• Caracas (Venezuela)

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Claudio Nazoa

Simonovis, spaghetti con diablitos

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El artículo de hoy por estar alejado de la política, la injusticia, la ignominia y de todo aquello que hace infeliz a los humanos, es raro. Los protagonistas: la bella Bony y el feo comisario Iván Simonovis.

Junto con Laureano Márquez y otros buenos amigos, tuve el privilegio de visitar al comisario Simonovis, quien después de diez años de inimaginables sufrimientos separado de su familia, por fin, aunque continúa siendo injusto por ser inocente, le han dado casa por cárcel.

Increíble la seguridad alrededor de su hogar, pareciera que allí viviera Bin Laden. En una de las esquinas un pelotón armado de la Guardia Nacional; en la otra, en medio de la calle, miembros del Sebin; y dentro de su casa, más hombres vigilando a tan peligroso sujeto

En la cena nadie preguntó nada; hablamos de filosofía, historia, justicia, chistes banales y de culinaria. Podría afirmar que ese día conocí a la verdadera Bony Simonovis; mujer con guáramo que confesó que por estar tanto tiempo sin su marido, se acostumbró a hacer cosas de hombres, como ser la dueña del control remoto del televisor. A veces, en la madrugada, se asusta cuando se da cuenta de que Iván está durmiendo con ella

La historia de cómo se conocieron es insólita: a Bony le robaron su auto y fue a la policía a poner la denuncia. Allí, Iván la vio por primera vez. Para ese momento, Bony estaba comprometida y él divorciado, en teoría, un amor difícil; pero como no hay nada más sabroso que lo prohibido y peligroso, estos dos intrépidos se empataron.

—No hemos dado con el vehículo, pero… si quieres cenar en mi casa… mañana es el día del censo y todo estará cerrado…

Ella, acostumbrada a levantar un dedo y ver a cientos de hombres guapísimos y millonarios cumplir sus caprichos, aceptó ir al apartamento de un policía pobre en el centro de Caracas. Iván no imaginó que aquella catirota cenaría con él.   

En la nevera solo había un trozo de pizza fosilizada con champiñones disecados y una cerveza.

—¿Y la cena?

—No te preocupes… ¿quieres una cervecita?

Él solo tenía un paquete de pasta, una olvidada lata de diablitos y margarina Nelly. Según Bony, esa fue la cena más romántica que le han preparado. Por esas cosas raras de la psiquis de las mujeres, el gesto de aquel hombre enamorado la enterneció.

Cinco meses después, el policía y la abogada, mandaron todo al diablito y a la pasta y se casaron.

Me consta que son felices y que no dudarían en volver a comer spaghetti con diablitos.