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Ildemaro Torres

Suficiente

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Sí, o más bien demasiado.

Creemos haber consumido bastante tiempo en saber quién es quién, qué quiere y en qué anda, dentro de la cáfila que preside al país. No sigamos entonces permitiéndoles mantenernos ocupados física, mental y anímicamente, con su bárbaro acoso. Démosle un mayor y más trascendente sentido a nuestra atención, descansemos de la ordinariez y las morisquetas histriónicas de dicha comparsa; así como también de oficiales de lealtades compradas y prestados a cualquier acción degradante. Tengamos sí una clara conciencia nacionalista que profundice nuestro sentimiento de identificación con el país en cuanto le sea importante para su destino.

Es perceptible el deterioro de la ética colectiva, con un sistema de justicia signado en unos casos por las complicidades, impunidades y excarcelaciones negociadas, y en otros por el encierro y abandono a su suerte de millares de hombres en asquerosos antros penitenciarios. Urge restablecer la respetabilidad de los poderes públicos, sin que baste con la recuperación de las calles, ni con la pérdida del miedo a los bravucones que ejercen el poder, sino que también es necesario, como compromiso de honor, recuperar el nombre y todo lo que conforma el ejemplo de Bolívar, sin recaer en el culto irracional que lo deifica.

El comandante indujo una profanación del sepulcro y manipulación irreverente de los restos del héroe, ordenó la construcción de un Mausoleo y modificar el Panteón Nacional, pretendiendo quizás un puesto al lado del verdadero prócer. Si en efecto aspiraba a ser embalsamado, debimos hacérselo posible, por sus ideas y conducta típicamente militaristas, y sus actitudes retrógradas como salidas de viejos sarcófagos. Tal vez se creía de proyección multigeneracional (lo que Maduro trata de vendernos para ser visto como el gran heredero).   

Toda Venezuela sabe, o debería saber, que hay material acumulado en estos años como para hacerles un prontuario al caudillo y sus fieles asistentes, con demanda de explicaciones y el establecimiento de sanciones. Que lo suyo eran la mentira y el engaño, la inclinación delictiva, odio y resentimiento, subvaloración de la vida humana, y delirio con la eternización en el poder. De bochornosa conducta como gobernante de esta nación reconocida en su apertura pacifista y solidaria; teniendo él en cambio estrechos vínculos con agrupaciones y mandatarios terroristas de repudiable criminalidad, y suministrador de uranio al guerrerista Irán.

Pero a decir del candidato Maduro, evocar al jefe barinés “es hacer patria”, sobre todo ahora con su calculado empeño de crear una nueva iglesia con el difunto a la cabeza, cual venerable acompañante y colega de Cristo, a quien el nuestro se permite no sólo hacerle sugerencias sino impartirle instrucciones de qué hacer en especial en materia religiosa y política, en estos países latinoamericanos.

Padecemos una cadena de manipulaciones, manejada aquí como cruel burla al pueblo por el régimen cívico militar, y aplicada también desde Cuba por los hermanos Castro; convencido cada manipulador, de su propia viveza y de la dócil estupidez del manipulado. Es preocupación real dejar de proyectar al mundo la triste imagen de este país en ruina a causa de asaltos y confiscaciones por parte del Gobierno, del despilfarro y el saqueo de los bienes de la República.  

Ante las circunstancias actuales dada la muerte del jefe y las perversiones de sus acólitos, nos es irrenunciable optar por la honestidad como virtud nacional, y por la idea, esperanza o propósito, de tener un país y una sociedad mejores en todo sentido; y por ello dejo a título de cierre esta aspiración: No más ignorantes en ejercicio del poder, y un cese del fenómeno degenerativo de la moral personal y colectiva.