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Plinio Apuleyo Mendoza

Sorpresas de un encuentro

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Nunca llegué a imaginar que en un viaje relámpago de cuatro días a Madrid, realizado la semana pasada, pudiese encontrarme con personajes tales como Mariano Rajoy, José María Aznar, Sebastián Piñera, la famosa bloguera cubana Yoani Sánchez y mis amigos y compañeros de ruta, Jorge Edwards, Mario y Álvaro Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner. Estaba seguro de encontrar también a la mujer que más admiro en nuestro continente, María Corina Machado. Pero no vino. No pudo venir. Por primera vez, el fatal Nicolás Maduro le impidió la salida de Venezuela. Sueña con ponerla en la cárcel.

De todos estos encuentros le queda a uno, a propósito de Europa y América Latina, una imagen más bien inquietante. Llegué el sábado en la noche a Madrid y me hallaba el domingo en el vestíbulo de mi hotel cuando dos amigos encontrados allí por azar me invitaron a Guadarrama para asistir a la clausura de un campus de la fundación FAES. Era un luminoso día de verano y en aquel bello paraje rural esperaba ver sólo a un grupo de estudiantes cuando tuve mi primera sorpresa. El anfitrión de aquel encuentro era el propio Aznar y su invitado, Rajoy.

Vestido con un ligero traje de campo y hablando sin retórica alguna, el jefe del gobierno español nos pintó un cuadro muy realista y sin engaños de su país. “No podemos decir que España va bien, pero sí que va mejor”, dijo. Y, después de mostrarnos en cifras la alarmante situación recibida de Zapatero, nos habló de sus logros: un descenso todavía incipiente del desempleo, la salvaguarda de las pensiones, un sistema de salud que cubre a todos los españoles y algo muy alentador: “Somos el país de Europa que en el primer trimestre de este año fue el que más creció, después de Alemania”. Espera que para 2016 la crisis esté del todo superada.

Eran solo realidades y no un discurso para la galería. Lo inquietante es que, tras los desastres dejados por Zapatero, el español del común ha resuelto impugnar, como en Colombia, al mundo político. Y este desdén –injusto con Rajoy– explica que haya surgido un movimiento populista llamado Podemos. Su líder, Pablo Iglesias, es una versión española de Chávez, a quien siempre admiró. El caso es que en las elecciones al Parlamento europeo logró cinco escaños. El populismo es también ahora en Europa una engañosa alternativa.

En Francia está ocurriendo algo similar por cuenta de escándalos de corrupción, el último de los cuales ha puesto en entredicho la figura, hasta ayer popular, de Nicolás Sarkozy. Solo que el partido político beneficiado es el de ultraderecha dirigido por Marie Le Pen. Irónicamente, propone, a su manera, las mismas salidas de la izquierda populista.

Más grave aún es el nacionalismo a ultranza que amenaza a España. Sobre este tema prendieron timbres de alarma dos combativas mujeres, Esperanza Aguirre y Rosa Díez, en el Foro Internacional de la Libertad, que tuvo lugar allí y al cual estoy vinculado. Se oponen, con toda razón, al referéndum convocado para octubre próximo por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, que busca hacer de Cataluña un país independiente.

¿Será más segura la situación en América Latina? Amigos del continente nos demolieron esa ilusión. El primero de ellos fue el ex presidente de Chile Sebastián Piñera. Siempre vimos a su país como un modelo de desarrollo, pero ahora –nos lo demostró minuciosamente Piñera–, en solo tres meses de gobierno, la Bachelet ha vuelto a revivir los viejos mitos socialistas, incluso en un campo tan esencial como el de la educación. Mientras tanto, Venezuela sigue hundiéndose, sin que pueda vislumbrarse todavía una salida confiable para sustituir a Maduro. Más confianza sobre el destino de su país tiene la bloguera cubana Yoani Sánchez. A nada le teme. Fue ella una luz en medio de la incertidumbre que vivimos en cuatro días los amigos de la libertad.