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Alberto Navas Blanco

La UCV en el proceso histórico venezolano

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El nacimiento mismo de la Universidad de Caracas, el 22 de diciembre de 1721, representó uno de los acontecimientos de mayor importancia de todo el periodo colonial venezolano, comprendido entre los siglos XVI y principios del XIX, tratándose este de un proceso muy complejo, que significaba principalmente el que la sociedad colonial venezolana había alcanzado un grado de madurez interna que le permitía aspirar y obtener del rey Felipe V la aprobación de la elevación del Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima hacia el estatus de Real Universidad de Caracas (luego también Pontificia por Bula de Inocencio XIII de 1722), todo ello impulsado por una sociedad políticamente liderada por alcaldes y regidores del ayuntamiento caraqueño, el rector y los profesores del antiguo Colegio de Santa Rosa de Lima, el obispo su jerarquía eclesiástica, productores agrícolas, comerciantes y funcionarios españoles, todo ello en concordancia con los cambios y las reformas con los que la dinastía de los Borbones pretendió reorganizar y modernizar España y sus posesiones ultramarinas. Cambios que se expresaron en nuestra Venezuela con innovaciones representadas tanto en la creación de la nueva universidad, como con la fundación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas en 1728 y de la Capitanía General de Venezuela en 1777. Conjugándose todo ello en las bases estructurales internas y externas de la nueva nacionalidad venezolana que ya estaban preparadas para asumir la senda independiente y republicana a partir de la crisis iniciada en 1810. Entre 1725 y 1821 la Universidad de Caracas, hoy UCV, graduó 2.756 de sus estudiantes, bachilleres, licenciados, maestros y doctores, conformándose el grupo profesional sobre cuyas bases se construyó el proceso de la independencia y las instituciones republicanas. Desde Andrés Bello y Francisco de Miranda hasta Juan Germán Roscio y José María Vargas, entre muchos próceres, pasaron por las aulas de la universidad caraqueña, ilustrando al resto de la sociedad sobre el camino y las instituciones necesarias para superar la crisis de la emancipación.

El conflicto emancipador que abarca para Venezuela el periodo entre los años de 1810 a 1821, comprometió a la Universidad de Caracas a liderar un proceso, civil antes que militar, que junto al protagonismo del Ayuntamiento de Caracas, se desarrolló principalmente como un movimiento reivindicador de la soberanía venezolana en un ámbito de gradual evolución política desde la actitud conservadora de los derechos de Fernando VII el 19 de abril en 1810 hasta la declaración plena de la independencia republicana el 5 de julio de 1811. En manos de los civiles munícipes y universitarios se levantó la Primera República y, dolorosamente, en manos militares se perdió en 1812 con eventos como los de de Puerto Cabello, Coro y San Mateo. Por ello, en la sesión del Claustro Pleno Universitario del 9 de julio de 1811 la Universidad de Caracas se incorporó, bajo la presidencia del rector Dr. José Vicente Machillanda, a reconocer y respaldar: “La independencia absoluta de la Provincia de Venezuela de toda otra potestad que no emane de la voluntad libre y general de sus pueblos”, y se emitió un acta que reposa hoy en el Archivo Histórico de la UCV, cuyo gran valor jurídico y político llevó, el 30 de septiembre de1812, a que el capitán Domingo Monteverde, jefe militar de las fuerzas realistas que reconquistaron Caracas, presionara al claustro universitario para tachar de sus libros el contenido proindependentista de la trascendente acta. El valor del pronunciamiento universitario radicaba no solamente en el peso específico de la institución en el contexto nacional e internacional, sino en la cualidad supletoria que dicha acta encarnaba con la desaparición física del Acta original de Independencia emitida por el Congreso de 1811. En suma, debemos destacar que la universidad puso sus hombres: estudiantes y catedráticos, sus espacios: la capilla y las aulas universitarias y su opinión institucional a favor de la causa republicana, liberal e independiente. Todo ello a un elevado costo en vidas, cárcel y exilio, sin detenerse en el cumplimiento de sus actividades académicas, pues egresaron entre 1811 y 1821 la cifra de 225 graduados, lo que contrasta con la mayoría de las universidades hispanoamericanas que permanecieron cerradas durante las fases más agudas del conflicto emancipador.

