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Héctor Silva Michelena

Terrorismo de Estado en Venezuela

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¿Qué es el terrorismo de Estado? Es el uso sistemático, por parte del gobierno de un Estado, de amenazas y represalias, considerado a menudo ilegal dentro incluso de su propia legislación, con el fin de imponer obediencia y una colaboración activa a la población. Por su naturaleza es difícil de identificar, y los conceptos varían en función del carácter de las épocas históricas, zonas geográficas y características culturales. Los regímenes despóticos del pasado utilizaban con frecuencia prácticas de este tipo, que las democracias modernas condenarían sin necesidad de realizar una crítica contemporánea rigurosa. Las formas más desarrolladas de terrorismo de Estado, para las que el término fue inventado, han sido los sistemas empleados en el siglo XX bajo el fascismo y el comunismo. Asimismo, la práctica de terror desde el poder se extendió en el siglo XX bajo regímenes militares o militarizados en el seno de democracias formales.

El escritor Tulio Hernández ha señalado, varias veces, que en el siglo de la gran globalización, de Internet, las redes sociales, y la caída del socialismo real, esta definición ha variado pues vivimos una época histórica diferente, donde el travestismo ideológico juega un papel fundamental. Tal es el caso del chavismo e nuestro país. Dice Tulio Hernández: “Lo he dicho otras veces. Las dictaduras militares producto de golpes de Estado actúan como el zarpazo del tigre. Son sorpresivas. Estridentes. Sangrientas. Matan sin piedad. En cambio, los neoautoritarismos o los totalitarismos en la era de Internet lo hacen como la leyenda de la boa constrictor. Envuelven a la víctima y la asfixian lentamente. Gradúan el tiempo y el esfuerzo de los apretones. Pero al final, si no hay una fuerte reacción, igual matan. Sin piedad”. (El Nacional, 08-06-14).

Y más adelante precisa: “El teniente coronel de Sabaneta aplicaba el método sagazmente. Por ejemplo, como le molestaban profundamente los dirigentes opositores exitosos, trataba de sacarlos de juego para siempre. Pero en vez de hacerlo como Trujillo o Somoza, usando policías de lentes oscuros, recurría a funcionarios públicos –jueces y contralores eran sus predilectos– para que hicieran ‘legalmente’ y sin sangre, ni escrúpulos, el trabajo sucio que en los modelos totalitarios precedentes se le encargaba a los esbirros”.

Los viejos regímenes totalitarios se caracterizaban por un monopolio de los medios de comunicación, la imposición de una ideología monolítica, la exigencia no solo de obediencia, sino de participación activa en las medidas policiales del Estado, y un aparato de policía secreta y de campos de concentración para disciplinar e incluso exterminar a los adversarios y disidentes. Los líderes potenciales de la oposición eran aislados, encarcelados, exiliados o asesinados. A menudo, los tentáculos del aparato del Estado se extendían hasta el extranjero y atacaban a enemigos que pertenecían a la población en el exilio, como fue el caso del asesinato de Liev Trotski en México a manos de agentes estalinistas. Los componentes de muchas organizaciones nacionales de seguridad e información han utilizado métodos ilegales para hacer frente a los adversarios, tanto dentro como fuera del país. Lo que diferencia estos episodios de un sistema donde se aplica el terrorismo de Estado es la importancia de la operación y el total respaldo de la cúpula de dirigentes (partido, militares, y una nueva burguesía favorecida –en Venezuela, los empresarios de maletín–).

