El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Demetrio Boersner

Transiciones en vista

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El mundo atraviesa momentos de incertidumbre. Tanto en escala global como dentro de la región, y en nuestro país prevalece la expectativa, a la vez angustiada y esperanzada, de grandes definiciones que superen los actuales estancamientos y alivien la situación de los pueblos. Mientras los centros industriales tradicionales se encuentran en recesión o en contracción económica, las nuevas potencias emergentes encabezadas por los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) han vivido hasta ahora una fase de expansión la cual, sin embargo, corre peligro de agotarse.

La Unión Europea y su zona del euro viven un momento grave de involución y tensiones internas. Ante la recesión, acompañada de inflación y déficit fiscal, que afecta a la periferia europea, el directorio conservador que hoy rige a la UE aplica una política de austeridad antisocial que agrava la recesión sin lograr aliviar la crisis fiscal, y que podría conducir a la desintegración de Europa en una gran explosión de ira popular.

Ante ello, se vislumbran dos luces de esperanza. Una de ellas es el probable triunfo electoral de la socialdemocracia francesa, decidida a impulsar un viraje europeo hacia una nueva política de estímulo al crecimiento y el empleo. La otra proviene de la creciente presión de los BRIC y de Estados Unidos sobre los dirigentes europeos, para que cambien una política que podría hundir al resto del mundo.

En escala regional y local, nos interesa la transición que, por circunstancias objetivas, se ha iniciado en Cuba y en Venezuela. La enfermedad de quien concentraba en sus manos la totalidad del poder estatal venezolano ha cambiado dramáticamente las perspectivas políticas del país y de la región que lo circunda.

La creciente probabilidad de que, a partir de 2013, se reducirá el flujo de bonanza venezolana hacia Cuba y clientes menores, estimula la disposición de los dirigentes cubanos de reconocer las nuevas realidades mundiales y ratificar su voluntad de marchar por "el camino del capitalismo" (según la revista The Economist).

La liberalización económica ("vía china") que se inició en la isla tan sólo como "plan B" para el supuesto negado de que les fallase Venezuela, ahora se ha convertido en el "plan A" o, más probablemente, el plan único. Como lo señalan analistas occidentales, la privatización de la economía cubana se ha tornado irreversible, y tarde o temprano la mayor libertad económica impulsará la apertura democrática y la reinserción en el sistema internacional establecido.

 Si en la dirigencia cubana sigue existiendo un sector estalinista desesperado que considera que la "vía china" es condenable y que hay que salvar al régimen chavista contra viento y marea como única tabla de salvación, creemos que debe ser un sector minoritario.

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