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Alexis Alzuru

¿Transición o parlamentarias?

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Lo más probable es que una alianza parlamentaria zanje la disputa que hay entre los venezolanos y el oficialismo. Por eso, mezclar las elecciones con el activismo por la transición es inconveniente. Los efectos de esa liga pudieran ser indeseables para los candidatos de la oposición. Basta darse cuenta de que las motivaciones que el ciudadano tiene para enrolarse en las parlamentarias difieren de las que tendría para apoyar un proceso de transición. El presidente entendió que los dirigentes de la MUD se equivocaron con la publicación del documento que sugiere la transición de su gobierno. Aun cuando el texto es tibio; y, por lo mismo, inofensivo, Nicolás Maduro lo utiliza para repolarizar al electorado. Por supuesto, polarizar y la abstención son las cartas que él viene manejando para buscar en la próxima Asamblea una representación similar a la que existe. El Acuerdo para la Transición es más perjudicial para la oposición que para el gobierno.

Es oportuno evaluar los efectos que el Acuerdo para la Transición produce en el mercado electoral; en el ciudadano que todavía no está convencido de votar en contra de los candidatos de Nicolás Maduro. Sería conveniente preguntarse por las emociones que ese documento despierta en la militancia socialista y en los independientes. Después de todo, en esas elecciones se jugará el destino de 30 millones de personas, no solo el liderazgo de algunos voceros.

En la oposición algunos insisten en apresurar la transición aun sabiendo que a la vuelta de la esquina están las parlamentarias. Quizás lo más extraordinario es que sigan pensando que un grupo puede decidir la agenda de la nación. A lo mejor consideran que para superar la crisis se debe aprovechar la guerra que Nicolás Maduro le declaró a Diosdado Cabello. Sin embargo, algunos directivos de la MUD deberían aceptar que la disputa que existe en la cúpula del gobierno no abre la puerta para tomar el poder de manera exprés. Ese conflicto lo que permite es comunicarse con la base oficialista; con la militancia que se siente asqueada de sus dirigentes.

La oportunidad es para escuchar y entenderse con el elector indeciso, con el que está escéptico; no es para mercadear un programa de transición que deja de lado el razonamiento y la opinión de los que desean involucrarse en un movimiento de renovación de la vida del país y de la democracia.

La transición persigue fines distintos a los de las parlamentarias. Lo cual no extraña, pues la transición de un gobierno o de un modelo de sociedad es el resultado de un consenso popular, no la premisa; mientras que un parlamento puede convertirse en la antesala de un nuevo contrato social. Los dirigentes de la MUD conocen esas diferencias y sus implicaciones prácticas; no obstante, dicen que la dispersión de objetivos no hace daño. Les parece adecuado que la oposición compita contra sí misma. Sostienen que ante la inestabilidad del escenario lo recomendable es tener varias metas. Según esa tesis dividir los esfuerzos y recursos no conspira contra la posibilidad de conquistar la mayoría absoluta en las parlamentarias.

Hay quienes quieren participar en las parlamentarias y activar la transición. Por cierto, el proceso de transición nadie ha explicado cómo se materializaría. Un proyecto de transición abarca desde tomar la calle de manera indefinida para obligar la renuncia del presidente, hasta recolectar firmas para la constituyente. Postular la transición del gobierno no define una vía específica para canalizar la pelea con el oficialismo. Todas las opciones constitucionales son válidas hasta que no se decide la alternativa a seguir. Lo que sí queda claro es que su ruta se aparta de la que reclama una campaña para la Asamblea. Sin embargo, hay quienes con explicaciones poco transparentes presionan para que la oposición trabaje en los dos tableros.

Los dirigentes tienen derecho de buscar mecanismos para mantenerse en el ojo de la opinión pública, igual tienen derecho de diseñar estrategias para subir en las encuestas. Pero los ciudadanos tienen el irrenunciable deber de exigirles que dejen de experimentar con proyectos que lejos de contribuir a resolver los problemas, perjudicarán los resultados de las parlamentarias; una de las pocas ventanas que queda para resolver la grave crisis que agobia a los venezolanos.

