• Caracas (Venezuela)

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Pareja a la práctica mágica y ritualista de creer que se está construyendo el socialismo, poniéndole el calificativo “socialista” a cualquier cosa, se encuentra la tendencia legalista, que nos viene de subterráneas herencias hispanas, por la cual se supone que para instaurar una “nueva institucionalidad” basta la existencia de un montón de leyes.

Así, se habla de darle un nuevo impulso a la construcción del “Estado comunal”, mediante una revisión de un paquete de leyes. Esto puede que sea necesario, pero evidentemente no es suficiente. También se ha insinuado un plan por la cual los gobernadores chavistas electos este 16 de diciembre “desbaratarían” el actual Estado para hacer surgir las comunas. Me parece que eso tampoco es suficiente.

Entendámonos. No estoy hablando de una supuesta “revolución cultural” estilo Mao; pero sí de una transformación importante de las disposiciones, hábitos, prácticas, conocimientos, creencias, éticas, psicologías y hasta estéticas, de toda la ciudadanía, para que pueda asumir las responsabilidades y funciones que se han estado definiendo en el entretejido de las llamadas “leyes comunales”. La construcción de una democracia participativa demanda una nueva ciudadanía, que todos los venezolanos asumamos responsabilidades públicas, aparte de las propias de la vida privada de cada uno de los adultos que en esta tierra viven. Esto es pertinente señalarlo porque la tendencia de burocratización del proceso tiene como uno de sus componentes, así como los intereses particulares de la burocracia como grupo, la inercia de la población, su desmovilización y desmoralización, y, sobre todo, la irresponsabilidad que va cundiendo.

Entendemos que ese cambio en la cultura política del venezolano no se resuelve con “actividades de formación”, o sea, unas charlas, unos foros y unos programas de opinión en el SNMP. Esto es bueno, pero, de nuevo, no es suficiente. Es necesario aprender democracia, a participar y protagonizar, en la práctica, aprender a nadar nadando, como cabe en una educación masiva de adultos. Hace unos años, la revista Sic publicó los resultados de una encuesta según la cual sólo se habían dado alrededor de 20% de casos de corrupción o de sectarismo político-partidista en la conformación de los consejos comunales en el país. Ese estudio es notable por dos cosas: uno, por haber sido presentado por un grupo adverso al proyecto bolivariano, y dos, por los resultados mismos que hacían concluir a los investigadores que los consejos comunales eran “auténticas escuelas de civismo”. Es decir, la gente aprende a ejercer su ciudadanía, ejerciéndola. Las mismas resistencias se produjeron cuando se propuso como bandera el sufragio universal, directo y secreto, el cual todavía despierta reacciones oligárquicas y hasta gomecistas: ¿cómo van a saber votar esos ignorantes? ¿Cómo va a valer igual el voto de un malandro que el de un doctor? Pero sabemos que los reflejos oligárquicos se reproducen siempre, como los demás pecados.

Entonces ¿bastan la revisión de las leyes, su aplicación por parte de los ministros, los gobernadores chavistas electos y demás funcionarios? Ahí está el detalle. La experiencia con el Ministerio de la Comunas nos muestra que, más bien, esa “demasiada” intervención de los funcionarios estatales frustra la participación. No hay que pedirle peras al olmo. Es natural que los funcionarios actúen como funcionarios, es decir, cumplan órdenes, resguarden la “pureza” del proceso, pretendan quedar bien ante sus jefes. Pero ahí hay una fuente de actitudes sectarias, autoritarias y hasta corruptas. El problema tampoco es que los demás ministerios no se involucren en la construcción de las comunas. Es que se involucran demasiado, construyendo la “base de masas” a cada ministro, y no abriendo espacios donde surjan los auténticos líderes de las comunidades.

De modo que el cambio cultural, ideológico, no es sólo de la gente en general, sino especialmente de los funcionarios que tienen órdenes de “construir poder popular”. Al final, es el propio pueblo el que construye su poder, con una nueva comprensión, nuevos conocimientos, conciencia política, ética y estética.