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Alicia Freilich

Stalineados

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Un fiel militante criticó a puertas cerradas algunas trácalas de su Partido Comunista polaco y de inmediato fue encarcelado en Siberia. Era Yehuda Arie Varsavski, mi tío materno, joven periodista de garra. Un día de 1944 llegó al apartado postal caraqueño de la familia su petición final: reúnan las migas de pan que sobran en su mesa y me las envían pronto.

Ese breve pergamino logró evadir carceleros y verdugos por milagrosa solidaridad, al igual que le sucedió a mi padre Max antes de huir hacia Venezuela, cuando era obrero del calzado en Cuba bajo las dictaduras de Gerardo Machado y del Partido Comunista judío. En ambos casos la pluma fue más poderosa que la espada y por eso debo y puedo contarlo en este espacio privilegiado.

Así respondo de una vez por todas a los atentos lectores que me reclaman, insultan, elogian o comentan mi insistencia en la necesidad urgente de luchar, denunciar, detener y excluir de la agenda democrática al Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, como llaman al Partido Comunista neto, una pandilla de funcionarios y parásitos que desgobierna al país. Sacarlo de todo plan decente y constitucional por causas graves, entre ellas, porque no es venezolano como sí lo fue a medias el primero local que al menos adversó las dictaduras militares de aquí en su tiempo. Hoy, al contrario, son sede y sucursal del militarista partido castrocubano que seguirá en el poder hasta que este pueblo aguante.

El hombre que amaba los perros de Leonardo Padula (2009), Liova corre hacia el poder de Marcos Aguinis (2011) y Tiempo de canallas de Carlos Alberto Montaner (2014) son tres novelas apasionantes y altamente recomendables que, a través de su diverso anecdotario, temática y personajes, muestran los detalles del nacer, quehacer y morir de las sectas comunistas que han sido gobierno y lo siguen siendo en China, Rusia, Corea del Norte, Cuba, Venezuela. Secretos y matices del monstruoso pulpo totalitario aplicado sin misericordia hora tras hora, día tras día.

No se puede ser tan irresponsablemente ingenuo, expresar asombro y contento cada vez que el chavismo pide taima para renovar sus estrategias de engaño, calumnia, robo, espionaje, asesinato, desaparición, aplicadas a quien señale errores o desobedezca una orden del alto mando militante-militar. Es un sistema policial que destruye la sección positiva de entraña humana y disuelve sociedades, países, continentes. Extirparlo a tiempo debería ser la normativa nacional y constitucional, tarea de supervivencia al comando de la dirigencia no comunista y de cada eventual elector.

Y mucho menos debe sorprenderse nadie cuando Miraflores anuncia que Venezuela presidirá el grupo de los llamados No Alineados, título de embuste porque siempre actúan como los Sí Stalineados. Es su marca de fábrica, su ADN sembrado por el “Padrecito” soviético de ese régimen criminal.

Quien tenga vocación suicida, pues, que siga firmando y confirmando sus bien conocidas trampas.