En efecto, el aparato de terror, el Estado y el partido en el gobierno suelen estar relacionados de un modo indisociable. El sistema acaba destrozando a menudo a los elementos de su propia cúpula, como sucedió con el líder nazi Ernst Röhm, jefe de la Sección de Asalto (SA), y el jefe de la policía secreta soviética Lavrenti Beria, ambos ejecutados por las mismas organizaciones que ellos crearon o dirigieron. Entre nosotros, este aparato tiene varios componentes articulados por el trío Cabello/Rodríguez Torres/Maduro. Ellos son: la DIM, el Sebin, los colectivos armados, la GNB y la PNB. Como la acción terrorista es “legal”, más aun, es “constitucional”, los defenestrados son menores, mientras torturadores, asesinos, esbirros y jueces o juezas del guiñol judicial gozan de impunidad, de inmunidad y del “poderoso caballero” de Quevedo. En este plano, algunos regímenes, como el chavista, han recurrido a medios extralegales para eliminar o inhabilitar a elementos específicos de la población, en especial a quienes los denuncian con vigor y a quienes se elevan varios puntos por encima del trío, cualquiera de ellos, en las preferencias e intenciones de voto de los electores. ¡El arcaísmo bolivariano debe continuar! ¿No es así, Fidel, Raúl, y las sanguijuelas de Petrocaribe?

Ya desde el 22 de febrero, los periodistas de El Nacional, Diana Lozano y Alex Vásquez, valientemente dieron a conocer desgarradores casos de torturas. Estos son algunos de los casos, que traemos a la memoria del olvido. Así hablaron los jóvenes:

“Los guardias me tiraron en el piso en medio de un árbol y un carro, en los que se apoyaban para saltarme en la cabeza. Nos arrodillaron, cargaban las escopetas detrás de nosotros y decían que ya era hora de matar a los estudiantes. Nos patearon en la cabeza, luego nos tomaron fotos y nos preguntaban que cómo nos habíamos hechos las heridas, que si nos habíamos caído”, contó Jorchual Gregory, estudiante de segundo semestre de Comunicación Social en la Universidad Arturo Michelena en Carabobo, quien decidió contar su historia a pesar de que tiene miedo, admite. El joven de 19 años de edad aseguró, vía telefónica, que tiene 3 heridas abiertas en la cabeza y al menos 20 heridas de perdigones en la espalda. Añadió: “Nos obligaron a desnudarnos y amenazaban con violarnos”.

Gregory fue detenido en el centro de Valencia el 13 de febrero en la noche cuando abandonaba una protesta porque grupos de motorizados encapuchados y armados llegaron al lugar. Fue llevado al comando de la GNB ubicado al lado de la cárcel de Tocuyito, donde estuvo detenido hasta la el domingo 16 de febrero en la madrugada.

“Nos hicieron limpiarnos con trapos llenos de gasolina, nos sentaron en grupo y nos golpeaban con escopetas en la cabeza diciendo que éramos una batería”, agregó.

Nizar El Fakir, abogado del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello, explicó que un joven que fue llevado al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas de Parque Carabobo fue forrado en goma espuma –para evitar dejar marcas– y fue golpeado con un bate. Indicó que los jóvenes tuvieron que hacer sus necesidades en bolsas porque no les permitieron usar el baño. El Fakir aseguró que algunas de las jóvenes que estuvieron detenidas en Fuerte Tiuna desde el 12 de febrero en la madrugada fueron amarradas en las camas y amenazadas con que las iban a matar.

Juan Carrasco, estudiante detenido el 13 de febrero en Carabobo, contó al diario El Mundo de España que funcionarios de la GNB le acercaban un perro al que le decían que lo mordiera y que le introdujeron un fusil por el ano. No se denunció por temor. Luis Armando Betancourt, abogado del Foro Penal Venezolano en Carabobo, explicó que muchas de las torturas se conocieron después debido a que las audiencias de presentación se efectuaron en los comandos en los que los muchachos estaban presos, por lo que no se sentían libres de declarar.

Gregory contó que los fiscales del Ministerio Público los entrevistaron en presencia de los uniformados. “Yo no dije nada de las torturas hasta que llegaron los abogados, e igual tenía miedo porque la juez podía decidir dejarnos presos ahí”, dijo. La coordinadora del Centro de Derechos Humanos de la UCAB, Ligia Bolívar, indicó que en muchos casos los defensores no pudieron reunirse en privado con los detenidos, pues siempre hay un funcionario presente, lo que complica, por temor a represalias, que se conozcan algunos casos de tortura.

