El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Elsa Cardozo

Soberanos engaños

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Mientras Siria se desangra, quienes seguimos la catástrofe día a día, en testimonios e imágenes, nos movemos entre la indignación por la impotencia del mundo para detenerla y la tentación de quedarnos en el dictamen de que así se manifiesta la lucha por el poder en los tiempos que nos ha tocado vivir.

La verdad es que la disposición de los gobiernos para movilizar su capacidad de influencia internacional puede ­o no­ incluir en sus cuentas la responsabilidad ante los suyos y el mundo. Y cuando la incluye, lo hace de modo más o menos franco.

De forma más engañosa cuanto más se alegan razones propias y ajenas de soberanía. Encuentro al menos tres soberanos engaños ante el conflicto en Siria, familiares por demás para quien haya seguido otras crisis en las que gobiernos influyentes o con pretensiones de serlo ponen la responsabilidad de proteger sus intereses por encima de la responsabilidad de proteger los derechos humanos (como si la una y la otra no debiesen ir siempre juntas).

1. Ante situaciones de crisis, especialmente si son nacionales, las acciones internacionales deben ser regionalmente concebidas y concertadas, a la vez que legalizadas en el ámbito multilateral de las Naciones Unidas. Inocultable falta de franqueza.

Recordemos que en vista de la recurrencia de los vetos de Rusia y China a sanciones más enérgicas del Consejo de Seguridad, la Asamblea General ha aprobado en dos ocasiones, con 133 y 137 votos de sus 193 miembros, resoluciones inspiradas por la Liga Árabe, abiertamente condenatorias de las "violaciones continuas y sistemáticas de los derechos humanos y las libertades fundamentales por parte de las autoridades sirias" y con la petición de "un proceso político inclusivo y dirigido por los sirios en un entorno libre de violencia, miedo, intimidación y extremismo".

Mientras, ardientes defensores de la concertación multilateral y grandes profetas del diálogo se hacen más que sordos a la exigencia de esa amplia mayoría de la comunidad internacional.

2. Es que la autodeterminación debe ser protegida y, por tanto, son los pueblos y los gobiernos los que en cada país deben resolver las crisis políticas. Vil argucia que coloca a pueblo y Gobierno en igualdad de condiciones mientras ignora la flagrante y confesa violación de los límites en el ejercicio del poder.

Baste recordar lo dicho por Bashar al Assad ante el Parlamento sirio después de la masacre del 25 de mayo en Houla: "Cuando un cirujano en un quirófano... hace cortes, limpia y amputa, y la herida sangra, ¿alguien le dice que sus manos están manchadas de sangre?... ¿O le damos las gracias por salvar al paciente?".

A ese gobernante dispuesto a amputar a su pueblo antes que ceder el poder, algunos de los guardianes más celosos de la autodeterminación le proveen recursos para sus operaciones.

3. Las potencias emergentes tienen la mayor disposición y capacidad en sus regiones aledañas, y globalmente, para impulsar un más pacífico orden mundial. Falso.

En realidad, lo que confirmamos en el caso sirio es la frágil responsabilidad internacional de los más influyentes miembros del diverso conjunto de los llamados Brics (por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), quienes del sangriento antecedente libio sólo recuerdan lo que les interesa y olvidan el costo humano y moral de la parálisis diplomática.

Dejo al amable lector el ingrato ejercicio de colocar al Gobierno venezolano en el mapa de estos soberanos engaños.

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