• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

José Rafael Avendaño Timaury

Twitter

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los aborígenes, en épocas remotas, poseían determinados medios, como las señales de humo, para comunicarse entre sí cuando mediaban distancias considerables que impedían el intercambio verbal o gestual. La tecnología actual ha dotado una manera expedita, muy corta, para expresar en pocas palabras las ideas, y hacerlas públicas. El lunes de carnaval la página web oficial de la MUD publicó un artículo, casi un ensayo, del constitucionalista José Vicente Haro. El martes, Ramos Allup expresó que existían mejores soluciones que el revocatorio para solventar la crisis política que nos agobia. Ambas opiniones, una extensa y la otra breve, la conocimos por intermedio del pajarito azul que nos informa (¿globos de ensayo?) al instante de “verdad-verdad”. El adelanto informativo puntual de la estrategia y táctica adoptada, aparentemente, por la “Mesa de la Unidad” no se hizo de manera directa. Se realiza de manera escalonada, sibilina, a cuenta gotas, casi conforme a lo dispensado mediante dosis homeopáticas. Los estrategas mudistas decidieron que la forma idónea para conjurar la Crisis Nacional es por intermedio de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, y/o, según Velásquez –disidente de hecho– de enmienda constitucional para reducir el periodo. Espero los tweets de Capriles, Borges, López, Ledezma, Márquez, Falcón, y Machado para tener la película más clara aún. Si triunfa la peregrina, impropia y dañina tesis; vale la pena preguntarse, por cultura general: ¿Los actuales diputados podrán ser electos en la nueva Asamblea Nacional Constituyente?

Del escrito del Dr. Haro refutaré brevemente su admonición acerca del conflicto entre poderes (cándidamente establece que no sería entre los poderes constituidos sino entre el poder constituyente y el poder constituido, el TSJ) y uno de sus asertos: “…Las vías planteadas son engorrosas y, algunas, como el referéndum revocatorio hasta riesgosas, y pueden tardar entre seis meses y un año, o más, lo que es mucho tiempo para un país que se está muriendo de hambre… En mi opinión la otra vía que también resulta expedita es la que establece el artículo 348 de la Constitución, por la cual, la AN, con el voto favorable de las dos terceras partes de sus miembros, es decir, con mayoría calificada, convoque a una asamblea nacional Constituyente. Esto podría darse en tres meses aproximadamente…”. (¿…?).De igual manera me referiré a lo vislumbrado por el Dr. Ramos. Para hacerlo me basta con desempolvar los conocimientos adquiridos a través del estudio de la geometría en el primer año de bachillerato: “La distancia más corta entre dos puntos se traza por vía recta” (sin curvas ni vericuetos, agrego yo). Ante la sublime manifestación emergente; producto de lucubraciones realizadas por novísimos “demiurgos” venezolanos –académicos unos, practicantes de políticas de gabinete otros– en plena acción y en pleno desarrollo no queda sino el asombro ante la alucinante actividad dialéctica y fabuladora de algunos.

…La premisa para entender la crisis venezolana está asentada por la certidumbre del predominio totalitario ejercido por el Poder Ejecutivo sobre los demás poderes (exceptuando a medias el poder legislativo, aunque ya impunemente mediatizado por constantes maniobras de tinterillos) cuyo instrumento fundamental de implementación es el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a través de sus diversas salas (la Sala Constitucional –11/02/2015– regurgitó un nuevo bodrio mediante torticera sentencia otorgándole a la Asamblea Nacional el triste papel de “convidados de piedra”). Piensan que al disponer del uso discrecional e impropio en el caprichoso manejo de la justicia; a la diestra, y disponiendo del poder coercitivo del Estado con la fracción de la fuerza armada afecta al régimen, en concordancia con los irregulares colectivos, armados de manera hamponil, a la siniestra, le es suficiente para mantenerse en el poder. ¡Así de simple!

Aceptando que la crisis nacional es producto del mal manejo de la cosa pública, ejercida por los dos últimos presidentes; cabezas y únicos responsables de las actuaciones del Poder Ejecutivo, en sus aspectos económicos, sociales y políticos. Esta inexcusable e indelegable responsabilidad está sujeta a corrección mediante la aplicación de lo establecido en el artículo 6 de la CN (“mandatos revocables”). Su aplicación no puede ser tildada de subversiva y/o engorrosa. En manos del soberano recae la única responsabilidad de revocar mandatos cuando los mismos dejan de satisfacer a las mayorías nacionales.

