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Heinz Sonntag

¿Sólo una crisis?

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En los últimos meses se han desarrollado acontecimientos que marcan la existencia de una situación sumamente peligrosa para la vida de nuestro país. Si entendemos por crisis lo que Immanuel Wallerstein ha definido como un tiempo en que las contradicciones y conflictos intrínsecos en las relaciones sociales tienen una fuerza mayor que la de los mecanismos existentes e institucionalizados para resolverlos, tenemos que afrontar el hecho de que ese estado tiene sus manifestaciones en las esferas constitutivas de nuestra sociedad: la económica, la social y la política.

La crisis de la economía es en gran medida el resultado de las políticas erráticas y erróneas del gobierno chavista en los 14 años de su existencia. Se reflejan en algunas cifras: déficit fiscal de 20%, tasa de inflación de 18% y crecimiento de la deuda publica en 94% en los últimos cuatro años, amén de una caída en la producción por la expropiación de tierras y empresas privadas, con el subsiguiente crecimiento de las importaciones y el frecuente desabastecimiento de productos básicos.

El indicador más sobresaliente de la crisis social es la enorme inseguridad personal, con más de 50 homicidios por fin de semana solamente en la capital, más de 20.000 homicidios en 2012, innumerables secuestros y otros crímenes. En esta situación se cristaliza la anomia, esto es: el resquebrajamiento de los valores y normas que forman la ética de una democracia y de los ciudadanos, convertidos en súbditos.

Pero la crisis de mayor gravitación es la política. En junio de 2011 el Presidente anuncio que tenía que someterse a una cirugía. Su frecuente ausencia del país, por su decisión de someterse al tratamiento en La Habana, tuvo y tiene repercusiones en el Ejecutivo y en su partido, todas consecuencia del tipo de sistema político que Chávez impuso en sus repetidos mandatos.

Este sistema se basa en una mezcla de personalismo del líder, mesianismo, militarismo y comunismo a la cubana. Contiene retazos del “marxismo-leninismo”, de los planteamientos de Norberto Ceresole sobre la simbiosis de pueblo, fuerzas armadas y líder absoluto, y del militarismo-caudillismo histórico de América Latina y especialmente Venezuela. Uno de los elementos esenciales de la supervivencia de este sistema es el control de los ciudadanos y su eventual transformación en súbditos (Hannah Arendt).

Durante 14 años este sistema funcionó, con el apoyo de Fidel Castro y algunos de sus lacayos. Dentro del PSUV hay una fracción de fidelistas como Elías Jaua, Nicolás Maduro y otros cuya función es garantizar el mantenimiento del régimen de Chávez y de su sistema político.

La crisis política que estamos viviendo tiene su origen en la ausencia de Chávez y en la subsiguiente turbulencia en el interior del PSUV. Se ha sabido que una fracción cada vez mayor de oficiales de la FAN ve con creciente irritación la influencia de Cuba. Por otro lado, la alternativa democrática ha logrado construir una corriente de oposición que tiene creciente influencia en la ciudadanía.

Vivimos entonces los venezolanos en las manifestaciones y turbulencias de una crisis que tiene sus manifestaciones en las tres esferas de la sociedad. Estas no son iguales, en virtud de que cada una de ellas ha creado en su desenvolvimiento histórico sus propios mecanismos y normas de funcionamiento, de modo que no exista una sola receta para resolverlas. Pero lo que es innegable es que las soluciones tienen un denominador común: la necesidad de que los actores sociales lleguen a un estado de convivencia que permita alcanzar consensos que faciliten una acción-práctica común. Y de esta situación estamos aún bastante alejados.

El PSUV, el de Maduro y el de Cabello, es el enemigo de la construcción de una democracia nueva y, por ende, el enemigo de la sociedad venezolana. Con ese partido y sus líderes no hay reconciliación posible.