• Caracas (Venezuela)

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Manuel Felipe Sierra

Sesión de trabajo

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La polarización y el desencuentro político han llegado a tal extremo en el país que una sesión de trabajo o un encuentro administrativo se interpreta como el inicio de un diálogo de mayor alcance. La reunión de Nicolás Maduro con gobernadores y alcaldes oficialistas y opositores para definir un plan de emergencia frente al rebrote delictivo a propósito del asesinato de la actriz Mónica Spear y su esposo es un paso importante, sin duda, para avanzar en la creación de un clima mínimo de convivencia. La presencia en ella del gobernador de Miranda y ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonski le agregó una mayor relevancia si se toma en cuenta que este no había asistido a una reunión previa similar y que ha venido sosteniendo con firmeza la “ilegitimidad” del mandatario.

Sin embargo, se trató de una reunión rutinaria en el marco de una sana gobernabilidad que va más allá de las militancias partidistas. Es lógico que el jefe del Estado coordine acciones y programas concretos de común acuerdo con los gobernadores y alcaldes, en procura de resultados satisfactorios para estas políticas. Así fue durante los gobiernos anteriores a la llegada del proyecto chavista, cuando existían instancias como la Asociación de Gobernadores y Alcaldes, en la cual compartían responsabilidades representantes de todas las tendencias políticas.

El simple hecho de que se pueda retornar a ello y que, además, el reciente encuentro haya sido propiciado por Maduro (después de 15 años de enfrentamientos y tensiones) ya es un dato positivo y, más aún, que se trate de coordinar acciones ante un problema de la magnitud que ha cobrado la inseguridad. Pero el llamado y esperado diálogo debería partir de los actores políticos, partidos y referencias de la sociedad civil, sobre la base de objetivos claros vinculados con los grandes temas nacionales.

Junto al problema de la delincuencia, el cual ciertamente obedece a varias causas sociales pero cuyo combate es responsabilidad del Estado y también en buena medida de la sociedad, las circunstancias obligan en lo inmediato a dar respuestas a una difícil coyuntura económica. Como se sabe, el gobierno está emplazado a tomar decisiones en los próximos días sobre el tipo de cambio, el aumento del precio de la gasolina y, seguramente, en la fijación de algunos impuestos. Esas medidas no bastarían para abordar el asunto de fondo, que no es otro que elevar la producción nacional y retornar a un clima de confianza para las inversiones nacionales y extranjeras. Ello solo será posible mediante un compromiso que involucre a empresarios, trabajadores y a diversos sectores cuyo aporte resulta indispensable. En este sentido, la reciente reunión en Miraflores es solo una señal de que se puede avanzar en coincidencias que respeten posiciones políticas e ideológicas encontradas.