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Ramón Hernández

Sin velas ni entierro

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No es noticia de primera página ni titular en la web que la Asamblea Nacional haya aprobado un crédito adicional para que el Centro Genético Florentino pudiera pagar los sueldos y salarios a sus trabajadores. En la segunda quincena de agosto apareció una nota en algunos diarios en la que los empleados denunciaban que los pagos acumulaban un mes. Indistintamente de la condición, el cargo o el tipo de trabajo que ejerzan en Florentino, ingenieros, técnicos, empleados y obreros, fuesen venezolanos o cubanos, ninguno había cobrado. Aunque los directivos vendieron 80 búfalos con esos fines, nadie sabe qué hicieron con ese dinero.

El Centro Técnico Productivo Socialista Florentino, que es su nombre oficial, funciona en las tierras de La Marqueseña que el Estado les arrebató a sus legítimos dueños, la familia Azpúrua, mediante el método “cha-az”. A su vez este centro agrupa 29 fincas expropiadas, 14 unidades de producción social y 3 centros agroindustriales, en Barinas, Cojedes, Portuguesa y Zulia. Produce ganado vacuno, búfalos, chigüires, cachamas y cerdos, también siembran arroz, maíz, sorgo, caña de azúcar y se han dedicado a la elaboración de quesos, leche pasteurizada, yogur y jugos, además de otros aprovechamientos en los mataderos industriales, en los que no todo es bofe, cueros y patas de ganado.

El CTPS Florentino está adscrito al Ministerio de Agricultura y Tierra. El 24 de diciembre de 2011, en un Consejo de Ministros que fue transmitido por radio y televisión, el entonces ministro Juan Carlos Loyo le pidió dinero para el pago de los sueldos de esa dependencia, la cual maneja varios millardos de bolívares mensuales y hasta había entregado “ganancias” al Fisco por 2 millones de bolívares. El jefe del Estado se molestó y le respondió que primero había que hacer una auditoría, porque no se explicaba cómo no tenían fondos para pagar la nómina, que dónde estaba el dinero de las vacas que habían vendido. Si la auditoría se hizo, el resultado no se publicó. El único cambio ocurrió a finales de enero. Alegando condiciones de salud Loyo, pistola al cinto y pulsera yoruba en la muñeca, salió del despacho y se dedicó desde entonces a alimentar con sus consignas y ocurrencias las redes sociales.

Desconozco cuántas camionetas de doble tracción y doble cabina se puede comprar anualmente un ministro socialista con el sueldo, viáticos, bonos y demás estipendios, pero me llena de dudas, aunque no tengo vela en ese entierro, que se haya aprobado el crédito a los pocos días de volver Loyo a ser el titular de Agricultura. Vendo franela con la cara del Che y dos cachos de burro.