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Oswaldo Álvarez Paz

Tristeza y preocupación infinitas

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Escribo bajo el impacto del primer boletín del CNE. No puedo ocultar la profunda tristeza que me embarga. Esperaba otros resultados, aunque lo ya conocido no me sorprende. Los mismos factores que determinaron la reelección de Chávez, las mismas autoridades electorales, el mismo ventajismo oficial tan descarado como inmoral y contrario al ordenamiento jurídico, la misma parcialidad de los jefes militares, idénticas actuaciones de los colectivos al servicio del régimen, similar parcialidad de los medios de comunicación oficiales, malversación y peculado de uso a discreción, pero todo elevado a la enésima potencia desde los grandes centros urbanos hasta en los más alejados municipios y parroquias hicieron posible esos resultados. También hubo fallas severas en el campo opositor, pero este no es el mejor momento para plantearlas y analizarlas.

Felicito a los compatriotas que obtuvieron triunfos en sus estados, aun en las condiciones señaladas. Tienen obligaciones muy serias para con quienes los eligieron, para con el país democrático del cual pasan a ser la vanguardia visible. Pero todo cuanto vemos ratifica la visión de un profundo drama existencial para muchos compatriotas. No exageramos al decir que se trata del destino de esta nación insólita. No hay precedentes en la historia contemporánea de un mayor grado de descomposición material, política y ética de la República que en este tiempo. De doce militares postulados por el PSUV fueron elegidos once, lo cual contribuye al proceso de inversión de valores que señalamos. Muere el constitucionalismo y como consecuencia el civilismo.

A lo señalado debemos agregar la situación personal de Chávez relativa a su enfermedad. Afirmada y negada, manipulada en grado superlativo a lo largo de más de año y medio de disimulo, mentiras teatrales hasta que la realidad se ha mostrado en toda su estatura. En caso de sobrevivir, reconociendo la gravedad de esta recaída y con sus propias palabras, quizás no esté en condiciones de asumir la Presidencia el 10 de enero de 2013. Ha designado sucesor al inefable Nicolás Maduro, el hombre de Cuba, severamente cuestionado hasta en sus propias filas.

La situación es dramática. La oposición había controlado los gobiernos de los estados más importantes en población. La meta era ampliar ese poder como muro de contención a un poder nacional desbocado por el socialismo comunistoide que lo alimenta. Todo está paralizado. No habrá reposo en Navidad. Los demonios se están soltando, especialmente en un oficialismo que teme el chavismo sin Chávez que se anuncia. En la oposición también hay movimiento en medio de graves incertidumbres. En fin, los demonios de uno y otro bando existen y hay ambiciones desbocadas que pueden entrecruzarse. Me siento como un extraterrestre en la política actual. Seguiré a mi manera, como hasta ahora.