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Karl Krispin

Territorio chatarra

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Las antipáticas agencias calificadoras de riesgo, que fungen como policía financiera del planeta, han acuñado la expresión. Cuando degradan a una comarca económica por la escasa confianza de su economía y su eventual posibilidad de impago, hablan de territorio chatarra. La diferencia entre el éxito y el fracaso de los pueblos es la forma como sus gobiernos manejan la economía. Partiendo del supuesto de que todos tienen un modo diferente de administrar sus finanzas y tratar con su sector privado. En el mundo que vivimos la hegemonía de lo público frente a lo privado, especialmente en los territorios chatarra, viene dificultando el desarrollo del sector privado y el rol preponderante que debe tener en el crecimiento económico. Los empresarios, aunque suene a herejía, son mucho más importantes para una sociedad que sus políticos especialmente en los casos en que el Estado vive de la nación y no al revés. Pero los políticos tienen el poder y estamos a merced de su ineptitud secular.

Siempre me he preguntado cómo Marx pudo acumular históricamente tantos fanáticos religiosos, visto el rotundo fracaso de su vida personal. Jesús al menos multiplicaba los panes y convertía en vino el agua, lo que popularizaba las fiestas a las que era convidado. La familia del Moro (era llamado así por su tez cobriza) pasó hambre y miseria y el pensador no pudo más que ofrecerle una inveterada insolvencia económica. Marx no dejó articulada ninguna solución económica sino el tropiezo de un sueño utópico y terrenal que pronto se encargaron sus herederos de sellar como el dogma que agrupara colectivamente a los pueblos en el infortunio. La penuria que acompañó a Marx durante su vida supieron multiplicarla sus evangelistas del socialismo a naciones enteras.

Con justísima razón, ese genio político que se llamó Rómulo Betancourt, arquitecto de la segunda mitad del siglo XX venezolano, excluyó a los comunistas de la refundación democrática con el memorable Pacto de Puntofijo. No tenían nada que buscar allí porque los comunistas no creen en la democracia. Lástima que Rómulo tuviese unos herederos holgazanes y bizcos que convirtieron finalmente a ese partido en el despojo que es hoy. El primer paso que se dio para transfigurarnos en chatarra fue haber sacado al presidente Pérez de Miraflores y partir en dos la historia para que los socialistas de uniforme tomaran el poder. No ha habido mayor azote en nuestra república que el contra-orden destructor que se instaló en Venezuela después de 1999 con sus miserias egolátricas, la renuncia a la soberanía nacional, la entrega del país a Cuba y el desmantelamiento del aparato productivo.

En Venezuela hay pobres porque no hay capitalismo. Nuestra población se declara de izquierda hasta en la oposición con toda la monserga de la democracia social. No hay democracia social ni repartición de riqueza alguna sin democracia económica primero. El sector privado ha sido diezmado con la prevención de quien siente incomodidad frente a él haciendo del revanchismo una práctica. Esta es la típica actitud del rentista arrogante que como no tiene que trabajar para producir, mira con recelo el esfuerzo de quien lo hace. No pasaremos del fracaso y la chatarra mientras no adoptemos a conciencia la defensa del capitalismo en el marco de un verdadero Estado de Derecho y una democracia al servicio de todos y no de un partido con visos de caimanera clientelar. La demonización del empresariado es una bomba de tiempo a menos que creamos que el Estado nos dará nuestro pedazo de felicidad colectiva. Con el correr del tiempo y con fortuna, porque todo tiene fecha de caducidad, espero que entendamos las ventajas del libre mercado. Que Bill Gates y los forjadores de prosperidad se conviertan en una referencia colectiva y el Che Guevara en una pesadilla del pasado.

@kkrispin