• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Unir esfuerzos por la vida

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Esta ha sido una semana de conmoción nacional por el asesinato de la actriz Mónica Spear y de su esposo, Thomas Henry Berry, a manos de unos delincuentes que ya están tras las rejas, y que actuaron con una despreciable saña, similar a la que ha costado la vida de numerosas víctimas carentes de notoriedad pública.

Prácticamente todos los días se escriben terribles y dolorosas historias de ciudadanos anónimos que caen ante una delincuencia empeñada en imponer la ley del miedo, en arrebatarnos los espacios públicos, en atentar no solo contra la vida, sino contra la tranquilidad de la familia venezolana. El hampa ha ido demasiado lejos, y como lo comentamos en días recientes con el amigo Germán Campos en nuestro espacio televisivo, no les basta con el celular, el carro, el dinero o las prendas de sus víctimas. Es una sangrienta paradoja que para ellos la vida no vale nada, pero se empeñan en convertirla en parte del botín. Y allí entonces el saldo cotidiano de existencias truncadas y familias marcadas para siempre por el dolor de una pérdida tan absurda como irreparable.

No hay tarea más urgente en este momento que encontrar el camino para enfrentar exitosamente la delincuencia, para reducirla, para hacerle conocer el miedo a la ley, a las autoridades y a la propia ciudadanía. El Estado es el principal responsable de lograrlo, y lo es también de haber permitido que las cosas llegaran hasta este nivel. Desde el gobierno no se le prestó la debida atención a este asunto, y, contrariamente a lo que debió hacerse, hasta se satanizó la cobertura de la información de sucesos, como si con ello el problema podía desaparecer. Para poder enfrentar la inseguridad y la violencia es preciso, entre muchas otras cosas, tener claridad sobre la magnitud del problema y, por ende, acceso a toda la información con respecto a este flagelo.

No creo que sea tiempo de retrovisores en este campo, sino de asumir colectivamente una actitud proactiva, destinada a corregir graves errores en el manejo de este asunto y promover la mayor concertación posible entre todos los sectores de la sociedad para que el miedo cambie de bando y se ubique en el lado de los asesinos, atracadores y demás enemigos de la sociedad. No se debe diluir la responsabilidad del Estado, pero tampoco la ciudadanía debe estar ausente en la batalla contra el delito.

Al contrario, tiene mucho que hacer, sin sustituir ni usurpar la función policial. Hay mucha tarea en materia educativa, en el rescate de los espacios públicos, en el apoyo mutuo frente al deterioro del hogar como primera instancia a atender en la prevención de la delincuencia, y en la contraloría social de los cuerpos de seguridad.

Corresponde, en primer lugar a los poderes públicos y a todos los niveles de gobierno, actuar en consecuencia para que el impacto del asesinato de Mónica y su esposo no se diluya con el pasar de los días y la delincuencia siga actuando con la misma crueldad y libertad. Un paso en ese sentido sería ampliar el horizonte de la llamada Misión A Toda Vida Venezuela, y facilitar que a ella se sumen individualidades y sectores que no necesariamente tengan identificación política con el gobierno, y que puedan hacer aportes específicos y muy valiosos desde las más diversas disciplinas.

Esa misión, integrada con espíritu de amplitud, con real voluntad de corregir los entuertos y de escuchar otras visiones y perspectivas sobre las causas de la violencia y la criminalidad y sus posibles soluciones, sería un espacio formidable para el accionar colectivo en defensa del derecho a la vida. La capacidad de sumar voluntades será la mejor muestra de que esta vez sí va en serio el combate al crimen y la violencia.