¿Cómo sustraerse del dolor y del espanto? Cómo no sentirse indignado cuando uno observa a los responsables de estos estremecedores testimonios actuando sin reparos. Un gobierno que lejos de atender las demandas se empecina en sembrar el odio sin un gesto siquiera confiable de objetividad y deseos de investigar.

Esto es parte de lo que habrá que documentar en sendos informes de violaciones a los derechos humanos. No son solo los casos de tortura que aquí se denuncian en la nota de El Nacional. Hay detenciones arbitraras, faltas al debido proceso, violaciones de la propiedad, amenazas de terror contra población civil y asesinatos.

¿Dónde está, por ejemplo, el escolta de Rodríguez Torres que mató a Bassil Da Costa? ¿Qué le pasó a la defensora del pueblo? ¿Cocina su mentira, espera línea de arriba? Esta es la cifra de entonces: 18 jóvenes fueron torturados en Venezuela por uniformados en las últimas dos semanas. Eran parte de los 506 estudiantes que han sido detenidos por protestar. Estos son algunos de los tratos crueles, inhumanos e intimidatorios a los que las autoridades sometieron a los jóvenes, según relataron sus abogados.

En un comunicado emitido en Nueva York (30 de mayo de 2014), Human Rights Foundation (HRF) condenó la tortura infligida por agentes de la Policía Nacional Bolivariana de Venezuela a los estudiantes Marco Aurelio Coello y Christian Holdack, quienes se encuentran detenidos arbitrariamente desde el 12 de febrero pasado, cuando participaban en la marcha estudiantil por el Día de la Juventud en Caracas. Coello y Holdack son acusados de ser los “autores materiales” de los crímenes que están siendo imputados, en calidad de “autor intelectual”, contra el líder opositor y prisionero de conciencia Leopoldo López, algo que estaría dificultando la liberación de los estudiantes a pesar de la ausencia de pruebas contra ellos.

“Las violaciones sistemáticas contra los derechos humanos de los estudiantes venezolanos han mostrado al mundo los verdaderos colores de la trasnochada y autoritaria ‘revolución’ bolivariana”, dijo Garry Kasparov, presidente del Consejo Internacional de HRF. “Cualquier acto de tortura contra cualquier ser humano es deplorable, pero el mundo entero debe entender la gravedad de que en Venezuela se esté torturando a estudiantes por marchar y hacer mítines contra un gobierno autoritario que día a día se consolida como dictadura”, continuó Kasparov.

HRF es una organización sin fines de lucro, independiente y apolítica, que promueve la defensa de los derechos humanos a escala mundial, con énfasis en sociedades cerradas. HRF centra su trabajo en los conceptos entrelazados de autodeterminación y libertad. Estos ideales encuentran su más alta expresión en la creencia de que todos los seres humanos tienen derecho a la libertad de expresión y de asociación con personas de ideas afines. El Consejo Internacional de HRF está presidido por el activista político por la democracia, el  ruso Garry Kasparov y se encuentra conformado por prestigiosos activistas de derechos humanos, tales como George Ayittey, Vladimir Bukovsky, Palden Gyatso, Václav Havel [fallecido ex presidente de Eslovaquia], Mutabar Tadjibaeva, Ramón J. Velásquez, Elie Wiesel y Harry Wu.

Pareciera, pues, que el régimen bolivariano, y su presidente espurio, de tanto leer a Marx se han indigestado con estas consideraciones que el ácido pensador de Tréveris, Reino de Prusia, hace sobre el delincuente, en un satírico texto titulado Elogio del crimen (1860 y 1862):

“El delincuente produce, asimismo, toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a su vez, todas estas diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo; desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. Solamente la tortura ha dado pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos”.

Hace tiempo que el Filóloco dijo: “Los cobardes suelen combatir la fuerza de la palabra con la fuerza de la policía”.