• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

La UCV como espejo

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Lo ocurrido en la Universidad Central de Venezuela es una muestra en pequeño de lo que puede pasar a gran escala en todo el país si no atajamos a tiempo la violencia y nos disponemos a entender, de una buena vez, que el camino hacia la paz es un diálogo sincero y descarnado, pero a la vez dirigido a solucionar con voluntad y firmeza el conflicto político que nos divide.

Quienes no andamos encapuchados ni utilizamos armas de fuego, ni tenemos escoltas ni nos amparamos en el anonimato estamos en desventaja frente al extremismo de cualquier signo. Solo una ventaja tenemos, y puede hacer la diferencia. Somos mayoría, más allá de cómo pensemos, de cuál sea nuestra postura política.

Como ucevista nos duele que nuestra máxima casa de estudios sea escenario de violencia, de irrespeto a la integridad física del otro, de acciones aberrantes como el ataque contra periodistas y el robo de sus equipos, o el sadismo de quienes atacaron a un joven y lo despojaron de su ropa. También es repudiable que gente armada entre en la universidad y pretenda, pistola en mano, imponer su ley. Esos individuos armados, sean chavistas u opositores, tienen que ser detenidos y procesados por la justicia.

Ni capuchas ni pistolas, ni ataques a balazos, batazo o tubazos pueden ser justificados bajo ninguna circunstancia. Espero, por ejemplo, que al momento de aparecer estas líneas, el individuo que fue visto pistola en mano dentro de la UCV, y de quien existen suficientes gráficas para identificarlo, sea sometido a la justicia, tal y como lo expresara el propio presidente Nicolás Maduro. Lo mismo digo con respecto a los responsables de las agresiones físicas contra estudiantes, sin importar a cuál corriente pertenezcan agresores y agredidos.

Frente a este tema de la violencia y la irracionalidad se impone la coherencia de todos los actores que se declaran dispuestos al diálogo y a la búsqueda de acuerdos en el marco de la Constitución. Pierde fuerza una autoridad nacional, regional, municipal o incluso universitaria que condene la violencia en el bando contrario a sus ideas y sus principios si se hace el “paisa” frente a los desmanes de quienes le son afines.

Creo en el derecho a la protesta pacífica. Los estudiantes, al igual que cualquier sector social o político, tienen derecho de marchar y a manifestar su descontento, en el marco de lo que dice expresamente la carta magna. Lo que no avalo es que sectores que están empujando al país a escenarios de mayor violencia insistan en que cualquier acción pacífica derive hacia formas de lucha que provocan la represión de los organismos de seguridad. ¿Se debe permitir, por ejemplo, que manifestantes “pacíficos” quemen y destruyan lo que les venga en gana en nombre de una supuesta “salida”? ¿Para quién trabajan los cerebros de estas acciones?

Es un inaceptable chantaje el pretender que todo aquel que critique las guarimbas, que cuestione la destrucción de bienes públicos y la imposición de una forma de lucha violenta y tan autoritaria como lo que se le critica al gobierno se vendió, lo compraron, bajó la cabeza o es un doble agente del “régimen”.

Hay que cuestionar con firmeza y decisión los abusos, excesos y atropellos que cometan los cuerpos de seguridad del Estado en la represión de las protestas pacíficas e incluso las violentas. Pero ya basta de justificar esas acciones que buscan convertir el país en un gran río revuelto. La viabilidad de una alternativa de poder, realmente democrática, distinta al chavismo se cierra con la violencia. Las guarimbas terminarán siendo la tumba de aquellos liderazgos y movimientos que no sean capaces de deslindarse con decisión y coraje.

 

Gustavo Rodríguez

Nuestro homenaje y reconocimiento a ese gran actor, gran venezolano y gran ser humano que fue Gustavo Rodríguez. En pocos casos, y este es uno de ellos, puede decirse sin temor a equivocarnos que el vacío que deja su muerte será muy, pero muy difícil de llenar.