• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Editorial El Comercio. Perú

Tumba expuesta

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El primero en denunciarlo internacionalmente fue el ex presidente de Colombia Andrés Pastrana, pero la existencia de una prisión subterránea en la que el gobierno de Nicolás Maduro retiene y tortura, desde hace cinco meses, a tres estudiantes que participaron en las protestas pacíficas del año pasado, era conocida hace algún tiempo.

La cárcel, denominada La Tumba, está 5 pisos por debajo de la superficie y es llevada por el Sebin. En las 7 celdas no hay ventanas, ni luz o ventilación natural. De piso y paredes blancas, cada celda mide 3 por 2 metros, lo que apenas deja espacio para una cama y una mesa de cemento, también blanco. Salvo el gris de las rejas, en realidad, en la prisión no hay otro color. Los detenidos pasan las 24 horas del día sin salir al exterior ni comunicarse entre sí, vigilados por las cámaras de video y los micrófonos de la policía.

Los tres estudiantes que hace meses viven en esas condiciones son Lorent Saleh, Gabriel Valles y Gerardo Carrero. Y según Tamara Sujú Roa, del Foro Penal Venezolano, las múltiples denuncias de los abogados y familiares de esos jóvenes no han impedido que el Sebin continúe sometiéndolos a torturas tan crueles. Por ejemplo, durante el primer mes de reclusión, les dejaron una luz blanca permanentemente encendida para que así perdieran la noción del tiempo. De noche, cuando quieren castigarlos, ponen el aire acondicionado a cero grados.

Cabe preguntarse: ¿además de la exhibición de poder, tienen acaso alguna utilidad tales torturas? Para el abogado Omar Mora Tosta, de la ONG Justicia y Proceso, el propósito de La Tumba no es otro que practicar lo que en derecho humanitario se conoce como la “muerte blanca”; vale decir, el quebrantamiento de la voluntad de los detenidos para obligarlos a firmar documentos en los que se declaran culpables y comprometan a terceras personas. Una práctica de reminiscencias estalinistas.