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Fernando Luis Egaña

Venezuela en crisis humanitaria

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Una crisis humanitaria es una crisis de tal intensidad o gravedad que las necesidades básicas de salud, alimentación o seguridad no solo no pueden ser satisfechas, sino que tienden a agudizarse peligrosamente por la incapacidad general del Estado y otras instituciones en atender los requerimientos esenciales o mínimos de la población, en cuanto a provisión de medicamentos, atención médica, alimentos de la cesta familiar, y orden elemental para el resguardo de la vida. En este sentido, Venezuela está entrando en una crisis humanitaria. Y de continuar como vamos, la situación puede degenerar en una catástrofe humanitaria.

Una crisis humanitaria es mucho más que una crisis económica, o una crisis de dificultades sociales, o una crisis político-institucional que afecte la convivencia nacional. Es una megacrisis porque implica dimensiones de todas las crisis anteriores, las puede amalgamar y además potenciar hacia límites de verdadera devastación para una nación, tanto en el presente como en relación con su potencial de desarrollo. Generalmente, una crisis humanitaria acontece por obra de una guerra externa o de una guerra civil, o de una crisis ambiental o de un cataclismo natural. Pero en el caso de Venezuela, la crisis humanitaria ocurre como consecuencia del proceder de una hegemonía político-militar, cada vez más depredadora y, por tanto, destructiva.

Ello nos permite explicar –que no justificar, desde luego– que con el barril de petróleo en 100 dólares, en nuestro país haya escasez masiva de medicamentos, que incluso llega a afectar a 70% de los productos, según los directivos del gremio farmacéutico. No solo escasean o simplemente faltan varias medicinas de primera necesidad, sino especialmente aquellas que son vitales para el tratamiento de enfermedades crónicas y graves. En Venezuela se está muriendo mucha gente porque no hay medicinas disponibles, y la angustia al respecto es muy grande porque todo indica que la escasez continuará e incluso se incrementará. Repito, con el barril de petróleo a 100 dólares.

El tema de la alimentación también es alarmante. Es notoria la escasez de numerosos productos de la cesta básica, y en algunas regiones del país la situación es tan complicada que se viaja a las grandes ciudades, y sobre todo a Caracas, para tratar de adquirir los alimentos que son imposibles de conseguir de otro modo. Y los operativos espasmódicos que llevan alimentos a los barrios con el objetivo de compensar la falta de los mismos en los establecimientos regulares son una manifestación de la profundidad y extensión de la crisis venezolana. Que en esta materia tiende a agravarse porque a la desbaratada producción nacional se agrega el que no hay suficientes divisas para importar comida, aunque sí las haya para mantener el financiamiento del régimen de los hermanos Castro Ruz. Ese orden de prioridades también ayuda a entender el porqué de la crisis humanitaria en Venezuela.

Y en cuanto a la inseguridad generalizada, los 25.000 homicidios al año nos colocan como una de las sociedades más violentas del planeta. Un país relativamente pacífico ha sido transmutado en un volcán de violencia criminal. Si, además de todo estos elementos que configuran el drama de la salud, la alimentación y la inseguridad –elementos básicos de una crisis humanitaria–, se le suman todos los otros que tienen que ver con la debacle fiscal, administrativa o productiva, o con la canibalización de los servicios públicos, o con el aplastamiento de la democracia por parte de una hegemonía despótica, entonces no es exagerado afirmar que Venezuela está entrando en una crisis humanitaria que va en camino de una catástrofe humanitaria.

 

flegana@gmail.com