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Antonio Ecarri Bolívar

¿Vamos a banalizar el debate socialdemócrata?

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Las dudas que me surgieron sobre el planteamiento que hiciera Leopoldo López a los socialdemócratas venezolanos no han hecho sino incrementarse, y eso no me alegra en absoluto; por el contrario, me preocupa enormemente habida cuenta de que se perfilaba como una esperanza que ahora veo a punto de desvanecerse. Precisemos.

A las interrogantes que le planteé a Leopoldo, en la primera oportunidad que tuve de responder a su inquietud, me respondió con mucha altura y respeto, nobleza obliga, pero me confundió cuando se refirió a dos temas centrales, al menos para AD, de la tradición progresista venezolana: el petróleo y la educación. En esa oportunidad, dio una explicación posterior que no me satisfizo, pero se lo atribuí a las pocas líneas que utilizó en su respuesta por requerimientos del periódico. Me dijo que estaba de acuerdo con que el petróleo debía seguir perteneciendo al Estado, pero que era necesario “democratizarlo”. Eso no lo explicó y en nueva respuesta mía le decía que ojalá esa “democratización” no fuese aquella vieja tesis reaccionaria, según la cual debían venderse las acciones de Pdvsa a los trabajadores, pues ese era el ardid de los agiotistas de siempre buscando luego adquirirlas a precios viles, y lograr así el cometido de privatizar la industria y arrebatársela de esta manera truculenta a todos los venezolanos.   

El segundo tema central que me inquietaba y se lo manifesté al buen amigo, fue el tocante a la educación y su necesaria orientación de Estado, para que no sucumbiera la obra de los gobiernos democráticos que lograron, con su masificación, crear la clase media más grande de América Latina. También me respondió con una evasiva. La educación, Leopoldo, debe ser pública, gratuita y laica, pues es la forma de cumplir las aspiraciones sociales mayoritarias de lograr un sistema educativo con igualdad de oportunidades, cuya finalidad sea un país más equitativo, con mayor bienestar y con una ciudadanía responsable. El sistema educativo público venezolano diseñado por AD (Luis Beltrán Prieto, Mercedes Fermín, J. M. Siso Martínez, Manuel Peñalver y un largo etcétera de educadores nuestros) fue el gran igualador social, pues a nuestras escuelas, liceos y universidades públicas asistían los hijos de los ricos, al lado de los hijos del obrero y el campesino, al constatar que allí se impartía la mejor educación. Eso, por supuesto, sin que dejáramos de asistir a la educación privada y estimularla para que cooperara en esta tarea forjadora de ciudadanos, y recordaba los subsidios generosos del Estado a instituciones como Fe y Alegría, la Universidad Católica Andrés Bello etc. (nada que ver con este bodrio “educativo”, estatista y absurdo, chavista of course).

El jueves pasado, el joven López me vuelve a sorprender ingratamente cuando ahora se cambia la franela de la socialdemocracia por la de ¿“democracia social”? para condenar a la primera, de manera sorpresiva, a una vejez esclerótica y, a la otra, embadurnarla con aires de juventud. Lamento confesar que me parece un tremendo dislate. Eso es como si los copeyanos me salieran con el cuento de que van a renovar el socialcristianismo con una modernísima tesis de cristianismo social. Dígame si los marxistas-leninistas aparecieran renovados y, entonces, se autoproclamaran leninistas-marxistas de nuevo cuño o que los nacionalsocialistas nos vinieran ahora con que son de izquierda porque de ahora en adelante se autodenominan socialistas nacionales. O que surgiera en Venezuela una nueva organización llamada Propiedad, Familia y Tradición, muy progresista y de izquierda, para oponérsela a la ultra reaccionaria y protofascista Tradición, Familia y Propiedad a la que le atribuían sus primeros pasos políticos algunos ex compañeros de López. Además, ¿habrá alguna democracia que no sea social? La verdad es que no conozco ninguna democracia antidemocrática, ni ninguna democracia oligárquica.

Ahora bien, ¿hay crisis en las tesis del Estado de Bienestar? Claro que sí, es un debate que está dando, avant garde, toda la socialdemocracia mundial y eso no es motivo para que les invirtamos los nombres a nuestra manera de pensar. Por qué, en vez de banalizar este debate que recién comienza, no nos proponemos debatir el contenido de temas tan trascendentes como:

El de si ¿puede haber progreso social sin redistribución de la riqueza?; el tema de la democracia participativa versus la representativa; el de la educación pública, gratuita y laica; el tema de la privatización de la industria petrolera; el de federalismo versus centralismo; el del empleo decente o de calidad, según los parámetros de la OIT versus el sector informal urbano o buhonerismo; el tema del combate contra la inseguridad y la delincuencia organizada; la globalización de las finanzas, los capitales golondrinas y la nacionalización de la banca o de cómo meter en cintura al capital especulativo financiero internacional; la necesaria inversión estatal en ciencia y tecnología; el reconocimiento de derechos y el respeto a la diversidad y a los incapacitados; la lucha contra la corrupción como política de un Estado transparente; los esfuerzos en el combate contra el cambio climático; la necesaria ayuda del Estado a los emprendedores. En fin, son muchos y variados los temas serios y retos para actualizar la socialdemocracia, como para banalizarlos con cambios de nombre… ¡Por el amor de Dios!... pero, ¡sigamos el debate!

PS: agradecería muy de veras que se abstuvieran de opinar, en este debate, algunos seudointelectuales de un pasado adeco-camburero que ahora pretenden convertirse, dijeran en Margarita, en unas especies de “chaquespeares devenidos en Catones”. La próxima vez los mencionamos con nombre, apellido y chambas que usufructuaron a la sombra del poder. En AD tenemos memoria larga y corta para lo grande y lo bueno, pero, como dijera Rómulo: “Abonamos y regamos con frecuencia el jardín de nuestros pequeños resentimientos… para no olvidar a los traidores”.


aecarrib@gmail.com @EcarriB&nbsp