• Caracas (Venezuela)

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Henrique Salas Römer

Silencio en Miraflores

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A veces es mejor callar.

Tengo reservas importantes sobre la pertinencia del diálogo en el marco de la realidad en que vive el país. Dudas que nacen, no de un rechazo a toda forma de avenimiento entre partes contendientes, sino del estado de crispación y guerra, sí, literalmente guerra, por el que atraviesa Venezuela, y de la ausencia de representación alguna de quienes se han declarado pacíficamente en rebelión.

Dicho esto, coincido plenamente con quienes destacan la calidad de las intervenciones de quienes concurrieron por la unidad opositora.

El coordinador de la Mesa de la Unidad y media docena de jefes de partido fijaron posiciones que comparto… y, aunque al final, el sueño producido por la larguísima jornada me venció, puedo dar fe – por haberlos escuchado con atención- de la calidad de las intervenciones de Ramón Guillermo Aveledo, Andrés Velásquez, Roberto Enríquez, Henry Ramos Allup y Omar Barboza.

Por contraste, y conste que intento ser objetivo, las intervenciones de la parte contraria fueron, siendo piadoso, enlatados cargados de frases manidas y lugares comunes. Si Aristóbulo Istúriz, ayer un certero parlamentario, mostró una alarmante merma de imaginación y sindéresis, ¿que esperar de los demás?

Pero ¿acaso no era a un diálogo al que se nos invitaba? Pues allí de diálogo no hubo nada. El régimen -no todo puede achacársele a Maduro- asistió decidido a ni una sola rendija entreabrir.

El “debate” que relato, debió poner al descubierto ante los observadores de otros países -los hermosos ojos de María Ángela Holguín eran un poema- la incalculable gravedad del enfrentamiento que existe entre las dos mitades del pueblo venezolano, cuyas cabezas formales se dieron cita en Miraflores, no por deseos propios, sino porque los grandes ausentes, esos que en las calles han venido librando una desigual batalla, obligaron a Maduro a hacer un intento por aparentar que no es el dictador que parece ser.

Debo confesar que otra importante preocupación gravitaba en mi mente cuando observaba el “diálogo”. Había leído la entrevista que le hiciera Macky Arenas al historiador Carrera Damas. Allí, el prestigioso académico y afable diplomático, dejaba caer frases que no debo omitir: “No conozco una democracia, dijo, que haya sido establecida democráticamente. Tampoco conozco una democracia que haya sido restablecida democráticamente.”

Por Twitter hice esa noche varios comentarios. Algunos de reconocimiento a los expositores, otros sobre las insalvables dudas que aquí abordo, reservándome los terceros para subrayar la significación de nuestra ausencia.

Pensamos que era mejor callar. A veces el silencio habla.

@h_salasromer