Consolidada la independencia política de Venezuela en 1821 y separada luego de 1830 del fallido proyecto bolivariano de la llamada Gran Colombia, la Universidad Central de Venezuela asume lentamente un proceso de adaptación al modo de vida republicano, iniciado formalmente con la aprobación de los nuevos Estatutos Republicanos de 1827, elaborados por el claustro y por el Poder Ejecutivo nacional asumido entonces por un Simón Bolívar que hacía su última visita a Caracas. Una nueva universidad autónoma en instituciones y recursos se perfilaba bajo la guía rectoral del Dr. José María Vargas en la década de 1830 y que se proyectaría hasta la década de 1870, con el rectorado del Dr. Alejandro Ibarra hacia una nueva etapa de contradicciones, siendo un tiempo cuando la vida universitaria empezó a crecer y desarrollarse en el número de profesores y estudiantes, lográndose entonces la extraordinaria suma de 4.097 graduados entre 1870 y 1900. Este ambiente de crecimiento, pero también de desarrollo crítico, cientificista y experimentalista, animado en parte por el ambiguo modelo de positivismo asumido por los académicos venezolanos, desde Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio hasta Luis Razetti y Elías Toro, entre muchos, ambiente que no se correspondió en el contexto político nacional, sin cortar con un clima de libertad ciudadana ni de evolución democrática, pues contrariamente a ello, se iniciaba con el régimen del general Antonio Guzmán Blanco y seguido con el del general Joaquín Crespo, entre 1870 y 1898, el establecimiento en Venezuela de una “tiranía liberal”, bajo cuya sombra la universidad sufrió el despojo de su autonomía y de su patrimonio material heredados de tiempos coloniales y de los inicios republicanos. Tales despojos fueron precariamente compensados por remodelaciones en las edificaciones y algunos decretos y recursos presupuestarios; ante lo cual la UCV respondió con el arma de la protesta cívica con movimientos estudiantiles tan recordados como la “Delpinada” en 1885 y finalmente con  las violentas manifestaciones de 1889 cuando ciudadanos y estudiantes derribaron las estatuas erigidas en adulación a la tiranía guzmancista. La resistencia universitaria a los regímenes autoritarios estaba naciendo en la Venezuela de fines del siglo XIX.

El temprano siglo XX, aparte del terremoto de 1900, no trajo para Venezuela cambios significativos en lo relativo a la dirección hacia la modernidad y la democracia, pues al contrario de ello, la Revolución Liberal Restauradora de 1899 insertó en el poder a los tiránicos caudillos andinos hasta 1935, y se profundizaron con los generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez los mecanismos de opresión, como lo fueron la clausura de la UCV, la cárcel, el exilio, la tortura y la muerte contra sus opositores, llegándose hasta unos límites inéditos. Con base en la experiencia de los tiempos de Guzmán y Crespo, la Universidad Central respondió nuevamente con manifestaciones cívicas de protesta de intensidad creciente, desde la recordada “Sacrada” de 1901, las protestas y huelga universitaria contra las reformas del rector Guevara Rojas en 1912, el apoyo al golpe cívico/militar de 1919, la rebelión de los tranvías eléctricos de 1921 y finalmente la revuelta estudiantil de 1928. Aunque el saldo de más de tres décadas de cruenta lucha no logró demoler las estructuras tiránicas, sí dejó los líderes, las bases conceptuales y prácticas para el desarrollo posterior de la cultura política moderna y democrática que se establecería progresivamente en el poder en Venezuela de 1936 en adelante. Son los nombres de líderes de origen universitario y de la Federación de Estudiantes de Venezuela, los que encabezan los primeros pasos de la política moderna y de la incorporación democrática de las masas en el juego del poder. No se trata de recordar solamente las figuras de Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt, entre otros de la llamada Generación de 1928, sino principalmente destacar la importancia de la incorporación de los 3.321 egresados de la UCV, entre 1901 y 1935 a los diversos ámbitos de la vida nacional, llevando cada uno de ellos el espíritu ucevista y sus conocimientos científicos, técnicos y humanistas en pro de la verdadera transformación de Venezuela. Caudillos y militares tuvieron desde entonces que enfrentar esa nueva alternativa política real.

Reforma y revolución como medios y con las metas de la  modernidad y la democracia, acompañaron la evolución política y universitaria venezolana desde 1936 hasta la primera década del siglo XXI, podemos señalar que el principal aporte de la UCV a estos procesos radica en los 216.686  egresados de pregrado y posgrado que han salido del Paraninfo o del Aula Magna entre 1936 y 2009, cifra asombrosa si la comparamos con los apenas 23.000 que se graduaron en los 2 siglos anteriores. Las reformas universitarias que se iniciaron desde 1937 bajo el rectorado del Dr. Antonio José Castillo apuntaban hacia la gradual recuperación de la autonomía universitaria y la modernización científica de los estudios en un ámbito estructural pensado en el contexto material de una ciudad universitaria. Aunque el medio nacional entre 1945 y 1958 expresó avances y retrocesos políticos contrastantes, la dinámica universitaria no se detuvo, ni siquiera con el paréntesis obscuro de la dictadura militar del general Pérez Jiménez, aunque ya el centro principal de la política nacional universitaria no era solamente la UCV, pero sí los ucevistas estaban presentes en todas las instancias de la nación, en todos los gabinetes de gobierno desde 1958 hasta 2015, en todos los estados y municipios, en todas la universidades públicas y privadas que directa o indirectamente son herederas de la UCV, en todos los partidos y tendencias políticas, en toda la prensa escrita y audiovisual. En suma, el sistema universitario venezolano, y principalmente la UCV, cuentan con la tradición y medios académicos acumulados por 3 siglos de historia, para aportar elementos constructivos para la superación de los grandes problemas nacionales, tanto en el sentido político para salir de la crisis de gobierno que nos aqueja desde la década de 1990, como en el terreno de las gravísimas amenazas que nos apuntan desde el campo energético, ambiental, alimentario, habitacional y de la seguridad interna y externa. Tarde o temprano, como en 1810, 1889, 1928 y 1958 una nueva generación cívica y universitaria asumirá el reto que le corresponde.  

 

*Prof. titular Escuela de Historia UCV.

alberto.navas@ucv.ve