• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Traiciones al pueblo

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En el Hospital de Los Magallanes no hay vacunas contra el tétano. Tampoco en el Periférico de Catia. En ninguna de las farmacias de la zona y sus alrededores es posible encontrar un toxoide. Tampoco se consiguen sueros, algunos tipos de antibióticos, enjuague bucal ni metformina clorhidrato, el fármaco que requieren quienes sufren de diabetes tipo 2, pero la música se escucha a todo volumen.

En el estado Vargas no hay agua la mayoría de los días de la semana. Es un estado turístico bordeado por el mar Caribe, pero no cuenta con instalaciones para atender a los visitantes, los lugareños se las apañan como pueden. Quince años después del deslave y de los hermosos proyectos de reconstrucción que se presentaron aquí y en medio mundo, el problema del agua, tanto la potable como la servida, sigue sin resolverse. La contaminación de las playas, la carencia de servicios y la poca disponibilidad de empleos han contribuido a la ranchificación de extensas zonas, que bien desarrolladas y aprovechadas serían una excelente fuente de ingresos para muchos.

Nadie sabe qué ocurrió con los bocetos, planos y propuestas que se le presentaron al país en el año 2000 y que iban a convertir el litoral central en algo mucho mejor que Cancún, pues no solo se ocuparían de construir paseos, marinas, hoteles y balnearios y atender debidamente al turista, sino también de ofrecer al habitante de la región empleos bien remunerados. Fue un pote de humo. Ahí están los servicios colapsados y la reconstrucción urbanística a medio empezar, mientras el gobernador y el alcalde se ocupan de montar jardineras donde no se necesitan y de sembrar maticas. Ahora anuncian la construcción de un estadio de beisbol, con lo se mantiene intacta la confusión de prioridades.

Nada de un centro pesquero, una red de hospitales, centros educativos, hoteles para todas las necesidades, plantas procesadoras de aguas servidas y la pronta finalización de la red de acueductos, además de viviendas verdaderamente dignas, instalaciones turísticas y centros deportivos. La distorsión ha sido generada por la excesiva ideologización de los centros de poder, tanto locales como nacionales. El municipio ha sido desinstitucionalizado y despojado de sus atribuciones básicas: el urbanismo.

Igual que en Catia y en todas las zonas no privilegiadas del país, el Estado se olvida de la gente, de sus condiciones de vida y privilegia la condición de votante. Reparte bolsas de comida en tiempos de elecciones, pero no repara las cloacas ni fiscaliza que no se alteren las fachadas de la casas, que haya escuelas y hospitales bien dotados. Es el pragmatismo cegato, el pan para hoy y el hambre para mañana que han propagado con el nombre de socialismo, y que es la peor injusticia social. Es la traición al pueblo, y a sus posibilidades de mejorar su vida. Vendo antología de promesas incumplidas, varios tomos.