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Juan Barreto

Subjetividad política

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Yo creo que si nosotros repensamos la historia intelectual del siglo XX vemos que comenzó con tres ilusiones de inmediatez, es decir, de acceso directo a las cosas: el referente, el fenómeno y el signo. Esas tres ilusiones dieron lugar a las tres grandes corrientes intelectuales, constituidas por la filosofía analítica, la fenomenología y el estructuralismo.

Ahora bien, la historia de estas tres corrientes es remarcablemente similar, porque en cierto momento esa ilusión de inmediatez se disuelve y nosotros tenemos que pasar de una a otra forma de mediación discursiva. Esto es lo que ocurre en la tradición analítica en las investigaciones filosóficas de Wittgenstein. Esto es lo que ocurre en la fenomenología con la transición de Husserl a la analítica existencial de Heidegger; y es finalmente lo que ocurre con la crítica postestructuralista del signo.

Porque también el marxismo comenzó a principios del siglo XX como una corriente esencialista que afirmaba un núcleo, último, duro, de identidad clasista para constituir a los agentes sociales y, sin embargo, en cierto momento este núcleo duro comenzó a desintegrarse; en la obra de Gramsci palpamos este momento de transición. Para Gramsci los agentes sociales ya no son las clases sociales en el sentido fuerte del término, sino lo que él llama voluntades colectivas, que son el resultado de la articulación de una pluralidad de posiciones de sujetos.

Este carácter discursivo, desde luego, no significa que nos estemos refiriendo tan solo a la lengua o a la escritura, es decir, a lo que normalmente se llama lo lingüístico, sino que se refiere a todos los términos de significación, y como toda práctica social es una práctica significativa. Esto quiere decir que los espacios sociales se constituyen esencialmente con espacios discursivos.

La mediática es un dispositivo maquínico que aglutina en el cinismo a toda la lógica de sentido de la civilización actual –lógica de mercado, razón instrumental y criterio de actualidad– dentro una flecha de tiempos espaciales y energéticas precisas que crean no lugares de existencia imaginarios y formaciones con itinerarios nómadas, que están claramente presentes en la influencia de Deleuze; que actúan en los instantes infinitos del tiempo y prescinden de las espacialidades física y motoras construyendo o deshaciendo legitimidades. Es decir, asistimos a las últimas instancias comprensivas entre el espacio y el tiempo en función del cuerpo en la agonía.

Esta perspectiva semiótica, en mi opinión, ha dependido de dos importantes desarrollos en el estudio de los procesos significativos. El primero es la reformulación del modelo lingüístico de Saussure, que todavía está muy ligada a la sustancia específica, la sustancia fónica y la sustancia conceptual. La forma en que esta perspectiva es reformulada en las escuelas de Praga y Copenhague, en las cuales se llega a un estructuralismo lingüístico esencialmente formalista, es decir, que no está directamente ligada a una materia precisa, y en ese sentido, lo lingüístico deja de ser algo relacionado con la lengua en el sentido estrecho del término y pasa a ser una lógica de lo racional que abre una multitud de posibilidades. La semiótica contemporánea, especialmente la forma en que la semiología se desarrolló en Francia en los años sesenta y setenta hubiera sido imposible sin este desarrollo de la teoría lingüística. El otro avance importante es el desarrollo de la retórica. La retórica tradicionalmente era concebida como un adorno del leguaje, hoy día nosotros vemos que los procesos figurales, es decir, la sustitución que está a la base de todo movimiento morfológico, es constitutivo de la significación como tal.

Finalmente hay un tercer elemento, una tercera dimensión que se liga a la constitución de la subjetividad política, esta es un área sumamente controversial en la teoría política contemporánea, todo el mundo percibe que la vieja noción de clase social, como el eje fundamental de la subjetividad política, es algo que no funciona, pero ¿con qué esta perspectiva va a ser remplazada? Es algo que ha dado lugar a numerosos debates, especialmente entre la noción de pueblo que varios autores, yo incluido, consideran.

Es decir, si ustedes piensan en la noción de subjetividad política que animaba el marxismo clásico, ven que este se fundamentaba en una teoría de la homogenización creciente de lo social. Era una tesis central del marxismo clásico que abría una simplificación creciente de la estructura social bajo el capitalismo, porque las leyes de los movimientos capitalistas conducían a la desaparición de la clase media, el campesinado y a la formación de un proletariado homogéneo, de modo que el último conflicto fundamental de la historia sería la oposición entre una masa proletaria y el poder burgués. Evidentemente la historia no ha avanzado en este sentido, es una heterogeneidad cada vez más profunda y visible que la constitución de las identidades colectivas y el momento político de la articulación, de esta manera pasa a ser absolutamente central.

 

@juanbarretoc