• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

La otra Torre de David

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No es la armería que el Cantar de los Cantares erotizó como una garganta femenina donde "están colgados los escudos de valientes", mirador defensivo para la ciudadela, luego convertida en Jerusalén. Ni el Salmo 66 de la cristiana letanía para una Virgen protectora comparada en alabanza mística con esa misma "fortaleza y castillo del Rey David".

Tampoco es la caraqueña torre que honra el nombre de su arquitecto Brillembourg, destinada a locales de un centro financiero, embargada en mitad de su construcción por Fogade durante la debacle financiera de 1994. Abandonada por doce años sirve de albergue a damnificados invasores, hoy militantes agradecidos, que la ocupan parcialmente.

Premiado el proyecto original con el León de Oro en la Bienal de Venecia 2012, ahora es símbolo de la resentida dictadura chavista, líder en desechos humanos, inepta, voraz dispensadora de lo ajeno público y privado.

Mucho que ver con el mediano techo a dos aguas de la sinagoga donde fue cantor David Ben Lazar, mi abuelo paterno, frágil templo aldeano víctima de un pogromo polaco y la invasión nacionalsocialista de Hitler.

Sí atañe directamente al venezolano actual. Es el faro de alto calibre literario que ilumina éste y todo proceso autocrático en vía totalitaria. Titulado "Nunca más", Lili Marlene (ediciones B, septiembre 2012, segunda edición) es el memorial que fusiona con gran solvencia los formatos de ficción, historia, crónica, criterio sobre el arte poético y la autobiografìa del trujillano David Alizo (1940-2008), que no alcanzó a conocer la primera edición y supo combinar con sobria y sutil armonía en obra y personalidad, talento imaginación, rigor investigativo, nexo político éticamente enfocado y un especial calor humanitario en el cultivo de la amistad leal.

Si en anteriores textos mostró pasión por la cultura europea centrada en la Grecia antigua, en esta interesante trama abarca sesenta años de la Alemania fascio-hitlerista y penetra al detalle ese fenómeno ideológico que convirtió a su protagonista psicópata en militar nazi de grado superior, asesino fugitivo de los juicios de Nuremberg y refugiado en la zona andina de una Venezuela rural postgomecista, entorno ideal para ocultar camuflada su insana condición.

Paralelo y por contraste intimista, en diseño novelístico de columna elevada sin prisa y con oportunas pausas, narra el muy lento, difícil proceso libertario venezolano desde un brutal caudillismo hasta los albores de la democracia civilista.

Guillermo Meneses y Sofía Ímber acertaron al publicar en la revista CAL los primeros relatos del joven David, que en 1970 ganó el concurso anual de cuentos de este diario y creció durante cuatro décadas con narraciones, ensayos y estudios hasta culminar en el obelisco luminoso de esta muy importante, intensa, extensa y lograda novela, sin sucumbir bajo experimentos literarios no acordes con su naturaleza más bien tímida y reflexiva. Fiel a sí mismo y en su marco histórico regional y nacional, incrusta sus vivencias del mudo país campesino en el contexto del moderno fascismo sin frontera ni tiempo que con varias trampas y siglas prevalece hoy en el régimen populista y militarizado de su patria natal.

Cada uno de sus personajes reacciona de modo distinto al descubrir la identidad criminal del forastero. Uno de ellos, álter ego del autor, advierte: "En nuestros países, los dictadores deben pagar sus crímenes y los militares no pueden zafarse con la excusa de que recibieron órdenes".

Sobre todo, el lector nuevo de este fabulado testimonio recibe un alerta suplicado de nunca más permanecer indulgente, callado, temeroso y cómplice cuando por métodos ilegítimos, y bajo la amenaza de un plan armado, todavía vigente, la perversa, uniformada, cruel barbarie se impone y adquiere rango de ley.