• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Unidad y lucha

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Hoy la oposición venezolana tiene un gran reto por delante: no puede ni debe desmayar en su lucha por la democracia. Pero, sobre todo, la oposición requiere de la unidad como nunca antes. Debe, además, afinar su capacidad para hacer una evaluación profunda que permita identificar los errores cometidos y, a la vez, los avances obtenidos en todos los frentes.

Hay que apreciar en su justa dimensión que la unidad democrática obtuvo un poco más de 6,5 millones de votos, que representan 45% del país electoral que consciente y espontáneamente votó por un cambio en Venezuela. Esa gran parte del país exige que se mantenga la unidad.

La oposición debe reconocer el gran servicio que le ha hecho a la democracia y al país entero al competir en condiciones tan difíciles y con gran desventaja en recursos. Aunque haya ganado el Gobierno y Chávez se mantenga en el poder, ha quedado demostrado que esos venezolanos justos, democráticos y partidarios de la libertad no están solos.

Venezuela tiene una fortaleza democrática que está representada en millones de venezolanos que se oponen al abuso, al uso de los recursos del Estado para fines electorales, que respeta las reglas del juego. Con su actitud le recuerdan a Chávez que tiene en la acera de enfrente un muro de contención que denunciará todos los días sus abusos, su comportamiento totalitario y su autoritarismo.

La mayoría del país y la comunidad internacional saben que Chávez obtiene réditos electorales gracias a los altos ingresos petroleros. Pero también entienden que, a pesar de ello, su gestión pública y su capacidad de desarrollar el país no se corresponde con los ingresos exorbitantes que le han ingresado a la nación.

Si gran parte de esos recursos no hubiesen terminado en las manos de corruptos, de altos funcionarios que exhiben bienes y fortunas que son imposibles de alcanzar con los sueldos de la administración pública, serían visibles los beneficios reales que el pueblo obtendría de esa inmensa fortuna que llega a las arcas del Estado.

Los venezolanos podríamos tener un país más próspero, sin tanta miseria, con mejores servicios y con una infraestructura moderna. Pero carecemos de un gobierno que tenga como responsabilidad cotidiana resolver los grandes problemas del país y no engañar al pueblo con una dádiva preelectoral, usando para ello lo que de por sí le pertenece al ciudadano.

No son pocos los venezolanos que le sumaron votos al chavismo por la vía del engaño y bajo la amenaza de perder los beneficios de las misiones. Qué impotencia produce ver que todavía se utilizan expedientes de la más baja calaña para alcanzar objetivos electorales.

Los venezolanos deben entender que la riqueza de la nación es de todos y que la obligación de quienes la administran es repartirla sin exclusión y sin pedir nada a cambio. Los gobiernos trabajan para los pueblos, no al contrario.