Radicalización y combate
15 de julio 2012 - 14:07
La propuesta del candidato-presidente se propone consolidar una democracia con tan larga lista de apellidos y precisiones, que niega componentes esenciales y constitucionalmente consagrados, tales como alternabilidad, pluralismo, descentralización, separación de poderes, garantía universal e indivisible de los derechos humanos y reconocimiento de la supremacía de la Constitución.
Así se constata desde el comienzo en tres ideas que tiñen todas sus páginas: que la tercera reelección del candidato-presidente llegará "por mandato inexorable del destino"; que el propósito fundamental de su cuarto período es "la radicalización de la democracia participativa y protagónica" para "traspasar la barrera del no retorno", y que, con la consigna de "independencia definitiva o nada" frente al "imperio" y la "burguesía apátrida", la campaña electoral y la política en general son el terreno de un combate que persigue la "pulverización" (reiterada expresión presidencial) del mínimo asomo de disidencia.
Con esas ideas y muchos ejemplos en mente hay que leer los cinco "objetivos históricos", cada uno de los cuales desborda las fronteras nacionales: por sus supuestos y por la expresa intención de proyectar y defender la "irreversibilidad" con una política injerencista, a la vez que de legitimación de la injerencia en Venezuela desde ciertos países y acuerdos.
Sirvan como muestras recientes el castigo unilateral a Paraguay y la declaración del Foro de Sao Paulo en Caracas. El punto de partida es que la revolución bolivariana marcó un cambio de época en la región y que, ante la crisis catastrófica del capitalismo, trabajará por "el equilibrio del universo".
No hay que subestimar el contenido del programa por su falta de mesura ni por las gravísimas fragilidades nacionales que revela la enorme lista de objetivos pendientes después de 13 años en el poder con oportunidades económicas y políticas sin precedente. Conviene leerlo, dentro y fuera de Venezuela.
Internacionalmente, la continuidad del régimen implica la consolidación de afinidades, utilización de recursos persuasivos y de presión sobre gobiernos, personalidades, organizaciones, movimientos y redes sociales fuera de Venezuela, antes, durante y después de la campaña y el proceso electoral propiamente dicho.
La irreversibilidad perfila dos tipos de políticas: de un lado, la consolidación y ampliación de aliados internacionales y transnacionales sin respeto por la soberanía propia o ajena; del otro, el aislamiento o neutralización de instancias internacionales de escrutinio y seguimiento en materias tales como comercio, protección de inversiones, democracia y derechos humanos y, con especial énfasis, libertad de expresión e información.
Y en cuanto al combate permanente en el ámbito internacional, la pretensión de hacer de Venezuela la "gran potencia naciente de América Latina y el Caribe" -inspirada en el acercamiento estratégico a las potencias emergentes (Brics), aunque muy distante de ellas en propósitos y medios- se sustentaría en el poderío energético y militar, en la continuidad de Petrocaribe y en la Alianza Bolivariana, definida ésta como contraparte del Mercado Común del Sur y "vanguardia de cambios", que dinamizaría los nuevos acuerdos de integración.
Todo indica que el verbo adecuado no es tanto dinamizar como dinamitar. Es lo que promete el continuismo de la radicalización y el combate.

