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Ron Davis Álvarez Lombano

El Sistema en el mundo: ¿Qué es igual? ¿Qué es diferente?

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Sonreír desde cualquier ángulo es la respuesta del alma. Muchos dicen que mirar es la puerta de los sentimientos más profundos. Al tocar, cantar y luchar sonríes, construyes miradas y enriqueces el espíritu.

De donde vengo se despierta muy temprano. Se hacen grandes colas para subir al autobús. Te encuentras, cuando aún no son ni las 7:00 de la mañana, con un caos que cautiva. Lo llaman Metro de Caracas, y atraviesa, bajo tierra, los grandes edificios de la capital venezolana. En algunos días, al salir de ahí, el sol te ilumina con fuerza. En otros tantos, un torrencial aguacero se ánima a refrescar nuestra montaña, el Ávila. Es la misma lluvia o el mismo sol que cubre nuestras sabanas, nuestras ciudades más pobladas y nuestros pueblos más lejanos.

Así es el amanecer de la música; las sonrisas y los bailes de un corazón de orquesta, de canto y de lucha. Lucha contra la pobreza y la delincuencia. Lucha para conseguir integración y el derecho de darle un sentido a nuestras vidas.

De donde vengo somos pájaros coloridos, bandera tricolor, árboles amarillos, rocío de orquídeas y saltos de aguas. Somos vientos barloventeños, San Pedro guatireño, tambores san juaneros. Somos tradiciones inolvidables, calor zuliano, pesca oriental, oro negro y costa caribeña.

Somos frailejones andinos, tunas desiertas, comparsas caroreñas y fiestas de flores en grandes haciendas. También somos canoas en ríos grandes, cantos de ordeño, cacao, ron y caña de azúcar.

Somos ciudades, barrios y cuentos de camino. Somos madres luchadoras, parroquias grandes, árboles musicales con hojas de orquestas y frutos de valores. Somos, además, escaleras con tobos de agua, grafiti citadino, plaza de palomas con viejos vendedores. Somos dulce de coco, arpa, cuatro y maraca, cotiza bien sonada, joropo llanero y abrazos de la abuela.

Somos un ejemplo de carácter, de lucha, de integración y de cambio social a través de la música. Somos los responsables de sembrar orquestas y coros en toda Venezuela.

De donde vengo somos “El Sistema”. Somos esa sonrisa que empieza con las palabras aprendizaje, disciplina y flexibilidad.

Aprender a través de la enseñanza musical colectiva nos convierte en un modelo de coraje y fortaleza; de lucha por la paz y por la integración mundial. Trabajar por la prevención del ocio mal canalizado, de la pornografía infantil, de la delincuencia, la droga y la pobreza extrema nos convierte también en un modelo de inspiración para todo el mundo.


El Sistema en Venezuela se caracteriza por la versatilidad de su estructura, el reto, la disciplina, la diversidad de su repertorio, y las obras de alto nivel de ejecución técnica e interpretativa. Son estas las primeras características que describen nuestro desarrollo como modelo pedagógico.

Durante casi 40 años, cada uno de nuestros núcleos ha manejado perfiles de iniciación muy diversos, adaptados a su realidad local. Así se mantiene el mismo propósito y la misma visión social del avance musical de nuestros programas.

Los pequeños pueblos, las grandes ciudades, los caseríos y los sectores menos privilegiados desarrollan su iniciación musical de manera particular, aun cuando mantienen la misión, visión, filosofía, secuencia en el repertorio y lucha por la excelencia. Los líderes, directores, instructores y docentes de los núcleos utilizan de manera creativa la aplicación de programas musicales y la creación de otros, dependiendo de las necesidades que florezcan en el seno de la comunidad. De esta manera, se logra enaltecer y enriquecer sus aspectos culturales para el desarrollo de la continuidad de las tradiciones cercanas a la localidad, municipio o estado en donde funcione el núcleo.


La base pedagógica funciona en forma de espiral, como modelo de aprendizaje. Los profesores trasmiten al estudiante cómo enseñar. Luego, este multiplica los conocimientos y abre un abanico de oportunidades, especialmente, para aquellos niños, niñas y jóvenes de niveles sociales más necesitados y vulnerables, mediante el ejercicio musical colectivo. A ellos se les brinda la oportunidad de desarrollarse dentro de una o varias actividades musicales, ejecutando un instrumento que los ayude a combatir los problemas de integración social, y los enriquezca de valores a través de la excelencia musical.

