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Juan Carlos Ballesta

Swans: canciones apocalípticas

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Inquietante. Abrumador. Avasallante. Salvaje. Catárquico. Visceral. Demoledor. Dramático. Feroz. Apocalíptico. Estos y muchos adjetivos más nos asaltan a lo largo de las dos horas de duración del nuevo y épico capítulo en la saga de la banda dirigida por Michael Gira desde hace 32 años. A los 60 años, Gira está lejos de hacer concesiones y, por el contrario, luce más indómito con cada nuevo disco. To Be Kind (2014), el tercer álbum desde la reaparición en 2010 –que siguió a una pausa de 13 años en los que piloteó el proyecto Angels of Light– es un trabajo de grandes proporciones.

Pasan los años y la angustia, desesperanza y desespero que salen de las entrañas de Gira y sus cómplices se hace cada día más vigente en medio de un mundo desolado por la propia raza humana. Lo acompañan en esta compleja tarea de disección Christoph Hahn (guitarra), Thor Harris (batería, percusión, vibráfono, dulcimer, teclados), Chris Pravdica (bajo), Phil Puleo (batería, percusión, dulcimer) y Norman Westberg (guitarra), con la ayuda adicional de St Vincent (voces), Little Annie y el miembro honorario Bill Rieflin (ex Ministry, NIN, Pigface, Revolting Cocks, REM y ahora de King Crimson), entre otros.

Blues retorcido con aroma industrial, dark rock, folk maldito, angustiosos mantras… El sexo, el poder, la corrupción, la sociedad de consumo, la religión, son temas que siguen obsesionando a Gira. A veces en la vida hay que dejarse conducir hacia terrenos espinosos en los que la adrenalina actúe como un disparador de emociones. Swans no ha perdido un ápice de su capacidad para revolver las vísceras, acuchillar corazones y escarbar en las miserias que nos envuelven. Eso es lo que produce el monstruoso To Be Kind, el decimotercero y más reciente sismo emocional en una carrera que comenzó en 1982, junto con una camada de bandas arropadas por el escepticismo de la era post punk neoyorquina, un movimiento bautizado como “no wave”. La negación a lo musicalmente establecido los convirtió en nuevos redentores de la contracultura underground.

Comandada por Michael Gira, un marginal y descarnado poeta, Swans rápidamente se hizo con la fama de banda radical y socialmente resentida, atrayendo hacia sus devastadores shows a una legión de desadaptados y solitarios personajes de la vida nocturna de Nueva York y sus alrededores. La desgarrante voz de Gira, la machacante batería de Roli Mosimann, la abrasiva guitarra de Norman Westberg, y unos crudos textos cargados de sexo, sadomasoquismo, religión y el poder maldito del dinero dominaron sus primeros años, durante los cuales editaron cuatro abrasivos discos.

Tras la inclusión de Jarboe en el álbum Greed (1986), la música de Swans comienza a liberarse de algunas de las ortodoxas formas musicales de sus primeros años, para dar paso a misteriosas atmósferas provenientes de los teclados y los susurros de la nueva sacerdotisa, mientras la voz de Gira ganaba en profundidad

Desde entonces, Swans nos ha regalado momentos telúricos como Children of God (1987), The Burning World (1989), White Light from the Mouth of Infinity (1991), Love of Life (1992), The Great Annihilator (1995), Soundtracks for the Blind (1997) y el antecesor, The Seer (2012), entre otros.

Hay que tomar precauciones. Seis serial killers andan sueltos.

 

@jcballesta

@revistaladosis