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Pedro Conde Regardiz

Unidad o unión opositora (II)

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De la situación actual, tal vez por no haber existido, hay una gran responsabilidad de la izquierda democrática después de la muerte de Chávez; por muerta de miedo y encandilada con el neoliberalismo. Mucha gente se ha marchado de la izquierda democrática también porque no confiaba en la operatividad democrático-revolucionaria. En mi caso, no ha habido desencanto. No he vivido esta coyuntura en términos de una esperanza que se hubiera frustrado. Ya no tenía esperanza. Ya los conocía. Sin embargo, algunas gentes sí debían pensar en la posibilidad de que las cosas fueran de otra manera. De que hubiese un renacer del pensamiento progresista, de que la vida se pudiera transformar profundamente dada la pobreza, las chocantes desigualdades, el sectarismo, la impostura, la tan repetida inversión de valores y, peor aún, el cercenamiento de las libertades. La izquierda democrática se ha quedado fuera de juego, totalmente fuera de la situación. Y la centro-derecha mucho menos, representada en MUD.

Ahí está en parte la clave de la situación que padecemos. La muerte de Chávez marca un momento crucial. La oposición no actúa y menos la izquierda progresista y esta catastrófica situación es en parte la consecuencia. El único foco de resistencia al modelo cubano-comunista solamente se mantiene en los estudiantes, Voluntad Popular, María Corina Machado, que parece fundó su propio movimiento como era de esperarse y en una “mayoría silenciosa”, como diría Nixon, pasiva, que protesta diariamente en los supermercados, farmacias; se manifiesta electoralmente; duda mucho de emprender una lucha de calle al estilo de Ucrania. Es todavía más decepcionante la confusión imperante en el movimiento obrero, inactivo,  se debate entre las migajas reivindicativas del gobierno y la carencia de un liderazgo político-intelectual nacional que sea competente y corajudo para trazar estrategias. Se denuncia vagamente la chapucería del socialismo del siglo XXI, pero la pusilanimidad opositora autoriza pasos hacia el derrumbe social.

La gran mayoría de la población es conteste que este proyecto cubano-comunista no está por la democracia a la venezolana, como se vivió durante los cuarenta años anteriores al chavismo que, por lo demás,  propone una presunta democracia, espesa, indigesta. No es una cosa clara; es una cosa turbia. Ahora, lo que extraña es que, si se trata de un proyecto no democrático, haya tan pocos en la oposición con la lucidez para comprenderlo y adoptar líneas políticas y conductas realistas y viables, operativas para motivar y despertar a los ciudadanos y canalizar el inmenso descontento. Quizá, esté obnubilada también por el chorro de ingresos petroleros y se proponga cómo lograr que la salpique un poco.

Cada día se acentúa el proyecto turbio. La censura ha tomado cuerpo por doquier en la comunicación social y en el mundo cultural: hay autocensura, se cierran emisoras de radio como acaba de suceder en Barinas, se eliminan programas radiales y de televisión. Obstaculizan la presentación de artistas internacionales. Vetan obras de teatro. La censura dificulta el trabajo no solo de escritores sino el funcionamiento de toda la actividad cultural e informativa tan esencial en la vida contemporánea. Coartarla es retroceder siglos en la oscuridad del pensamiento, es el retorno a las cavernas, aunque no a las platónicas. La oposición no aprovecha esas circunstancias que le brinda el gobierno “en bandeja de plata” para realizar una política opositora ajustada a los hechos políticos que surgen de la actuación gubernamental. Hay un vacío. ¿Será que en la MUD  piensan que esta circunstancia es vivible y aceptable? ¿Será que están satisfechos conque los escritos, programas tengan que pasar por el escudriño del censor? No olvidar que durante los años democráticos fueron muchos los incidentes contra la prensa libre.

Durante los dos primeros años del chavismo se produjo una desmovilización. El proyecto era una democracia real, como postulaban todos los programas antes, durante y después del Partido Democrático Nacional (1939), era la AD de 1945, como bien me lo enfatizó Luis Miquilena cuando me incorporé a la campaña de Chávez en 1998, y recuerdo que en los medios intelectuales de AD durante los sesenta se distinguía perfectamente entre la democracia formal a la burguesa y la democracia real a la que había que acceder.  En principio Chávez tomó, heredó, el proyecto y de pronto, esa distinción desaparece, más bien fue reemplazada por el esquema cubano-comunista y se convierte en el único proyecto conveniente y necesario. La creación de un andamiaje cuasi- policial donde no se va crear nada: que no es más que la destrucción de toda la armazón donde descansa el funcionamiento de la sociedad venezolana; el cambio hacia la democracia real es un espejismo. Esto indica también hasta qué punto era poco fuerte el espíritu combativo de los intelectuales venezolanos cuando se tranquilizaban con cualquier prebenda, con esa zanahoria, como dicen los españoles, lo cual se demuestra, salvo excepciones, en la precariedad de las creaciones artísticas que no revelan en muchos casos la realidad social circundante. Pero, este evidente fracaso no significa que la aspiración hacia una democracia real sea una quimera, un sueño de no sé qué libertades. La izquierda democrática, tan desprestigiada por el seudo mensaje chavista, debería más bien ser consecuente, tomar la delantera en el debate, sufrir los embates de la impostura como la sufren los presos políticos y siempre denunciarla, desenmascararla.

Por otra parte, la MUD tiene que explicar por qué se hizo corresponsable de que el país esté donde está. Nadie duda de la corresponsabilidad de la MUD. Debería rendir cuentas, tal como se las hemos exigido a Maduro, quien arbitrariamente ha tomado decisiones respecto a la hacienda pública nacional que ahora tal vez lamentan dada la crisis fiscal, pero que parecen decisiones que no se pueden revertir; ha habido usurpación de funciones.

Siguiendo el lenguaje de las “casas de tolerancia”, acaban de realizar “encerronas” en la MUD, esto es, reuniones de casi todos los corresponsables opositores del presente desastre de Venezuela y donde discuten bizantinamente viejos zorros acerca de la salidas electorales, nombran comisiones internas para convalidar su argumentación, para esconder lo que todo el mundo presiente, el fracaso político, y nunca para averiguar la verdad. La MUD es hoy el más grande desprestigio del sistema político venezolano por su ineficacia operativa para contribuir a enderezar el rumbo del desarrollo nacional. 

 

psconderegardiz@gmail.com