• Caracas (Venezuela)

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Carlos Paolillo

Vanguardia convulsa

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Desde Francois Delsarte e Isadora Duncan, iniciadores y visionarios, Martha Graham y Mary Wigman, fuerzas vitales y dramáticas del movimiento, y Merce Cunningham, esteta y renovador, hasta los nombres emergentes del movimiento posmoderno, la danza contemporánea mundial ha cumplido ciclos en su búsqueda fundamental de expresar al ser humano.

Se trata de una disciplina viva, siempre cambiante, que se transforma a sí misma de acuerdo con las dinámicas sociales y las circunstancias vitales de cada creador. Hoy la danza contemporánea constituye un universo amplio y también específico, tanto como las sociedades y los individuos que representa. Por eso resulta complejo abordarla de una manera única y general. Sus tendencias son tan disímiles como las mismas necesidades que les dan origen y sus técnicas corporales de base han proliferado en función de las exigencias y los personales impulsos de cada hacedor.
Igualmente amplio es el término nueva danza, con el que también se denomina a la danza posmoderna, bajo el cual se engloban las experimentaciones de creadores alternativos que buscaron indagar más allá de los lenguajes establecidos, tras la concreción de un ideal eterno: la expresión auténtica del movimiento. Sus inicios se ubican en el muy particular ambiente de la neovanguardia estadounidense, fundamentalmente la asentada en Nueva York, de principios de los años sesenta del siglo XX, que luego comenzaron a sentirse con fuerza en  países europeos: Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania, Bélgica y Dinamarca.

Venezuela ha sido privilegiada dentro del contexto de América Latina por haber recibido a partir de finales de la década de los ochenta información sistemática sobre los principios filosóficos, estéticos y técnicos que orientan esta forma de comunicación a través del cuerpo espontáneo, cuyos antecedentes se remontan a la época de la referencial Judson Memorial Church y de la revelación, entre otras figuras, de Steve Paxton, el bailarín difusor de los principios de la improvisación de contacto.

La presencia regular en Venezuela de artistas de la nueva danza procedentes de Norteamérica y Europa logró despertar un progresivo interés por el acercamiento a otras visiones posibles de la danza, en buena medida incomprendidas por escasamente conocidas en el medio nacional.
El bailarín venezolano David Zambrano, con seguridad el maestro improvisador de mayor prestigio mundialmente en la actualidad, por aquel entonces ya iniciado dentro de las nuevas vanguardias neoyorquinas, fue el artífice del Festival de Danza Posmoderna, un proyecto, tal vez irrepetible, que durante cinco años reunió en el antiguo Instituto Superior de Danza, dentro de un espíritu de libertad y solidaridad, tanto a precursores como a  representantes internacionales de esta tendencia en el mundo: Simone Forti, Mark Tompkins y la hoy célebre Sasha Waltz. Su orientación fue esencialmente pedagógica, conjugada con iniciativas creativas de alto vuelo que dejarían huella en la danza venezolana.  
Un cuarto de siglo se cumple este mes de las incidencias del primer festival posmoderno realizado en Caracas. Al riesgo y el desenfado artístico inicial se unió el desconcierto del Caracazo, una impensada coincidencia que se repetiría tres años después, durante la penúltima edición del evento, con los sucesos del 4 de Febrero. Emergencia artística y violencia a comienzos de una década convulsa.