• Caracas (Venezuela)

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Freddy Carquez

¿Toque de queda en Venezuela?

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Pregunta y afirmación que nos hacemos los millones de ciudadanos que aún vivimos y participamos de la vida cotidiana en esta “tierra de gracia”, interrogante que los ciudadanos de Coche en Caracas se hacen, información publicada el 2 de enero de 2014, en la cual el diario Ultimas Noticias recoge con amplitud un sentimiento y una trágica situación  nacional.

Situación de extraordinaria trascendencia que conmueve y preocupa a la sociedad venezolana, que continúa desarrollando sus vidas en el quehacer urbano nacional, confiando aún en la responsabilidad del Estado en la administración de los recursos y medidas necesarias para garantizarnos nuestra seguridad personal.

Sin embargo, la realidad desmiente al Poder Ejecutivo nacional. Una y otra vez el presidente de la República y los ministros responsables de la ejecución de las políticas públicas destinadas a resolver tan importante problema han quedado al “desnudo”, los hechos han demostrado lo contrario de lo que decenas de veces ha sido prometido resolver.

Han transcurrido 14 años de gestión administrativa de un proyecto político que, entre tantas ofertas sociales, prometió ocuparse en forma efectiva de la organización de los instrumentos de poder indispensables, para cumplir con el deber de proteger en forma mucho más eficiente a los venezolanos, y eso no ha ocurrido, los trágicos hechos de violencia que a diario se producen demuestran lo contrario.

Lamento mucho tener que afirmar que el ciudadano ministro del Interior, general Miguel Rodríguez Torres, está equivocado en sus apreciaciones optimistas, porque los múltiples y variados asesinatos que ocurren todos los días en Venezuela demuestran que la inseguridad es un cáncer muy agresivo, cuyas metástasis siguen consumiendo el organismo de la República.

Y lo que resulta aún más negativo del problema en cuestión es que la “audacia o alevosía” de los hechos ha adquirido expresiones de un salvajismo inusitado, caracterizadas por una profundización del irrespeto a la vida, pero que además se acompañan de un inexplicable fenómeno de “permisividad o de incapacidad” manifiesta del poder político, militar y policial actual, incapaz de contener, disuadir e imponer conductas civilizadas de respeto y protección a los ciudadanos venezolanos.

Y la gran pregunta sigue siendo por qué los conductores del aparato gubernamental siguen ciegos, sordos y mudos, como en los últimos años del Puntofijismo, resistidos como las “mulas resabiadas” a construir con los ciudadanos venezolanos expertos en la materia y con la sociedad organizada una propuesta efectiva, compartida y de consenso, destinada a movilizar a la población para derrotar los factores que han hecho posible semejante enfermedad.

Ciudadano ministro, nuestra seguridad, la de venezolanos que vivimos en bolívares, sin guardaespaldas, sin vehículos blindados y desarmados, que somos la aplastante mayoría de la población, demandamos un abordaje constructivo y eficiente, absolutamente participativo y pluralista, en el cual la elaboración de las orientaciones, iniciativas y medidas respondan a una justa y científica política de Estado, completamente divorciada de la demagogia   clientelar y de los negocios.

Estimado ministro del Interior y de Justicia, no solo espero que me perdone la insistencia, sino que, además, tanto usted como su equipo profundicen en la gravedad de la tragedia que los habitantes de nuestra maltratada patria sufrimos, porque es muy evidente que los resultados de las políticas emprendidas por el gobierno actual (chavistas y maduristas) son profundamente insuficientes, y la testarudez y autosuficiencia de los actuales conductores del Estado ha obstaculizado mejorarlas.

Su gobierno, señor ministro, en la materia de seguridad personal, al igual que en la mayoría de los problemas críticos de nuestra nación (economía, educación, salud, vivienda, fronteras), se ha negado a debatir y organizar constructivamente soluciones, ha desconocido las contribuciones que sectores ampliamente calificados de nuestra comunidad pueden y deben aportar, conducta no solo errónea, sino que nos conduce sistemáticamente al retroceso estructural del país.