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Arturo Serrano

Simón Bolívar, el personaje imposible

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El 24 de julio se estrenará en el país el film Libertador del realizador venezolano Alberto Arvelo. Lo más probable es que a la película le siga una polémica de algún tipo u otro, pues siempre que alguien osa embarcarse en la tarea de representar al Libertador cinematográficamente inmediatamente aparecen sus defensores a expresar airadas opiniones al respecto. Y es que para los venezolanos Bolívar es asunto delicado que requiere mucha atención. Si bien no existe un solo Bolívar y una sola doctrina bolivariana, el discurso venezolano referente a nuestro Libertador está plagado de quienes quieren defender “al verdadero Bolívar”.

En 1970 Germán Carrera Damas publica su libro El culto a Bolívar en el que desarrolla la hipótesis de que una vez culminado el esfuerzo independentista venezolano vino la gran decepción. Todas las promesas de prosperidad y paz que se suponía seguirían a la Independencia quedaron en el recuerdo y la población se debió enfrentar a difíciles circunstancias que sumían a los venezolanos en una gran desilusión. Es así como surgió la necesidad de una figura que uniera a todos los venezolanos en un fin común y esa figura fue Simón Bolívar. Comienza así el culto al Libertador, el cual “ha constituido, en propiedad de términos, una necesidad histórica... Su función ha sido la de simular un fracaso y retardar un desengaño, y la ha cumplido satisfactoriamente hasta ahora” (p. 42).

Este culto ha convertido a Bolívar en una figura perteneciente a las historias de héroes más cercanos al Olimpo que a Atenas. Antonio Leocadio Guzmán dijo el 28 de octubre de 1841 en un acto en la Universidad de Caracas referente a la expulsión del Libertador de Venezuela que: “…Era Bolívar el jefe de todos los grandes capitanes, el caudillo de todos los valientes, el Libertador de todos los pueblos, el fundador, en fin, de la Patria. ¿Cabría en ella como ciudadano?... ¿Cabía este elemento en el régimen que queríamos y que tenemos?”.

De este texto Carrera Damas extrae la categoría del ciudadano imposible. “El padre, autor y protector de los pueblos se vio convertido en una inmensa carga” (p. 106). Usando una metáfora de la física podríamos decir que Bolívar se había convertido en alguien demasiado pesado para que nada en este mundo pudiese sostenerlo. La estatura de Bolívar hacía que no pudiese ser ciudadano de la república que había fundado.

Esta concepción tuvo consecuencias incluso en el mundo del cine, y es así como además del ciudadano imposible tenemos al personaje imposible. Tal como afirma Rodolfo Izaguirre en su maravilloso ensayo “La accidentada vida de Simón Bolívar por los laberintos del cine” (y de donde extraemos las citas que a continuación transcribimos), cuando se trata de Bolívar estamos ante una figura “imposible de acceder a las pantallas cinematográficas”.

Como ejemplos podemos mencionar en 1938 el proyecto nunca realizado de la Warner Brothers con el concurso de Diógenes Escalante y que inmediatamente despertó recelo en el presidente López Contreras, quien afirmó que no se debía: “Descuidar la atención sobre el laudable propósito de que la obra traduzca justamente el nombre y prestigio de uno de los más grandes hombres que ha dado la humanidad… De otro modo, sería dar margen a que se obtengan éxitos a costa de las glorias patrias”.

Por su parte, Julio Ramos, quien si bien apoyaba el proyecto, consideraba que era necesario hacer algunas advertencias: “Eso sí, ¡cuidado! ¡Mucho cuidado con convertirnos a Bolívar, por deliberada intención propagandística, en un mediecito lucio o falsificado a causa de torpe manoseo!”.

El crítico de cine Luis Álvarez Marcano también colaboró en la discusión al hacer tal vez una de las afirmaciones más claras acerca de la persona del Libertador como “personaje imposible” al decir que “Bolívar es único, es genial; es que Bolívar es incomparable y hay vidas como la de Cristo que no soportan la indiscreción de la cámara cinematográfica; vidas que resisten enérgicamente su traslado al mundo del cine como si se tratara de una defensa inconsciente de su propia esencia evitando así que se pueda obtener un resultado contradictorio o distinto al buscado”.

Los tiempos han cambiado y, tal como lo muestra la película de Luis Alberto Lamata Bolívar, el hombre de las dificultades, Bolívar ha dejado de ser ese personaje irrepresentable. Lo sagrado ha dejado su altar para pasar a convertirse en algo secular que nos acompaña en las calles, por lo que podemos sentirlo cercano. Algunos se escandalizan de esto e intentan subir a ese altar a otras personas que junto a Bolívar deben velar por nosotros. Prefiero pensar que lo que hubiese enorgullecido al Libertador es un país de mayores de edad que puedan pensar por sí mismos sin necesidad de figuras sagradas, sino de humanos a quien recordar y de quienes nos podamos sentir orgullosos. Un país donde nos atrevamos a pensar sobre él sin creer que tenemos una deuda pendiente, sino un vínculo que nos une.