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José Rafael Avendaño Timaury

Travesía

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Transcurrió el mes de enero inmerso en vientos de fronda. Las expectativas generadas el 6 de diciembre y consolidadas, en principio, el 5 de enero no terminan de cimentar el camino apropiado para solventar la crisis nacional de manera global. Luego de los escarceos iniciales nos encontramos, no tan súbitamente, navegando en el Mar de los Sargazos. La “calma chicha” propiciada por los actores principales del drama venezolano así lo ha decidido. El gobierno remedando gobernar con aparente normalidad; incluido un viaje inaudito al exterior de su cabeza formal. La AN, por su parte, utilizando los medios pautados por la Constitución. El desbarajuste se profundiza: desabastecimiento de todos los bienes y el aumento diario del alto costo de la vida. La inseguridad personal y jurídica haciendo estragos en la población. El Poder Ejecutivo, por sí mismo, y a través de sus órganos subalternos (TSJ, CNE, FGR, CGR y DP) instrumentando la ficción de que vivimos en un régimen republicano y en democracia participativa plena. (Para Ripley: Un tribunal, a instancias de la FGR otorgó medidas de protección al coronel de Ramo Verde. ¡La sevicia es su divisa!). La oposición organizada –la MUD en primera instancia– continúa (había anunciado la proposición concreta para la obtención de un ¡nuevo gobierno! en seis meses por vía constitucional) sin señalar la propuesta política fundamental para salir del atolladero. Hasta ahora, es entendible de manera parcial Se han cumplido determinados actos parlamentarios de mero trámite. Necesarios e imprescindibles sin duda alguna. Otros, derivados de la propia actividad administrativa del cuerpo; como la implementación de las llamadas visitas guiadas a escolares bajo la dirección de la señora del presidente. Me preocupa el atraso del acto parlamentario a tomar relacionado a la libertad de los presos políticos y el retorno de los exiliados. Esta genuina actividad legislativa, de indiscutible talante político, no debe seguir siendo pospuesta.

La responsabilidad es un atributo fundamental para la conducta humana e institucional. Todos somos responsables de lo que hacemos y decimos y debemos responder por las consecuencias de los mismos. “El ejercicio del Poder Público acarrea responsabilidad individual por abuso o desviación de poder o por violación de esta constitución o de la ley” (Art. 139 CN). El Estado es responsable (Art. 140 de la CN) patrimonialmente por los daños que sufran los particulares si el mismo es imputable a algún funcionario. La Constitución Nacional es reiterativa del llamado principio de la responsabilidad porque la define y sanciona a los infractores por su incumplimiento. De igual manera señala expresamente la responsabilidad de todo tipo de funcionarios; de la Defensoría del Pueblo; del Ministerio público (Ord. 5 del Art. 285) y de los jueces (Art. 49 Ord. 8, 255 final; además de los tribunales competentes; fundamentalmente la derivada de la jurisdicción contencioso administrativa.

Señalaríamos entonces que el principio de la responsabilidad (política, administrativa, penal y personal) del Estado y de los funcionarios que lo conforman no es un mero saludo a la bandera. Así debemos entenderlo todos y solicitar, exigiéndolo, el acatamiento pleno a la normativa.

La impunidad derivada por los delitos y desaguisados gubernamentales cometidos por innumerables funcionarios públicos en los últimos quince años es innegable. El incremento delictual por parte de policías activos aterra. Apenas este año he observado dos hechos sin parangón alguno: la pillería cometida con los bienes de la televisora de la AN; producto de irregulares actos administrativos ignaros y los acontecimientos suscitados en el penal de San Antonio, estado Nueva Esparta. El primero refleja el comportamiento ilícito que no será jamás sancionado mientras no se renueve en su totalidad el aberrante poder judicial. Con el segundo, acontecerá seguramente la ratificación plena en el cargo a la ineficaz ministra. En un país serio debería ser destituida ipso facto. Llama poderosamente la atención la familiaridad y el afecto, casi tierno, expresado con fotografías, ampliamente difundidas de la ministra en compañía de diversos “pranes” delincuentes en toda la geografía penitenciaria venezolana. Las gráficas publicadas con el despliegue de los reos utilizando con profusión todo tipo de armas de guerra son elocuentes.

…La responsabilidad es también un atributo fundamental para todos aquellos que se dedican a la actividad política; bien sea de manera individual, o de la que recae sobre los partidos que asumen decisiones propias; y también a quienes la eluden, bien sea por omisión, producto del desconocimiento, comodidad o cobardía.

…La palabra empeñada por Henry Ramos Allup con motivo a su investidura como presidente del Poder Legislativo nacional; relacionada al cambio de gobierno por vía constitucional en seis meses, debe forzosamente aterrizar. Formo parte de la inmensa mayoría de compatriotas que esperamos una directriz clara para proceder a implementarla. Ya he señalado mi criterio al respecto: el “revocatorio”; explicando las razones. Por ello, me alegra la reciente declaración de Henrique Capriles adhiriéndose a la propuesta. He planteado, también, que la genuina oferta de carácter político para resolver la crisis no está en contradicción con la actividad parlamentaria propia. Por lo contrario, ambas se complementan. Lo que me parece perjudicial, lo reitero, es el aplazamiento del anuncio, cualquiera que sea. La razón es simple: la MUD, desde el punto de vista organizativo y representativo, goza de un privilegio imprescindible como cabeza de la oposición. Su decisión, de ser apropiada, generará el cambio deseado en el plazo señalado. La Mesa debe ser generosa en el llamado a la conciencia nacional; trascendiendo la esfera de la simple actividad de acuerdos de candidaturas electorales, –siempre necesarias– complementándola con los diversos actos propiciatorios para constituir ¡nuevo gobierno ya! En seis meses y por vía constitucional. Posee, para coadyuvar, el control fundamental del Poder legislativo (legisla, controla y hace política). Pero esta incuestionable y poderosa base de apoyo debe ser ampliada con otros sectores organizados de la comunidad nacional (organismos sindicales, gremiales, estudiantiles, profesionales etc.) e individualidades para que todos aporten lo necesario. ¡La ocasión es propicia para intentarlo! La inhibición ante la duda nace de una representación temerosa del porvenir. Para el hombre de acción el futuro es selva virgen, el camino queda a su elección.

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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