• Caracas (Venezuela)

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Alexis Correia

Telenovela sin bofetadas

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En una clínica de fertilización, una chama virgen queda embarazada por error con la última gota de semen del desierto de un apuesto periodista esterilizado por una dolencia cancerígena. El argumento de Juana, la virgen (RCTV, 2002), reciclado en la pantalla de Televen como La virgen de la calle , es jalado por los pelos, aunque igualmente lo habría sido que en una predicción para 2014 le hubieran dicho que un día el casco histórico de Chacao amanecería tomado por pelotones de soldados en cada esquina.

La virgen de la calle es hecha en Venezuela para el mercado internacional, estrategia válida y hasta necesaria, aunque ante el público nacional padece la desventaja del distanciamiento. Ejemplos: Marjorie Magri (Desireé en la ficción) dice "bueno" en vez de "aló" en el teléfono. César Román (el maleante Piraña) habla como colombiano y el resto de los malandros se ubican bajo el estereotipo del "gánster latino-reguetonero genérico", al estilo de una serie como Cumbia ninja.

Como es público y notorio (y polémico), La virgen de la calle ha servido de laboratorio de la censura en la Venezuela de 2014 y, desde un punto de vista desapasionado, resulta interesante sentarse a comprobar qué se permite y qué no.

A Manolo (Raúl Olivo), galán de taller mecánico y hermano bueno para nada de la protagonista, le cayeron a golpes los malandros y eso jamás se vio. A Ana María (Eileen Abad), la mamá de Juana y quien sale con un tipo casado, le escribieron un grafiti de "zorra" y eso solo se medio leyó cuando habían repintado la pared. A Juana también le metieron un mute cuando dijo zorra o uno de sus sinónimos. Ha habido por lo menos un par de asesinatos y al televidente le queda sobreentenderlos.

Por otra parte, Marjorie Magri salió prácticamente con las "lolas" al aire el jueves de la semana pasada. Si el criterio es eliminar toda la violencia y dejar los desnudos, estoy 100% de acuerdo, pero es insólito que se haya editado hasta una escena en la que Ana María le "espernanca" una cachetada a Juana por acusarla de madre promiscua. La bofetada es uno de los pilares sobre los que se sustenta el género y hasta hay antologías de sopapos en Youtube.

Dicho esto, aunque La vir- gen de la calle se ubica en una ciudad llamada "Araya" de un país no identificado, incluso dentro del elemental lenguaje telenovelero se tocan aspectos que sirven para hacer algún tipo de catarsis: la inseguridad que se siente en todas partes y un gobierno que no hace nada. La incomodidad del poder ante la prensa libre. El oculto abrazo de políticos corruptos y empresarios pragmáticos.

Hasta se ha hablado de devaluación e inflación. Sí, a cuentagotas, pero al menos algo se cuela.

Como adelantamos hace un par de semanas, María Gabriela de Faría, como Juana, no se queda pequeña en comparación con la protagonista original, Daniela Alvarado. Ofrece credibilidad y guáramo. El galán colombiano Juan Pablo Llano (el periodista Mauricio Vega) es otra cosa. Además de que no pega con De Faría, hasta ahora hace un papel más bien de pelmazo. Sus motivaciones, aunque loables, son repetitivas, ingenuas y planas: el periodismo como persecución de la verdad y la perpetuación de sus genes.

Caridad Canelón (Azucena, abuela de Juana) y Magri también empezaron planas, aunque en capítulos recientes han adquirido matices.

Rosanna Zanetti (Carlota) no da frío ni calor. De lo mejor: Miguel de León como el tenebroso empresario Rogelio Rivas. Aceptables: Arán de las Casas como pandillero y Eileen Abad como madre con un tornillo flojo.

Ninguneados hasta ahora: Juan Carlos García (Alfredo), Laura Chimaras (Jessica) y Prakriti Maduro (Vivi).