• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Rodolfo Izaguirre

Superhéroes gays

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Además del apoyo que dan al movimiento gay y al matrimonio entre parejas del mismo sexo, encuentro moderno que los superhéroes comiencen a casarse entre sí y muestren una libertad cónsona con las hazañas que acostumbran emprender en los cómics donde son ampliamente conocidos. Sostengo, sin embargo, que los superhéroes no deben casarse porque sus propósitos son altos y justicieros: están llamados a comprometerse en misiones que parecieran no ser de este mundo; enfrentar a villanos capaces de destruir a nuestro afligido planeta; deshacer conspiraciones y detener el tiempo; identificarse con desconcertantes tecnologías y esquivar mortíferos artefactos y rayos letales. Más aún: no deben hacerlo los simples mortales que tienen que ajetrearse en una cotidianidad que se les vuelve complicada. No imagino, por ejemplo, a Bolívar, a Napoleón o al mismo Atila escuchando las quejas de sus respectivas parejas porque uno se va de la casa a inventar a Bolivia; el otro ambiciona una corona y el de más allá se empeña en no dejar crecer la hierba. Me parece escuchar a sus esposas o a sus maridos cuando ven salir al superhéroe dispuesto a una nueva hazaña: “¿Vienes a cenar? ¡Abrígate bien, no te vayas a resfriar!”. Sabemos lo que ocurre con Olafo cada vez que con heroica altivez declara a su mujer que se marcha a saquear Inglaterra y ella le recuerda sacar la basura antes de irse.

¡No hay nada qué hacer! El ser social es más poderoso que el ser individual y los usos y costumbres avanzan al cambiar, y lo que era pecado, tabú o ilegalidad cede el paso a la ausencia de prejuicios y superaciones morales. Hay matrimonios gays en nuestro vecindario, pero también en el prodigioso universo donde reinan los superhéroes. Linterna Verde besa a su novio en la boca y hay un mutante ultraveloz llamado Northstar que conquistó celebridad no sólo por ser el primer superhéroe en declararse gay, sino en casarse con su novio.

No debemos alarmarnos ni sorprendernos porque desde hace tiempo los admiradores de parejas tan emblemáticas como Batman y Robin o Mandrake y Lotario manteníamos dudas acerca de sus afectos: tenían amigas pero no se les conocieron novias “activas”, y Robin se mostraba celoso cada vez que Batichica o Gatúbela se acercaban a Batman: “¡Santa cachucha, Batman!”, exclamaba horrorizado. Spiderman no se atreve a revelar su verdadera identidad ni a tocar a la chica que ama para protegerla de los enemigos que lo persiguen. En todo caso, el matrimonio entre el tímido Peter Parker y Mary Jane Watson “jamás” ocurrió. Al atontado reportero Clark Kent, de nulo atrevimiento sexual, no parece preocuparle para nada que Lois Lane permanezca soltera rezándole en secreto a san Antonio; tampoco se le conocen a Clark amoríos de ninguna naturaleza con los redactores del Daily Planet y si alguna vez hubo “matrimonio” entre Superman y la señorita Lane semejante acontecimiento pertenece de lleno a la ficción. Nadie, en su sano juicio, puede casarse con un tipo que lleva los calzoncillos por fuera o se desviste a la carrera en cualquier lugar y deja la ropa abandonada en los callejones.

En uno de sus cuadros Alberto Brandt, el mayor abanderado de la patafísica en el país, mostró algo parecido a una pareja dentro de cierta confusión de plumas y destellos que llevaba como título: “¡Batman y Robin en un momento de ocio!”. Para entonces, algunos de los superhéroes ya habían abandonado los armarios, pero todos con valentía han seguido afrontando los descalabros sociales y políticos de Estados Unidos siendo víctimas, al mismo tiempo, de los oscuros y retrógrados códigos de decencia, muy republicana, que persisten en la América profunda.