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Marcos Tarre

Uso progresivo y diferenciado de la fuerza policial…

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Desde la época de la Conarepol y luego con la creación de la Policía Nacional Bolivariana y la aparición de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad –UNES–, el gobierno chavista ha prometido crear una policía al servicio del pueblo, de los valores democráticos y respetuosa de los derechos humanos, que se diferenciase de los cuerpos policiales represivos. Se proclamó crear una “doctrina” policial diferente. Uno de los valores que se ofreció fue el “uso progresivo y diferenciado de la fuerza policial”, convertido en una materia básica del pénsum con 160 horas de clase, para los nuevos agentes en formación de la Policía Nacional, así como obligatoria para todos los funcionarios de los cuerpos policiales municipales y regionales ya en funciones.

La UNES publicó un Manual, con una presentación del entonces ministro del de Relaciones de Interiores y Justicia Tareck el Aissami, que señala: “Este programa experimental es producto de un esfuerzo articulado de especialistas en el campo pedagógico, profesionales de diversas ramas, funcionarias y funcionarios de seguridad, activistas sociales y personas comprometidas con un modelo de policía preventivo, respetuoso de los derechos humanos, próximo a la comunidad, capaz de rendir cuentas, usar la fuerza de manera proporcional, con moderación, ajustados a la necesidad y según lo indique la ley. Un modelo policial que atiende a las víctimas con compasión y es capaz de controlar prácticas policiales desviadas, mediante alertas tempranas”.

En el mismo Manual, en la parte de Justificación, se dice: “Históricamente, en el ejercicio de su función las funcionarias y los funcionarios policiales han venido evidenciando todo tipo de conductas inadecuadas, las cuales devienen de un antiguo modelo de formación centrado en un enfoque militarista, que actuó en detrimento de la propia seguridad de las ciudadanas y los ciudadanos. Ese enfoque se caracterizaba por el uso indebido o excesivo de la fuerza…”.

En las clases impartidas se insiste y repite que la actuación policial pasa por una escala, comenzando por “presencia”, luego “despliegue”, la obligatoriedad del “diálogo” como tercer paso, luego disuasión “suave”, seguido de una “dura”, uso de armas intermedias no letales y finalmente, como última instancia, en caso de extrema gravedad, el uso del arma “potencialmente mortal”.

Poco de esta supuesta doctrina, escalas y protocolos, impartidos en miles de horas de clases, se he visto en las actuaciones de las autoridades frente a las recientes manifestaciones y protestas. La represión a los estudiantes en la ciudad de Maracay, en donde casualmente es gobernador El Aissami, presentador del Manual, fue brutal y despiadada. En Caracas, funcionarios del Sebin, según reveló el presidente Maduro, desobedecieron órdenes de acuertelamiento y dispararon en las calles. Un guardaespaldas del actual ministro sería, según algunas informaciones, el autor de dos de las muertes ocurridas el 12 de febrero.

Pero, como si esto fuera poco, los estudiantes detenidos han sido víctimas de todo tipo de desmanes: se habla de violaciones, torturas, golpizas, insultos, humillaciones e incluso de extorsión a los familiares para soltarlos a cambio de pagos en dólares… La Guardia Nacional, la Policía Nacional, las policías estadales que han actuado, el Cicpc y el Sebin, pero especialmente quienes los dirigen, en esta hora delicada del país, han jugado un triste y lamentable papel que nada tiene que ver con lo predicado durante años…