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Sergio Dahbar

Últimas noticias sobre el perdón

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En los últimos días del año 2013 aparecieron noticias sobre el indescifrable acto de perdonar al otro. Algunas de esas acciones llegan tarde y están impregnadas de injusticia. Otras revelan estrategias políticas de largo alcance, que merecen ser atendidas con cuidado.

Ubiquémonos por un momento en Inglaterra. La reina Isabel rehabilitó a Alan Turing el pasado 24 de diciembre, al firmar una orden de Gracia y Misericordia, suerte de perdón a título póstumo. Fue uno de los científicos más trascendentes del siglo XX, penalizado en su época por homosexual.

El primer ministro, David Cameron, declaró que era “un hombre extraordinario”. Turing (1912/1954) fue un precursor de la computación al acortar el camino hacia el desarrollo de los ordenadores personales.

Su otro hallazgo notable fue haber descifrado el código Enigma, utilizado por los nazis para enviar mensajes cifrados a sus aliados y jerarcas militares. Con este descubrimiento, salvó muchas vidas en la Segunda Guerra Mundial y acortó la contienda dos años.

Fue un matemático brillante y un deportista insigne. Le gustaba competir contra los autobuses donde viajaban sus colegas, cuando se dirigían a congresos científicos.

Pero la sociedad británica no estaba preparada para tolerar su homosexualidad. Se enamoró de un muchacho desempleado de 19 años y fue juzgado en 1952. No fue a prisión, porque aceptó la alternativa de la castración química que le ofrecieron las autoridades.

Dos años más tarde se suicidó al comerse una manzana impregnada con cianuro potásico. Para ciertos analistas, el símbolo de Apple es un homenaje a su genio.

El otro caso curioso de perdón otorgado por un gobierno controversial es el de Rusia. Vladimir Putin acaba de firmar una amnistía, para celebrar 20 años de la Constitución rusa. En ese perdón inesperado salieron de la cárcel las integrantes del grupo punk Pussy Riot (María Aliójina y Nadezhda Tolokónnikova), el magnate petrolero Mijail Jodorkovski y 30 ecologistas de Greenpeace.

Así lo anotó la corresponsal de El País en Moscú, Pilar Bonet: “Sea cual sea el cálculo existente detrás del indulto, se trata de un gesto generoso que va en sentido contrario a la mezquindad y la furia que Putin ha mostrado”.

El episodio inglés es tan rancio e inapropiado como la realeza que decidió firmarlo. Tiene el sello de una sociedad que suele atender demasiado a las apariencias y es muy injusta en sus juicios hacia los demás.

Lo de Turing fue una monstruosidad que habla de la intolerancia existente en Occidente a mediados del siglo XX con las escogencias sexuales. Y cuesta lavarlo con una orden de Gracia y Misericordia que llega con cincuenta años de atraso.

El caso ruso posee aristas más complejas. Podría considerarse que la amnistía le sirve a Putin para salvarse de ser criticado en medio de unos próximos juegos olímpicos que son su taza de plata, los de Sochi que se celebran en invierno, febrero 2014.

De todas maneras, no es poca cosa dejar en libertad a unos enemigos de alto calado que seguirán siendo críticos frente a un gobernante autoritario.
Para muchos analistas, las intervenciones de Putin en conflictos como los de Siria o Irán han resultado significativas. Esta amnistía que nadie imaginaba le permite cerrar un año con el juego a su favor.

Los perdones otorgados por los gobiernos de Inglaterra y Rusia este fin de año tienden curiosamente su sombra sobre Venezuela, una nación a la espera de una decisión que el gobierno de Nicolás Maduro no ha podido dar hasta el día de hoy.

Se trata de la liberación del preso político Iván Simonovis, que ya lleva nueve años en prisión, y que se encuentra severamente enfermo en una cárcel militar, como lo han establecido ocho médicos consultados por las autoridades.