 

@aaalzuru


 

Lo más probable es que una alianza parlamentaria zanje la disputa que hay entre los venezolanos y el oficialismo. Por eso, mezclar las elecciones con el activismo por la transición es inconveniente. Los efectos de esa liga pudieran ser indeseables para los candidatos de la oposición. Basta darse cuenta de que las motivaciones que el ciudadano tiene para enrolarse en las parlamentarias difieren de las que tendría para apoyar un proceso de transición. El presidente entendió que los dirigentes de la MUD se equivocaron con la publicación del documento que sugiere la transición de su gobierno. Aun cuando el texto es tibio; y, por lo mismo, inofensivo, Nicolás Maduro lo utiliza para repolarizar al electorado. Por supuesto, polarizar y la abstención son las cartas que él viene manejando para buscar en la próxima Asamblea una representación similar a la que existe. El Acuerdo para la Transición es más perjudicial para la oposición que para el gobierno.

Es oportuno evaluar los efectos que el Acuerdo para la Transición produce en el mercado electoral; en el ciudadano que todavía no está convencido de votar en contra de los candidatos de Nicolás Maduro. Sería conveniente preguntarse por las emociones que ese documento despierta en la militancia socialista y en los independientes. Después de todo, en esas elecciones se jugará el destino de 30 millones de personas, no solo el liderazgo de algunos voceros.

En la oposición algunos insisten en apresurar la transición aun sabiendo que a la vuelta de la esquina están las parlamentarias. Quizás lo más extraordinario es que sigan pensando que un grupo puede decidir la agenda de la nación. A lo mejor consideran que para superar la crisis se debe aprovechar la guerra que Nicolás Maduro le declaró a Diosdado Cabello. Sin embargo, algunos directivos de la MUD deberían aceptar que la disputa que existe en la cúpula del gobierno no abre la puerta para tomar el poder de manera exprés. Ese conflicto lo que permite es comunicarse con la base oficialista; con la militancia que se siente asqueada de sus dirigentes.

La oportunidad es para escuchar y entenderse con el elector indeciso, con el que está escéptico; no es para mercadear un programa de transición que deja de lado el razonamiento y la opinión de los que desean involucrarse en un movimiento de renovación de la vida del país y de la democracia.

La transición persigue fines distintos a los de las parlamentarias. Lo cual no extraña, pues la transición de un gobierno o de un modelo de sociedad es el resultado de un consenso popular, no la premisa; mientras que un parlamento puede convertirse en la antesala de un nuevo contrato social. Los dirigentes de la MUD conocen esas diferencias y sus implicaciones prácticas; no obstante, dicen que la dispersión de objetivos no hace daño. Les parece adecuado que la oposición compita contra sí misma. Sostienen que ante la inestabilidad del escenario lo recomendable es tener varias metas. Según esa tesis dividir los esfuerzos y recursos no conspira contra la posibilidad de conquistar la mayoría absoluta en las parlamentarias.

Hay quienes quieren participar en las parlamentarias y activar la transición. Por cierto, el proceso de transición nadie ha explicado cómo se materializaría. Un proyecto de transición abarca desde tomar la calle de manera indefinida para obligar la renuncia del presidente, hasta recolectar firmas para la constituyente. Postular la transición del gobierno no define una vía específica para canalizar la pelea con el oficialismo. Todas las opciones constitucionales son válidas hasta que no se decide la alternativa a seguir. Lo que sí queda claro es que su ruta se aparta de la que reclama una campaña para la Asamblea. Sin embargo, hay quienes con explicaciones poco transparentes presionan para que la oposición trabaje en los dos tableros.

Los dirigentes tienen derecho de buscar mecanismos para mantenerse en el ojo de la opinión pública, igual tienen derecho de diseñar estrategias para subir en las encuestas. Pero los ciudadanos tienen el irrenunciable deber de exigirles que dejen de experimentar con proyectos que lejos de contribuir a resolver los problemas, perjudicarán los resultados de las parlamentarias; una de las pocas ventanas que queda para resolver la grave crisis que agobia a los venezolanos.

 

@aaalzuru