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Raúl Fuentes

Triste, solitario y final

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El año pasado, en estas mismas páginas y basado en conjeturas y proyecciones ajenas, me atreví a pronosticar algunos hechos que, pensaba, podrían haber ocurrido en nuestro país en el año que agoniza. Desgraciadamente, dada la comprobada ineficiencia de la mayoría de los funcionarios encargados de administrar la cosa pública, esos vaticinios se patentizaron en términos más dramáticos que los aventurados por mí; en razón de ello, y para no arruinarles las fiestas a quienes tengan a bien leer estas líneas, nos abstendremos de oficiar de augur, sobre todo porque no estamos facultados para interpretar el trino de los pájaros, e intentaremos, en lugar de presagiar lo que ha de acontecer, revisar, aunque sea someramente, lo que sucedió.

Triste, solitario y final es el título de una novela, la primera, del escritor argentino Oswaldo Soriano publicada en 1973. Tomado de una frase de otra novela, El largo adiós de Raymond Chandler, ha sido objeto de numerosas referencias de la crítica especializada por su carácter intertextual; Triste, solitario y final podría, así mismo, encabezar la fugaz crónica de las glorias, miserias y vicisitudes que signaron este año de fatídico terminal.

Para el gobierno, y quizá a consecuencia de eso se gestó el Viceministerio para la Suprema Felicidad, fue triste, muy triste por la desaparición de Chávez, aunque esta, seamos sinceros, no afligió sino a sus seguidores y propició cataratas de lágrimas de cocodrilo; fue también solitario, porque quienes detentan el poder, y lo ejercen como si la mitad de la población no existiese, se empeñan en conducir a Venezuela por derroteros ajenos a la vocación democrática y libertaria de sus nacionales y a contracorriente de la historia; y, además, final, porque de alguna manera Maduro y su combo, apelando al diálogo como artimaña publicitaria y maniobra de distracción, no pudieron ocultar y, por el contrario, dejaron ver con enceguecedora claridad que la cuestión de la gobernabilidad es más espinosa de lo que podemos imaginar y de allí ese último pataleo (recomendado por La Habana y ordenado por Fuerte Tiuna) que presumen acaba con el cuestionamiento de la legitimidad del jefe de gobierno.

Quienes adversan la ya decadente revolución castrobolivariana y se entusiasmaron con la campaña de la unidad y el impetuoso avance de su candidato, fueron presa del desconsuelo, y también de rabia y frustración, por el arrebatón auspiciado por el CNE en una actuación tan parcial que autoriza a calificar de fraudulenta la victoria obtenida por Maduro, cuya candidatura misma era violatoria de la Constitución; poco o ningún eco tuvo la denuncia de fraude formalizada por las fuerzas unitarias ante instancias internacionales, de modo que se trató de un postrero clamor en el desierto, un triste, solitario y final canto de cisne que da pábulo a plantearse otras opciones, además de las electorales, para hacer sentir el peso de la disidencia y que, mediante el debate abierto y constructivo por parte de los partidos que integran la MUD, logre entusiasmar y convocar a las masas para transitar una ruta concluyente en la recuperación de la democracia y el Estado de Derecho.

Aunque parezca discordante con nuestro inicial propósito de eludir la nigromancia y la adivinación, podemos presentir que el año por venir no presagia nada bueno y que tal vez haya que ponerse las alpargatas porque lo que viene es joropo. Mientras tanto, no podemos dejar de pensar que los errores y omisiones de hoy no serán fácilmente enmendados mañana, una reflexión que tiene que ver con el apático proceder de las autoridades frente a un más que justificado indulto a compatriotas encarcelados en degradantes condiciones o aventados al exilio por el solo hecho de haber actuado de acuerdo con los dictados de su conciencia.

Se va un año signado por la polarización y a lo largo del cual la camarilla roja dilapidó buena parte de los cada vez más escasos recursos de la hacienda pública en el financiamiento de trapisondas para engañar a incautos y comprar adhesiones pane lucrando, como pudiera haber dicho fray Gerundio de Campasas, y que, con la complicidad de algunos comerciantes movidos por la avaricia, propició una descomunal escalada de precios maquillada con descuentos fríamente calculados para triplicar los márgenes de ganancia y una escasez aguda cuya consecuencia se hace notoria en esos anaqueles que, en su momento, Maduro mandó a vaciar, sin advertir que ni queriendo podrían reponer los inventarios a tiempo para evitar que las Navidades y los festejos de año nuevo tuvieran este sabor triste, solitario y final.