• Caracas (Venezuela)

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Ana María Matute

Solo por hablar

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I

Lo confieso. Estaba por pasar los artículos a la web cuando reparé en la lista. Todos los autores. Tremendas firmas, excelentes temas, de todo un poco. Ninguna mujer.

Confieso que había decidido tomarme la tarde de hoy para adelantar el trabajo del fin de semana, pero la realidad de la supremacía masculina en la lista de articulistas para el viernes 15 me conminó a escribir. No porque sea feminista, sino porque pienso que las venezolanas tenemos mucho que decir, y no siempre lo decimos. O lo decimos en la peluquería, en la cola del supermercado, en el trabajo, pero no siempre tenemos la posibilidad de llegar al público. Yo la tengo, no puedo desperdiciarla.

 

II

Hay tantas cosas que pudiera decir. Tantas cosas por las que quisiera desahogarme. Por ejemplo, María Gabriela en la ONU. Pienso, bueno, al menos dejará La Casona.

En seguida recuerdo a la señora Alicia Pietri de Caldera sentada en uno de los corredores externos de la residencia presidencial con un álbum en su regazo. Me mostraba las fotos de cómo consiguió la casa cuando ella y su marido volvieron a mudarse allí. Era un espanto. Pero ella con mucho orgullo luego me llevó por los pasillos, me mostró los cuadros de famosos pintores, los muebles, el despacho presidencial, la sala de reuniones de los ministros. Lo había recuperado todo, había mandado a restaurar pisos, paredes, muebles, cuadros. Todo eso es patrimonio de los venezolanos, me decía.

Es una colección invaluable en una casa hermosa. Da pena que pocos venezolanos hayan tenido la suerte de verla por dentro. Yo fui a la Casa Nariño el año pasado, vi salones, escalinatas, cuadros, me contaron historias. Cuanto orgullo el del soldadito que nos hizo el paseo.

La siguiente imagen que puebla mi memoria es una mujer de la familia Chávez recostada sobre una silla Luis XV. Hablando de mujeres, de venezolanas, me da asco. Pobre señora Alicia, esfuerzo perdido.

 

III

Esta mañana en una panadería el señor que hace el café dice: “Sí, claro, tendrá posgrado en Harvard y en la universidad de Columbia. A mí lo que me da es pena”. Yo no sabía de lo que hablaba con una clienta aparentemente asidua al local. A la conversación se sumó otra dependienta. Hablaban de María Gabriela. Sigo con la verguenza. El barista dice: “Es que para ser ministro hay que haber estudiado, hay que estar preparado. ¿Cómo la van a mandar a ella?”.

La señora con la que hablaban los de la panadería, una mujer de más de 60 años, hermosa, de punta en blanco, de buen humor, afirmaba que sí, que daba pena, pero que tarde o temprano se ajustarían cuentas. Ojalá

 

IV

Hablo de las heroínas diarias. He escrito mucho de ellas. Es que las venezolanas no solamente somos hermosas, cocinamos bien, trabajamos mucho, nos preparamos en la vida, somos creativas, luchadoras, aguerridas. Lo siento, María Gabriela no nos representa.