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Armando Janssens

Tejer desde la Base

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“El mundo es como un gran teatro: cada uno juega su libreto, cada uno toca su soneto”, decía un famoso poeta alemán, para indicar que cada individuo tiene un papel que cumplir en su tránsito por este mundo, hoy en día tan complejo y contradictorio. Por visible que sea, o por humilde que parezca, todos somos necesarios para cumplir los destinos escritos, como actores, para enfrentar la realidad que a diario nos confronta y nos exige.

Los líderes políticos, hoy en día, son importantes y tienen un papel preponderante, por lo menos así parece. Los verdaderos líderes son hechos de una materia prima con piel de elefante, como para afrontar ataques y acusaciones, inventadas o no, sin perder su norte por el que luchan, sin desviarse. Les admiro por estar permanentemente bajo un escrutinio implacable. Y a pesar de que mucha gente no lo crea, en todos los grupos políticos hay gente de este calibre. Mis felicitaciones: que cumplan su papel con devoción y sin sentirse tentados por el poder que ciega al mejor. Pero está claro: ¡no todos pueden y deben ser políticos!

Los periodistas y los medios, igualmente, entran con fuerza en el escenario, para informar y, algunas veces, hasta para desinformar. Es una vocación de alto calibre que pide una objetividad y sabiduría permanente, no tan común entre nosotros, donde todo está pintado por el color de los lentes con los que vemos al mundo. Nos cuesta matizar, reconocer lo acertado del “otro”, reconocer sus límites que, en gran parte, son iguales a los límites nuestros. Hay buenos periodistas, de primera categoría, que no solo informan, sino que investigan y logran descifrar el variopinto acontecimiento. También les admiro. Pero no todos podemos ser ni periodistas ni comunicadores de esa categoría.

La gran variedad de organizaciones sociales tienen igualmente una importancia creciente y penetran todos los estamentos de nuestra sociedad. Son tan variadas y, además, permanentemente nacen nuevas iniciativas que me es imposible explicarlas en pocas líneas. Abarcan todos los estratos de nuestra sociedad, desde los sectores populares, con sus numerosas organizaciones de toda índole –en parte importante politizadas, lo que lamentamos y tratamos de moderar.

Pero también los sectores medios muestran una enorme energía de creatividad social, no solo en los emprendedores que reflejan el deseo de autonomía y responsabilidad socioeconómica, sino también en organizaciones de asistencia en los campos de salud, educación, y un rosario de variantes que prestan servicios de calidad de gran impacto.

Evidentemente, admiro a los responsables de estas iniciativas sociales. No lucen mucho ni tienen mucha visibilidad pública, pero su reconocimiento nace desde las bases, desde la gente por la que trabajan. Trabajan sin horario… y un poco más. No ganan mucho, y hasta invierten de su propio peculio en la iniciativa para que sobreviva. Desarrollan destrezas gerenciales amplias y cambiantes, según las necesidades. Pero no son, ni deben ser, dirigentes políticos ni periodistas avezados. Y, más bien, si intentan serlo no tienen mucho éxito. Son mentalidades distintas y hasta, algunas veces, contradictorias.

Ellos más bien promueven el “tejer desde la base”, que hoy en día es tan importante para el futuro de nuestro país. No solicitan carnet de partido ni poseen listas que controlan para ofrecer o participar en sus iniciativas. No se identifican demasiado con una corriente específica ni buscan votos para sus candidatos, más bien intentan abrir conciencias y madurez de juicio a favor de las amplias mayorías de nuestro país. Logran reunir gente de variadas tendencias y promueven la convivencia basada en el mutuo reconocimiento.

El fenómeno es nuevo y creciente. Por todas partes se está reuniendo gente que teje desde la base, desde su comunidad, y busca convivencias independientes de la afiliación política. Reconocen y marcan sus diferencias de pensar, pero se unen en el deseo de avanzar con dinámicas reales en el mejoramiento de la vida diaria de la comunidad: ¿cómo contener en algo la violencia?, ¿cómo disminuir la presencia de la droga? Y con los medicamentos: ¿cómo nos arreglamos? No fantasean demasiado: la dura realidad es demasiado compleja para soñar con pajaritos preñados. Buscan soluciones eficaces que sirvan a muchos.

Y en estos encuentros que se están dando se reconocen mutuamente y crean lazos de simpatía y hasta de amistad. Y todos maduran y descubren que el mundo no es unidimensional, de “buenos y malos”. Y hasta descubren, con frecuencia, que los miedos son casi iguales y que mis prejuicios son bastante idénticos a los prejuicios de los famosos “otros”.

Nuestra Iglesia en Venezuela, por medio de su Conferencia Episcopal, ha insistido con frecuencia en un diálogo “sincero, fraterno y abierto” entre todos. Sus palabras no han tenido demasiado éxito y son, con frecuencia, desestimadas. Pero lo que nuestros obispos solicitan, no debe ser solamente entendido por los líderes políticos, confrontados en diaria oposición y acusación. Ni solo por los medios de comunicación, hoy en día tan controlados y disminuidos. Es claro que ambos actores tienen una importancia de gran categoría y que, en algún momento, deben tener la capacidad de entenderse y de crear algunos consensos básicos, a pesar de las grandes diferencias que, de hecho, existen.

La solicitud de nuestros obispos debe ser igualmente asumida por las amplias bases de nuestra Iglesia católica y las demás iglesias cristianas, como también por toda nuestra sociedad para llegar a ser promovida hasta, donde sea posible, en todos los estamentos de nuestra sociedad. Me alegra que ya algunos gremios y cámaras lograran construir acuerdos con algunas instancias oficiales.

Pero más me alegro cuando observo, en un número creciente de nuestras comunidades populares, que la gente se siente en una misma mesa y se pone de acuerdo en la búsqueda de soluciones, en un ambiente “sincero, abierto y fraterno”. Como, por ejemplo, esta semana nos informaron de un grupo político de oposición radical que se sentó con la sección juvenil del partido de gobierno durante todo un día. Era el resultado de encuentros ocasionales bien dirigidos por una ONG de oriente que maduramente motivó esta dinámica. Desde ahora, su evolución depende exclusivamente de los propios participantes.

Tejer desde la base en todas las oportunidades. No centrarse siempre en las diferencias, que no pueden desconocerse, sino dar prioridad a lo que nos une. Por allí va el camino del futuro.