oposición de no desear el cambio, señalándola con arrogancia por su derrota. Para sorpresa de propios y extraños señala: “Nunca estuvieron conmigo”.

¿De qué habla? La causa no es él, nadie quiere un titán, sólo Luis Vicente León y sus sospechosos deleites y asesorías; la causa es Venezuela. ¿Es tan difícil comprenderlo?

Henrique fue el depositario de una gran esperanza que sin ninguna duda se ganó de forma admirable con muchísimo sacrificio y entrega, a pulso. No se entiende qué le pasó, qué le está pasando. Probablemente las continuas conversaciones que está teniendo con los criminales del régimen (según sus propias palabras) lo están ofuscando. Está extraviado, ahora hasta su injustamente despreciado Henry Ramos Allup es su mejor referencia. Fin de mundo.

Ya el fraude ni se menciona, no existió. Ni una sola arremetida contra el régimen ilegítimo y corrupto. Nada.

Con soberbia Capriles señala que el mayor afectado del fraude electoral fue él y se equivoca, no fue él, fue el pueblo, fue Venezuela; su flaqueza facilitó la crucifixión. Ni siquiera una disculpa hacia el venezolano que creyó -con furor- en su liderazgo, ni siquiera una vergüenza por haber rendido la voluntad soberana del pueblo, ni siquiera un arrepentimiento por haber hecho claudicar la esperanza nacional.

Curiosamente, sospechosamente, inexplicablemente, ¿pactadamente?, ni él ni la facción MUDa de la oposición hablaron del fraude, no recordaron ni siquiera a los mártires venezolanos que ofrecieron su vida para reivindicar la victoria democrática, ni enfilaron contra las meretrices del CNE ni contra la pocilga del TSJ, nada, arremetieron eso sí, otra vez, contra aquellos “radicales” que desean desde lo más hondo de su ser salir de esta abominación traidora para resucitar a Venezuela.

Es insoportable la levedad rendida de los MUDos. Insoportable. Su silencio cómplice nos da latigazos, nos hiere. Mientras la juventud resiste, los Iscariote negocian la crucifixión.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?

 

Se lavan las manos

El régimen hace lo que le viene en gana, roba sin clemencia nuestros recursos, arremete contra la juventud (la asesina, tortura, apresa), somete a Leopoldo López a las más infame e injusta de las prisiones, nos azota y humilla: crucifica a Venezuela, mientras nuestros oficiantes del silencio y del diálogo (humillado), sin condiciones, en harapos morales, saludan y hasta celebran a los verdugos: se lavan las manos.

Su miedo y blandura los delatan: son fundamentalistas de la comodidad. Ahí están, ahí han estado y ahí estarán sentados en su mesa mientras los estudiantes -nuestra reserva moral- resisten y se rebelan.

En su momento, Cristo, pese a que no era político sino santo, le cayó a patadas a los mercaderes del templo, lo hizo por dignidad. ¿Alguien seguirá su ejemplo?

Y es que no puede ser, ya basta, que le claven lanzas en las costillas al país, que lo desangren, y todavía existan Iscariotes que digan que estamos avanzando, que en Venezuela el pacto entre el cogollo de los MUDos y la oligarquía chavista sirve de algo.

Los mercaderes de la dignidad, vengan de donde vengan, son abominables.

 

La resurrección de la libertad

Lo hemos advertido en demasía, es un tiempo sensible en Venezuela, delicado y sensible. La lucha ha dejado de ser política, es espiritual. Nos rebelamos a la tiranía o seremos sus esclavos. La historia de la humanidad no se equivoca y Cuba es el ejemplo viviente de una nación desangrada y esclava.

Venezuela eres tú; sí, tú. No voltees a los lados. Una nación no sólo es su paisaje y su riqueza natural, una nación es su gente. Tú, como persona, eres su gente.

Han crucificado a Venezuela pero mientras tú existas, mientras yo exista, mientras juntos existamos, habrá fuerza espiritual suficiente para resucitar la libertad. Es nuestro destino lograrlo.

Sé que te sientes decepcionado y traicionado por lo que está pasando, sé que preguntas a Dios si te ha abandonado, sé que te provoca alzarte a insultos y broncas contra los responsables de la rendición opositora, pero ya no es beneficioso hacerlo, hay que luchar, hay que reivindicar la dignidad. Ellos, los MUDos, se han rendido. Todavía quedamos tú y yo, somos mayoría.

Lucha, luchemos, sigamos el ejemplo que la juventud está dando, unámonos a la inquebrantable dignidad de Machado, López y Ledezma, seamos una fuerza espiritual común. No nos rindamos, que el viernes vuelva a ser santo, que cada domingo de este siglo signifique nuestra resurrección.

Mientras nuestro aliento sea capaz de empañar una lámina de vidrio tendremos la moral necesaria para vencer.

Hay un plan…