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Oscar Hernández Bernalette

Venezuela a Mercosur, ¿de que nos ha servido?

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Venezuela ingresó formalmente al Mercado Común del Sur, Mercosur, con grandes debilidades políticas y comerciales. Se encuentra en una compleja crisis política y con una economía frágil y muy poco competitiva. Pareciera que ni siquiera en el sector energético Venezuela tiene un expediente importante que destacar después de tener una de las empresas globales más importantes en el mundo, como lo fue Pdvsa.

 

El inicio

Venezuela intenta acercarse a esa parte del continente desde los tiempos del gobierno del presidente Rafael Caldera (1994-1999). Especialmente para Brasil, el mercado venezolano era atractivo por su alta tendencia importadora. La embrionaria industria venezolana, fundamentada en petróleo y un parque industrial en crecimiento, veía el acceso al mercado del norte del Brasil como una oportunidad. Con Manaos como principal ciudad, la región del norte es difícil de acceder y satisfacer desde las zonas industriales del Brasil por las distancias y lo intricado de su geografía. Estos esfuerzos no pasaron de la retórica y, si bien se logró algún incremento en la balanza de pagos de las corrientes comerciales entre los dos países, no fue significativa.

Donde el comercio era más provechoso para Venezuela era en su mercado natural; me refiero a la Comunidad Andina de Naciones, CAN (Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú). Venezuela era uno de sus principales motores y especialmente con Colombia había desarrollado una relación privilegiada. La existencia de dos bloques de integración, como Mercosur y la CAN, representan una zona fragmentada que requería de una convergencia comercial más realista y con potencial para asumir los retos de la globalización desde una región rezagada. En la CAN encontramos unas economías de simetrías variables, pero mucho más integradas comercialmente, comparadas con el abismo dentro de Mercosur, cuyos actores fundamentales son Brasil y Argentina y con insuficiente participación para Uruguay y Paraguay.

 

CAN y Mercosur

La aproximación más realista para vincularse con Mercosur desde una perspectiva venezolana se inició desde la CAN, cuando los países miembros decidieron negociar en bloque con Mercosur y de allí fortalecerse para crear un espacio integrado para el subcontinente. Por ello, comenzaron negociaciones bloque a bloque, Mercosur-CAN, un Acuerdo de Complementación Económica, ACE59, y la mayoría de los países se agregaron a Mercosur como miembros asociados. El proceso de negociación fluía hasta tanto y cuando las diferencias ideológicas y hasta personales de los jefes de Estado comenzaron a generar ruidos en el sistema de integración andino. Se inició un proceso de conflictos de alta densidad, especialmente entre Colombia y Venezuela, que le dio la excusa a Hugo Chávez para acelerar la carta del ingreso unilateral a Mercosur sobre el pretexto del acuerdo de libre comercio que negociaba Colombia con Estados Unidos.

La denuncia del tratado de la CAN y la firma del Acuerdo Marco para la adhesión de Venezuela a Mercosur generaron una crisis en los sectores productivos venezolanos que nunca fueron consultados sobre las consecuencias de esa decisión. Lo que pocos percibieron fue que el ingreso de Venezuela a Mercosur se convertiría en un problema mayor para la propia institucionalidad del esquema de integración. Veamos.

Después de firmado el protocolo de ingreso con dificultades para que fuese aprobado por el propio Senado de Brasil y la larga espera por la aprobación del Congreso de Paraguay, convirtió a Venezuela en un socio a medias, írrito y en lista de espera por demasiado tiempo para convertirse finalmente en socio. Esta situación generó una crisis también dentro de Mercosur que le auguraba un debilitamiento institucional, tanto por el ingreso por atajo de Venezuela como por la suspensión de Paraguay considerada una actuación no apegada al propio protocolo fundacional del Mercosur. El tratado de Asunción de 1991 establece que para el ingreso de un país debe haber un acuerdo de todos sus miembros. En este caso, Paraguay fue suspendido y no sigue siendo miembro pleno.

 

Mercosur como herramienta política

Uno de los problemas centrales de esta nueva sociedad es que en el caso de Venezuela el gobierno nunca vio Mercosur como un verdadero espacio comercial para su reinserción económica en la región, sino más bien como un bloque de carácter político que le permitiera tener un escudo ante lo que ha considerado las permanentes amenazas del imperio, lo cual lo obligaba a estar bajo el paraguas protector del hermano mayor de la región que es Brasil. Si de algo le ha servido Mercosur a Venezuela lo resume el comunicado conjunto de los países miembros con relación a los conflictos que se originaron en febrero del 2014. “Reiteran su firme compromiso con la plena vigencia de las instituciones democráticas y, en este marco, rechazan las acciones criminales de los grupos violentos que quieren diseminar la intolerancia y el odio en la República Bolivariana de Venezuela como instrumento de lucha política.

