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Fausto Masó

Valió la pena

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A pesar de la mala fe puesta de manifiesta la noche del jueves al colocar, por ejemplo, al mismo nivel al representante de los tupamaros y a Ramón Guillermo Aveledo, valió la pena la reunión porque los dirigentes de la MUD aprovecharon la oportunidad de enviarle un mensaje al país, y romper así la trampa grosera de la censura y de la autocensura. No hay todavía por parte del gobierno ningún deseo de diálogo, porque Maduro vive en la trampa ideológica, cree representar un modelo, el socialismo, superior al capitalismo, no reconoce la realidad, la miseria, la inflación, quisiera reducir todo a un debate sobre los méritos de una utopía, del hombre nuevo, en contraste con el hombre viejo y las maldades del capitalismo.

Maduro olvida que nadie ha elogiado tanto al capitalismo como el propio Carlos Marx, cuando reconoció su capacidad de producción, de transformación social. Al plantearse el debate con los pies en el suelo Maduro carece de argumentos. Los representantes oficiales se limitaron a criticar la cuarta república sin reconocer lo bueno de la democracia venezolana; se centraron en el discurso del pasado sin analizar el presente, sin comprender que los vicios del gobierno de un Carlos Andrés no justifican los crímenes  de hoy, olvidando que por las ironías de la historia el desastre actual, la masacre cotidiana, ha hecho que los venezolanos vean ese pasado como un paraíso, reconozcan que en toda su historia Venezuela nunca vivió una época tan civilizada como la de la República civil.

Las manifestaciones continuarán, el malestar económico aumentará, seguirán los asesinatos, los secuestros, pero se ha abierto un canal, una rendija, una oportunidad de hablarle al pueblo de tú a tú. No haber asistido a esta cita hubiera sido un error histórico.

Cabe una pregunta, ¿por qué Maduro aceptó las demandas de la Mesa de la Unidad? ¿Por qué aparentemente está dispuesto a renovar los poderes y el mismo CNE? Quizá lea las encuestas, quizá comprenda que la Guardia Nacional no aguantará indefinidamente en la calle, a pleno sol, con un equipo antimotín que pesa 30 kilos sobre cada guarda, en medio del rechazo popular, sin que nadie les ofrezca un vaso de agua. Quizá en el chavismo y en el Ejército hay voces que piden el diálogo.

Maduro apostó por que las palabras de Capriles, Aveledo, Ramos Allup desaparecerían entre tantos discursos y frases hechas oficiales, tendió una trampa donde cayó en realidad el propio tramposo. La cháchara de los dos modelos, el canto al socialismo ideal y la utopía impide ver lo que salta frente a los ojos, el desempleo provocado por la asfixia de los centros comerciales, la ruina de los periódicos, la desaparición de los visitantes médicos, el cierre de industrias, el desastre de Agropatria, la CVG, las cementeras, Lácteos los Andes. A Maduro no le alcanzan las divisas porque despilfarra 600 millones de dólares para reactivar las cementeras, olvidando que antes de que las estatizara las empresas privadas se ocupaban de esas inversiones y producían muchísimo más que ahora. Maduro no entiende la gravedad de su situación y está desaprovechando un salvavidas: realizar un diálogo real, rectificar. Maduro se comporta como el clásico vivo criollo que al final sale con las tablas en la cabeza. Él necesita el diálogo, vive sobre un volcán. La noche del jueves demostró algo inocultable, la falta de preparación, la incapacidad para discutir con un Aveledo.

A la MUD y a los partidos les cabe no repetir el error de no delimitar posiciones, no señalar que los radicales, como ocurrió con la huelga de 2002 o con los militares de la plaza Altamira, solo contribuyen a consolidar esta dictadura.

Los estudiantes seguirán en la calle, Antonio Ledezma continuará con sus denuncias. La lucha no ha terminado. Y hay una oportunidad, vaga, de un diálogo verdadero.