• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Usuarios del socialismo

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El diccionario de la Real Academia no es el texto más consultado por los subalternos del Coba criollo, tampoco su uso ha sido preocupación de los responsables de las tareas relacionadas con la comunicación. Ni ese ni ningún otro texto que ayude a utilizar el idioma con corrección y propiedad forman parte de la cotidianidad de los que manejan el generador de caracteres en la televisora estatal convertida por el PSUV en su órgano oficial y que ha derivado en un Granma audiovisual. Los errores ortográficos son frecuentes y escandalosos, y no es porque carezcan de profesionales expertos en el asunto que puedan iluminarlos con sus conocimientos. No. Es simple desidia disfrazada de igualitarismo sobredimensionado.

Como aseguran que las virtudes, los dones, las capacidades, la preparación, el conocimiento y demás propiedades inherentes a los cerebros bien amueblados son ficciones del capitalismo que sirven para justificar odiosas diferencias entre seres humanos, la ecuación que más aplican es que como todos somos iguales, no sólo todos podemos hacer de todo sino que también podemos hacerlo bien sin que medie alguna preparación ni esfuerzo. Mi amigo el filósofo afirma que esa condición se potencia si se cursan estudios en alguna de las academias militares, que con haber aprendido a pararse firme y contestar “mande comandante” se está en condiciones de ejercer los oficios más disímiles, no importa si no se tienen los conocimientos. Aunque cuando escribimos esto tenemos en mente a un teniente retirado, entrado en kilos, arrogante y prepotente que ha ocupado todos los cargos y que pareciera repetir la experiencia de Lin Piao, pero todavía sin el accidente aéreo, preferimos volver a la gramática y no nombrarlo.

Desde que con el remoquete de “proceso” empezó a instaurarse este socialismo de oído, más por la forma se sonar que por sus propiedades inherentes, se ha generalizado el uso del sintagma “usuarios y usuarias”. Ya no somos clientes, viajeros, radioescuchas, conductores, televidentes ni nada que nos identifique con lo que hacemos, sino “usuarios y usuarias”, con lo que se nos pretende involucrar y hacernos partícipes y corresponsables de sus estropicios y canalladas.

Siendo “usuarios y usuarias” del sistema democrático una importante cantidad de venezolanos sufragaron a favor de la propuesta que les regalaba cocinas y lavadoras y los anotaba para darles “un apartamento digno”; suponían que votaban por la vida muelle, pero cometido el error el teniente les ha aclarado que no, que votaron por el socialismo, una palabreja que ha significado hambre, necesidades y paredones de fusilamiento en todos los sitios que se ha hecho realidad. El lenguaje no es el fuerte del régimen, pero ese es otro “ardimiento” que les exige el proceso. Cerrado por desconcierto.