“Expresan su más firme rechazo a las amenazas de ruptura del orden democrático legítimamente constituido por el voto popular y reiteran su firme posición en la defensa y preservación de la institucionalidad democrática, acorde al Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático en el Mercosur de 1998. Instan a las partes a continuar profundizando el diálogo sobre los problemas nacionales, en el marco de la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho, tal y como ha sido promovido por el presidente Nicolás Maduro Moros en las últimas semanas, con todos los sectores de la sociedad incluyendo parlamentarios, alcaldes y gobernadores de todos los partidos políticos representados”.

Este texto es muestra de que la institucionalidad del Mercosur perdió su fortaleza al actuar de manera irresponsable tanto en ese caso como cuando la crisis del Paraguay en el año 2012.

 

¿Mercado?

El gobierno de Venezuela reiteradamente señaló su oposición a las políticas de mercado y a la liberalización comercial, razón por la cual su actuación internacional se ha caracterizado por satanizar la globalización y oponerse a todos aquellos esfuerzos de crecimiento económico por la vía del sector privado. Esto en contraposición de los propios principios que dieron origen a la creación del mercado del sur. Contrariamente a la retórica del presidente Chávez el acuerdo de Asunción claramente establece que ser miembro del Mercosur implica;

- La libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente.

- El establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común con relación a terceros Estados o agrupaciones de Estados y la coordinación de posiciones en foros económico-comerciales regionales e internacionales.

- La coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes: de comercio exterior, agrícola, industrial, fiscal, monetaria, cambiaria y de capitales, de servicios, aduanera, de transportes y comunicaciones y otras que se acuerden, a fin de asegurar condiciones adecuadas de competencia entre los Estados partes.

- El compromiso de los Estados partes de armonizar sus legislaciones en las áreas pertinentes, para lograr el fortalecimiento del proceso de integración.

Siendo estos los principios que motivaron la creación de ese proceso no hay duda de que Venezuela no ve el potencial comercial como fundamento sino que ha visto a Mercosur desde una perspectiva geopolítica. El propio presidente Chávez afirmó que “el ingreso de Venezuela a Mercosur es una derrota al imperio”.   Su gobierno no creía en las instituciones económicas internacionales, hablaba de la integración con fines ideológicos, no consultaba los sectores productivos, nunca ha consultado a los sectores opositores en decisiones de política exterior.

Por el contrario, para los países del Mercosur, Venezuela es un importante mercado para sus exportaciones, especialmente para Brasil y Argentina y de alguna manera para Uruguay. Por otra parte, una opción para garantizar suministro de petróleo al sur del continente. El propio presidente de Uruguay afirmaba que Venezuela “es mucho más que un gobierno, es una nación hermana exportadora de energía y compradora de comida”. El canciller Patriota de Brasil afirmó, por su parte, que “Brasil tiene un gran interés en la relación económica con Venezuela, un país con cerca de 30 millones de habitantes que adquiere buena parte de lo que consume; un comercio bilateral que sumó 5.858 millones de dólares en 2011, con superávit de 3.325 millones para Brasil, e inversiones de empresas brasileñas por 20.000 millones de dólares”.  Además, Brasil quiere una Venezuela dentro de Mercosur con obligaciones bien establecidas y definidas.

En la actual coyuntura es fácil demostrar las desventajas del aparato productivo venezolano para asumir esta nueva realidad. Es importante resaltar que la mayoría de los gremios empresariales venezolanos se oponían al ingreso de Venezuela al Mercosur, por dos razones fundamentales. En primer lugar, nunca fueron seriamente consultados durante el proceso de negociación, y en segundo lugar, el desmantelamiento del aparato productivo hace difícil que la poca capacidad industrial que queda en el país pueda efectivamente competir en ese mercado.

El sector privado no participó en un proceso para evaluar costos y beneficios con el gobierno, como normalmente se hace en todos los procesos de negociación comercial a lo largo y ancho del planeta. Las industrias venezolanas que han sobrevivido durante los últimos años difícilmente pueden competir con las empresas de Brasil y Argentina.

