• Caracas (Venezuela)

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Valentina Issa Castrillo

Solo el comienzo

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Llegamos al 6. Parece mentira, parece que solo ayer Tibisay Lucena nos concedía en rueda de prensa el derecho al voto que está en la Constitución pero que ella y colegas administran a su buen saber y entender, como quien administra plata en la cuenta corriente, con su mal humor y poco carisma de siempre. Bueno, la verdad fue casi ayer, junio fue tardísimo para anunciar un cronograma electoral chucuto y hecho a la medida de las muy malas condiciones en las que se encuentra el gobierno candidato. Pero ya estamos aquí.

El camino arrancó, como es costumbre, lleno de obstáculos y un poco de apatía. A unos les cayó la locha del momento y la oportunidad crucial que representaba para el país en condiciones de inmensa impopularidad del dream team de Chávez. Otros se encuevaron en la postura del voto no vale nada, yo no voy a hacer cola como un bolsa pa’ que me roben, a Capriles lo robaron y no cobró, la AN no le importa a nadie, etc. Y luego, con el paso de las escasas semanas, pero intensas y vertiginosas como el deterioro de nuestra economía y calidad de vida, empezaron a verle el queso a la tostada por la vía de la psicología inversa.

Y es que no hay nada que el gobierno candidato no haya hecho para a) posponer el compromiso electoral, b) aumentar aunque sea un poquitico, una milésima su corroído arraigo, c) entrampar el juego a su favor para protegerse de la paliza anunciada. Conflictos fronterizos provocados coqueteándole al prospecto de una guerra con los vecinos; condenas sin sentido de presos políticos con dramas asociados de fiscales y jueces; fabricación de opciones parecidas en color y epónimo a la unitaria de la oposición para confundir el voto; tiros, muertes, más muertes; importaciones de productos básicos raspando la olla y pidiendo fiao; amenazas de lanzarse a las calles a pelear no sabemos bien con quién, de ganar la oposición. Por mencionar algunos.

¡Pero lo números no subieron! Bajaron, esta vez como que no lo lograron. Es posible que el esfuerzo y el tiro les hayan salido por la culata, sí. Es posible que los trapos rojos ya no funcionen con los venezolanos, es posible que lejos de distraer y amalgamar, más bien comuniquen su miedo y la importancia de esta suerte de catalizador que se vislumbra como luz al final del túnel. Si sumamos la crisis fuera de control en todo sentido posible, y los esfuerzos importantes del equipo de la MUD y sus candidatos en el corto tiempo, arriesgando sus vidas, perdiéndolas incluso, parece que el universo y la sumatoria de una intensísima narrativa de pinponeos y metamensajes, se han configurado para colocar grandísimas esperanzas alrededor de este día en nuestros espíritus. Es mucho lo que le estamos apostando al 6, y con toda razón. 

Pero aún no estamos listos para votar y acostarnos a dormir. El cambio que deseamos requiere de nuestra persistencia en el anhelo de verlo concretado, y necesita del concurso de todos.

Esta oportunidad aún no concretada será en cualquier caso solo el comienzo, de algo importante, pero solo el comienzo. Estamos frente un gobierno que lucha por su vida y está en modo de supervivencia animal a extremos que no consideran la vida sin el poder. En sus cabezas no existe la posibilidad de ser oposición y querrá tracalear, quedarse como sea. A diferencia de otros países, en Venezuela nuestros chances numéricos de éxito no son necesariamente chances reales. Ese es nuestro drama, nuestro reto en realidad, y uno al que tocará verle la cara en este comienzo del fin.

Que el 6-D nos sirva de impulso y espaldarazo en un camino indetenible hacia la Venezuela que nos merecemos.