Resulta entonces que algunos académicos, concertados con políticos pragmáticos están en vías de lograr que el “parto de los montes” se realice felizmente a su manera: La crisis no se resuelve con la salida constitucional de Maduro en primera y única instancia. Es menester zambullirse en un complicado “proceso constituyente”: la Asamblea nacional lo declarará. El Consejo Nacional Electoral actual lo administrará y el Poder Ejecutivo y sus apéndices subalternos (TSJ, DP, CGR etc.) lo acatará mansamente. Haro dixit: “Una vez instalada la Asamblea Constituyente tendría la posibilidad, y ya esa es una decisión política si la ejerce o no, de sustituir a los titulares de los poderes públicos, incluyendo al presidente o vicepresidente de la república. Allí estaría dado el cambio o sustitución del gobierno. Luego de eso, seguiría trabajando en la redacción de la nueva Constitución, cosa que se puede llevar como mínimo otros seis meses”. Además de los cuatro meses requeridos para la convocatoria, campaña y elección de los constituyentes, serían más de diez meses –al decir del constitucionalista, apuntalado por el presidente de la AN– los necesarios para tener nuevo presidente y vicepresidente. Se habrán discutido y aprobado, con la “sindéresis” del caso; por lo menos, 350 artículos de la nueva Constitución Nacional, cuyo producto es una especie de carta magna “pret a porter”.¡Se requerirá de más de un efectivo “supositorio de pólvora” para acelerar los tiempos y logarlos objetivos!... (Por cierto, este último artículo está vigente, y, conjuntamente con el Art. 25 CN, es susceptible de aplicación inmediata si los hechos y la testosterona así lo aconsejan). Mayor insensatez resulta imposible imaginar. Se distraerá, bifurcando la ruta con nuevas opciones, el objetivo fundamental requerido. Se abrirán de nuevo las compuertas contentivas de viejos procederes hartamente conocidos en un nuevo periplo de creaciones constitucionales puntuales, apresuradas y ajustadas a los caprichos de los politicastros de turno; similares a lo acontecido en dos siglos de triste historia republicana.

…Venezuela cuenta aún con reservas morales arraigadas –algunas adormecidas, otras soslayadas– aptas para denunciar de manera personal u orgánica los despropósitos políticos a ser aplicados por la MUD; por ¡erráticos e impropios! ... Esta organización pretende eliminar, permítaseme la metáfora, una culebra venenosa que cohabita y comparte fechorías con alimañas de menor cuantía; pero que conviven de manera inarmónica, por delictual, con una mayoría de ciudadanos a carta cabal en un amplio terreno fértil, venido a menos, cultivado a medias, aún con árboles frutales, con fuentes de agua propia y con clima propicio para la cabal siembra y cosecha productiva. Se pretende, prolongando irresponsablemente los tiempos, erradicar las sabandijas mediante la tala y la quema indiscriminada y desproporcionada del terreno. En el ínterin, prolongando y agravando la caótica situación, se “cuecen habas” y se perfila la preeminencia de intereses subalternos.

Convocar el referéndum revocatorio, para precautelar, como lo establece sabiamente la CN. El CNE redimensionado con independencia política plena; utilizando las capta huellas para evitar las dudosas “firmas planas” que seguramente argumentará el oficialismo; obviando las demás pillerías aplicadas con éxito en otros tiempos para retardar el proceso. ¡Es lo pertinente!... La objetividad nos indica que revocar es la única vía expedita y concreta. Las demás, recordando nuevamente los principios geométricos, son senderos oblicuos. La consigna política fundamental no puede ser más simple, por clara, y a su vez didáctica: ¡nuevo gobierno ya! …La consciencia nacional no necesita de mayores argumentaciones y especulaciones al respecto, porque sabe y le consta que no existe solución alguna que no transite ineluctablemente por la salida constitucional de Maduro y su combo. El pueblo debe tomar, con los medios democráticos apropiados, la calle –acompañando a los dirigentes, establecidos y/o sobrevenidos que estén dispuestos– haciéndola suya, ejerciendo sin complejos la inaplazable presión social para procurar de manera armónica, combativa y republicana el cambio de gobierno.