Hay que recordar que Venezuela, durante el gobierno de Hugo Chávez, perdió su capacidad industrial y competitiva. La economía venezolana sufrió cambios significativos con la disminución de la oferta exportable, el cierre de numerosas empresas, la estatización de algunas de las más importantes y la crisis de las industrias de Guayana. “Hemos perdido espacios y, según los estudios del propio Instituto Nacional de Estadísticas, han desaparecido 170.000 empresas, es decir, cerca de 26,7%”, puntualizó el presidente de la patronal venezolana, Fedecámaras. Añadió que de 617.000 empresas que existían en el país, hoy en día son 447.000. 

 

Lo que implica Mercosur para Venezuela

El ingreso a Mercosur es un gran riesgo para el incipiente aparato productivo venezolano que también quedará marginado por el crecimiento de las exportaciones de Brasil y Argentina. Las industrias venezolanas no pueden competir con las empresas de la región.

El sector agrícola, bastante deteriorado desde hace años, tendrá que competir con las masivas exportaciones que se vislumbran de gigantes agrícolas a escala mundial, como los dos países antes mencionados. El propio gobierno se ha jactado de que los beneficios del ingreso a Mercosur están vinculados a importaciones más baratas que recibirá el país de sus socios del Sur. “El ingreso de Venezuela al Mercosur permitirá a los venezolanos tener mayor acceso a los productos y alimentos”, acotó el vicepresidente para el área productiva, Ricardo Menéndez, al tiempo que precisó que esta decisión “servirá para el desarrollo productivo profundo del país”.  Por supuesto, estas declaraciones generan molestia en la opinión pública porque se esperaba escuchar que el vínculo con Mercosur le garantizaría a Venezuela nuevas oportunidades de exportación, generación de empleo con calidad, mayor competitividad y generación de riquezas.

Desde el punto de vista técnico, son varias las adecuaciones a las que se somete el país. Habrá que adecuar casi 7.000 partidas arancelarias al arancel de Mercosur, que tiene 9.600 subpartidas aproximadamente. Venezuela, por ejemplo, tiene 4 niveles mientras Mercosur tiene 10.

Además, el sector agrícola tendrá que someterse a reducir su promedio arancelario de 12,50% para bienes no agrícolas a 10,60%. Esto implica una diferencia de 2 puntos, mientras que para el sector agrícola el más vulnerable estaría por el orden de los 5 puntos porcentuales.

Por otra parte, el mecanismo de salvaguardias contemplado en otros acuerdos, y que sirve para proteger productos sensibles agrícolas, solo existirá para importaciones fuera del marco de Mercosur, lo que amenaza claramente al ya maltratado sector agrícola venezolano.

Entonces, Venezuela tendrá que adoptar la nomenclatura común de Mercosur en un plazo no mayor de cuatro años, adoptar el arancel externo común y adoptar el acervo normativo, igualmente en un plazo no mayor de cuatro años.

De acuerdo con la decisión 28-05 del Consejo del Mercado Común del Sur, las condiciones para la adhesión de un nuevo Estado al Mercosur a la luz de los objetivos y principios de dicho Tratado, son:

- La adhesión del Estado adherente al Acuerdo de Complementación Económica Nº 18 y sus Protocolos Adicionales a través de la adopción de un programa de liberalización comercial.

- La adopción del acervo normativo del Mercosur, incluyendo las normas en proceso de incorporación.

- La adopción de los instrumentos internacionales celebrados en el marco del Tratado de Asunción.

- La modalidad de incorporación a los acuerdos celebrados en el ámbito del Mercosur con terceros países o grupos de países, así como su participación en las negociaciones externas en curso.

Lo indiscutible es que Venezuela ingresó a unas nuevas disciplinas comerciales en bastante desventaja. Algunos entienden que el futuro del sector privado venezolano y del aparato productivo dependerá de un gobierno con un esquema de desarrollo económico abierto y que tenga entre sus premisas no atropellar a los empresarios.

Justo decir que en los últimos tiempos tanto Mercosur como la Comunidad Andina van por el camino de disolución paulatina por la inoperancia y porque no han sido capaces de sistemas de integración para llegarle a la piel de los pueblos que representan.

 

 

* Embajador de carrera venezolano, retirado. Ex director general de Negociaciones Internacionales del Instituto de Comercio Exterior (ICE), ex director general de Economía y Cooperación del MRE. Fue representante alterno de Venezuela ante la Organización Mundial del Comercio.

 

Versión original publicada en la revista Puentes, ICSTD, Ginebra.