¿Cómo enseñar esto en un país distinto? ¿Qué es igual? ¿Qué es diferente? Una sonrisa es sonrisa en el Ártico, en la Antártida, en Asia y hasta en la Luna. Y, afortunadamente, siempre tendrá el mismo objetivo: llenar a un niño de alegría y de sueños.

He trabajado en diferentes países, pero una de mis mayores experiencias las tuve como voluntario en la Casa de Niños de Uummannaq, al norte Groenlandia. Allí entendí que no hay mejor manera de enseñar la práctica colectiva musical que aprendiendo de dónde vienen los estudiantes. Entendiendo cómo es su día a día o cómo se siente la nieve. Incluso, experimentando si la brisa de los trineos se asemeja, por lo menos un poco, a la que golpea mi rostro cuando tomo el autobús que me lleva al pueblo en el que vivo.

Cuando te interesas por aprender de su comunidad, estudiar sus necesidades y, además, les enseñas lo que significa la música, siembras un árbol. Un árbol que debes regar todos los días para que de él florezcan grandes valores.

Sí, todos sabemos que convivimos en un mundo lleno de comunidades diversas, y de puntos geográficos en el que convergen cientos de emigrantes. Esto hace que, muchas veces, nos tome más tiempo identificar algún punto de partida o referencia para integrarnos. Ahora bien, tan solo pensemos en la palabra felicidad. Cada una de esas comunidades entiende por igual que la felicidad se puede conseguir cuando regalas notas que se traducen en una ayuda al prójimo.

El lenguaje, el tiempo, las latitudes, las estaciones climáticas, las tradiciones, las políticas, las creencias, los puntos geográficos, describen naciones. Pero el arte de la música como lenguaje universal construye sonrisas.

¿Qué es diferente?

Diferente es la manera de hacer el pan, de bailar y de acentuar palabras.

Diferente es el punto donde te encuentras; es la física, que describe espacio, tiempo, latitud y altitud.

Diferente es que hoy vea desde mi ventana el Ávila, y mañana un hermoso iceberg.

Diferentes pueden ser muchas cosas cuando tienes que enseñar una filosofía de práctica musical en cualquier parte del mundo que no asemeje ni un poquito a la ciudad en donde naciste.

Diferente es todo lo que no es igual. Suena obvio, ¿no?

Diferente también es nada, cuando sabes que la lucha por la que trabajas tiene un mismo sentido.

Pero el hecho de ser diferente siempre partirá desde el punto en donde lo mires. Así que enseñar la filosofía y la visión que ha construido el maestro José Antonio Abreu en cualquier parte del mundo es igual… y es diferente.

Es igual porque luchamos por cambiar la vida de muchos niños, niñas jóvenes, familias y maestros. Mostrarles que pueden tener una vida distinta, en la que pueden dormir tranquilos, soñar y despertar sabiendo que tienen algo por lo que luchar es igual en todas las partes del mundo. Pero el cómo lo enseñas a través de la música es justamente lo que tiene que ser diferente.

El proceso de aprendizaje viene con la comunidad en la que te encuentres; pasando por sus necesidades, sus gustos y hasta su leyes.

No importa si por lo que luchamos es igual o suena diferente. Luchemos por el rescate social del niño, y utilicemos los diferentes procesos de enseñanza aprendiendo de la comunidad, para la comunidad y por la comunidad.

Deja que El Sistema en tu país suene a tu música o la de todos. Deja que ría con ojos finos o cabellos rubios; con piel canela o abrigos fuertes; en montañas, desiertos, valles o grandes ciudades.

Solo deja que la música suene bajo sonrisas; que la enseñanza siempre pueda llenar de esperanza a los niños. Deja que la orquesta o el coro, sin importar el país de procedencia, el idioma o las tradiciones, utilice todos sus recursos para ser una gran familia.

No quiero terminar sin antes decirles lo que hago cuando debo enseñar en otro país. La respuesta es sencilla, y la conseguí a través de mi experiencia dentro de El Sistema: sonrío, y me convierto en un estudiante más.