• Caracas (Venezuela)

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Carlos E. Weil Di Miele

Venezuela y una bala

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Son las 3: 47 de la tarde. Una cola de gente espera bajo el sol para encontrar algo, a estas alturas les da igual el qué. Un autobús rompe el ruido de la calle con un sonido aún más estruendoso y les hace respirar a los que esperan una mezcla de oxígeno y humo negro. Alguien sale de la fila y trata de calcular al ojo las personas que tiene por delante, ¿40 ó 50?

En dirección contraria un hombre en una moto esquiva retrovisores como esquivan banderines los esquiadores olímpicos. Se lleva la mano a la cintura, desenfunda un revolver plateado y como si nada, dispara. Un chispazo invisible para el ojo humano deja escapar de la punta metálica un proyectil que rompe el viento. Son las 3: 49.

Los saqueos se multiplican a lo largo del país. La desinformación reina y nada de lo que se recibe se ve con confianza. El CNE, en un juego insolente, enreda lo que ya esta enredado y bloquea las alternativas democráticas. Por su parte, Diana D’Agostino deja escapar una declaración lamentable que hacen que hasta el más opositor pierda un poco más la esperanza. Otro niño espera por medicinas en una camilla oxidada de algún hospital público del país y su futuro es incierto.

La bala ha dejando detrás al que la dispara. Va en línea recta y ya ha esquivado un primer carro. En la cola alguno piensa que tiene que ser un tubo de escape. Otros conocen demasiado el sonido que emiten las armas.

Un secuestro acaba de suceder. No importa si es de día o de noche. En una casa una señora está amarrada en una silla mientras dos pavitos, como diría ella en otros tiempos, le vacían la despensa y le piden perdón. El Guri parece que se recupera, no así la situación eléctrica del país. Algunos han decido buscar comida en la basura. Rómulo Gallegos ya no descansa en paz.

La moto ya se dio a la fuga. La bala ha cruzado tres canales de la autopista. En la acera un padre cubre a su hijo. El sonido de la pistola ha hecho que todos sientan más el calor. Una gota de sudor nervioso cae de la babilla de una señora mayor.

A Julio Borges lo golpearon a la vista de las autoridades. En Cumaná se ha desatado una revuelta colectiva por culpa del hambre y la desesperación. Los colegios privados piden comida a las familias para que los profesores y los empleados tengan algo que comer. Maduro habla de guerra económica, de imperio y de adeco burgueses.

Siguen siendo las 3:49 de la tarde. La bala está ya sobre la acera. Algunos han optado por tirarse al piso. Dos ojos enfrentan el proyectil con resignación y a la cabeza sólo le da tiempo a pensar que esta decadencia no puede ser Venezuela.