• Caracas (Venezuela)

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Valentín Arenas Amigó

Silencio elocuente

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Los dos jóvenes detenidos por la DEA en Haití, quienes le llevaban un regalo muy especial al Imperio, se mantuvieron durante mucho tiempo en el más completo silencio por las autoridades venezolanas. El regalo que se intentó introducir en el Imperio por estos jóvenes venezolanos con pasaporte diplomático no llegó a su destino pero quienes lo llevaban enfrentan ahora una situación muy difícil y lamentable porque perder la libertad a esa edad es bien grave. El largo silencio del régimen fue tan elocuente como romperlo tardíamente.

A Chávez lo resucitaron. Parecía imposible pero la voz de las encuestas es tan poderosa como milagrosa porque resucitó a Hugo, quien ahora aparece personalmente en la TV haciendo campaña política para ayudar a Maduro y al PSUV a ganar las elecciones perdidas del 6 de diciembre, según una misiva secreta enviada por Tibisay, directamente, desde la Secretaría Electoral del Poder Ejecutivo que llaman CNE. Chávez aparecía antes en la televisión acompañando a Maduro para ayudarlo con su sombra pero no fue suficiente. Ahora asume personalmente el liderazgo en la pantalla y Maduro lo escucha. Todo está permitido hacer en revolución, hasta resucitar a un líder para que él haga propaganda por la televisión. Esto solo sucede en revolución. Fidel está ahora más tranquilo porque podrá resucitar políticamente como su discípulo quien hasta el 6 de diciembre estará en campaña. ¿Y Maduro? Bien gracias. Vive colgado de Hugo.

José Vicente Rangel, traicionado por el subconsciente, dijo en su  programa dominical que “la única garantía de paz es el respeto al resultado electoral” cuando lo que quiso expresar fue que “la única  garantía de paz es el respeto a la voluntad del pueblo como soberano que es”. Fue un pequeño error. El inconsciente lo traicionó.

Líder verdadero es aquel que asume la gestión política en su país para trabajar sin descanso y lograr el bien común para todos los ciudadanos. Está al servicio de su país. Líder falso es quien busca el liderazgo para satisfacer su patología paranoica que coloca la sociedad toda, la patria, a su servicio personal y así satisface su egolatría. El líder verdadero es un servidor de la patria en tanto el líder falso la pone a su servicio. El segundo practica la egolatría. No busca el bienestar colectivo. Algunos ejemplos: Hitler, Mussolini, Stalin, Napoleón, Fidel y Hugo. El juicio de la historia sobre ellos es negativo.


Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB.

Correo: alenri@gmail.com