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Alexis Correia

Simulacro de paz

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Pequeñas tragedias nacionales. Para el pasado 12 de febrero (a la postre, página sangrante en la historia contemporánea de Venezuela) estaba previsto el primer estreno importante de 2014: el concurso de conocimientos deportivos El gran reto, en Meridiano TV. Pasaron ya otros dos miércoles desde entonces y, debido a las cadenas, el programa sigue sin debutar.

Dediquemos este espacio, pues, a analizar lo que me conseguí el pasado miércoles a las 8:00 pm en lugar de El gran reto: la instalación de la Conferencia Nacional por la Paz.

Hagamos un ejercicio de imaginación y supongamos que somos contratados por la ministra de Comunicación para asesorar acerca de por qué esa cadena no convenció al reacio sector del país que, en las elecciones presidenciales de 2013, sumó 49% de los votos. No hablemos siquiera de un guarimbero de El Cafetal (sería bueno examinar desde el oficialismo, por cierto, qué sucesión de hechos ha llevado a un grupo importante de venezolanos a perder la fe en desenlaces democráticos o consensuados).

Recomendación 1: Delcy, en pleno siglo XXI, una cadena representa una modalidad de comunicación arcaica y, de entrada, odiosa. Funciona bajo la misma lógica torpe que pretende que la inflación y la escasez se acabarán mágicamente si se impone una Ley de Precios Justos. Como sugerencia, podrías transmitir en todos los canales una introducción o cuña en la que anuncies que la conferencia se verá completa en VTV, que para algo debe servir. Atraerás a no pocos televidentes con el gancho del morbo de Lorenzo Mendoza y Jorge Roig (tantas veces señalados como los mismísimos diablos por recomendar un mínimo de cordura en el área económica, fíjese usted) a calzón quitao con Nicolás Maduro.

Recomendación 2: Delcy, será muy presidente de la Asamblea Nacional y todo, pero si quieres que un opositor crea en la Conferencia Nacional de Paz, no pongas a Diosdado Cabello en la mesa que preside una convocatoria, en todo caso, lanzada desde el Poder Ejecutivo. Mejor que no se vea tanto. Cabello no será asociado nunca con la paz.

Recomendación 3: Delcy, no pongas de primero en el micrófono a José Vicente Rangel. Allí se terminaron de apagar bastantes televisores. También se pudo dejar para el horario de adultos el discurso de gallito de Aristóbulo Istúriz admitiendo tácitamente los colectivos violentos (“hemos contenido a nuestra gente, ¿qué pasa si la dejamos libre?”). Es triste, por cierto, ponerse a pensar qué otras voces de “moderación” gravitan hoy en el oficialismo y que a uno no se le ocurra nadie. 

Recomendación 4: Delcy, cuida los pequeños mensajes no verbales. Trata de que la conferencia, aunque no sea seria, lo aparente. Evita la cursilería, la palabra “paz” en arreglos florales y el exceso de turbantes, penachos de plumas y sombreros llaneros, muy honorables pero que poco dicen a la audiencia urbana y profesional con la que el gobierno necesitará contar para superar la debacle. Lo otro deja la impresión de un “vente tú”.

Recomendación 5: más de lo anterior. Una cosa es que haya un representante (por no dejar) de artistas identificados con el chavismo, y otra llevar al combo completo de costumbre: Paul Gillman, Dilia Waikaran, Roque Valero, Roberto Messuti, etcétera. Seamos honestos: ¿qué pamplinas jugaba Layla Succar en Miraflores? ¿Fue seria la designación misma de Winston Vallenilla como presidente de TVES? ¿No resultó simbólico el vacío de al menos un rostro emblemático (si de celebridades hablamos) entre los que navegan en el medio de los dos extremos? El gran reto, el de verdad, es confiar en la paz de los que han soltado antes tantos demonios. Aunque mejor eso que trancar todas las puertas.  

En Twitter: @alexiscorreia.