• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

Todavía en veremos

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El que espera desespera. Sentarse a esperar los resultados de lo que hacen los demás es inadecuado, hasta un inválido o un preso pueden tener participación activa en el desarrollo de los acontecimientos, aunque sea rezando. La paciencia tiene frutos innegables, la impaciencia trae solo desesperación. Nada mejor para los impacientes y desesperados por llenar sus anhelos que ser conscientes de que su serenidad contribuirá a traer los frutos que esperan; y nadie más agradecido que aquel líder que, sintiendo la confianza de sus liderados, siente también que la presión externa proviene, mayormente, de quienes le adversan.

En nuestro país estamos viviendo situaciones que otros han padecido recientemente. Tristemente, la resolución del conflicto no se dio por la vía pacífica, y llegar a la solución político-administrativa fue a través del sufrimiento por maltrato gubernamental del pueblo enojado, infeliz y desilusionado, que pensó que protestar, denunciar, quejarse y manifestarlo pacíficamente era lo que debían hacer y lo hicieron.

Eso es lo que hacemos en Venezuela, unos nos quejamos, los otros, que son quienes tienen la fuerza armada –los hierros– y mandan, pretenden acallar la protesta silenciando a palos, gases y balas a quienes protestan.

El gobierno cree que lidiar con las protestas del pueblo es un asunto que se resuelve con la fuerza bruta descargada de forma militar, policial y por hordas motorizadas, junto al enervante y ofensivo discurso en cadena nacional, con las mentiras, trampas y montajes de supuestos esquemas de resolución de conflictos de forma pacífica, la llamada a concentraciones públicas en paralelo con las de la oposición, el incremento de los días de asueto a los ya pautados de Carnaval, al añadir el 27 y 28-F y, quién sabe si el 5-M, y entonces los desaprensivos oficialistas podrán “disfrutar” así de 7 días seguidos de asueto.

La idea es también celebrar los Carnavales que, según Maduro, son una fiesta para los niños. Ya se acabó el simbolismo de las fiestas paganas que haciéndose permisivas exigían el uso de máscaras para no agravar la licencia con ofensa y mantener el anonimato. Momento anual de descontrol y desinhibición. Espero que no sean aprovechados esos días para que escudados en las máscaras los enviados del gobierno masacren a nuestros estudiantes que manifiestan y a nosotros que aupamos con pasión las intenciones sanas y pacíficas de los jóvenes.

Lamento no haber podido llorar al tío Simón como lo merecía, pero prometo hacerlo cuando Venezuela esté más serena y podamos con tristeza pero felices llorar nuestras desgracias y compartir de nuevo, como lo hizo él, nuestras alegrías. Por ahora, el dolor y la esperanza me embargan. No necesito ni Carnavales ni días de asueto extras. No los deseo. Agreden mi paz interior.